FICHA TÉCNICA



Título obra El balcón

Autoría Jean Genet

Dirección Lech Hellwig Gorzinsky

Elenco Rafael Arellano Noriega, Margarita Mandoki, María Eugenia Ríos, María Soledad Cervantes, Héctor Fuentes

Escenografía José Cuervo

Grupos y compañías Compañía Shakespeare

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Jean Genet y su El balcón” en El Día, 5 noviembre 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Jean Genet y su El Balcón

Malkah Rabell

Nunca he podido soportar a Jean Genet. ¿Por qué? Es bastante dificil de explicar. Ni siquiera me lo puedo explicar a mí misma. A menudo he pensado que Genet no es un caso de literatura, sino de psicoanálisis. Y si Sartre –a quien sí he admirado desde la aparición de su nombre fuera de las fronteras de su país, después de la Segunda Guerra Mundial–, pues si Sartre lo ha elegido para un libro de más de 500 páginas: San Genet, y si lo llamó "actor y mártir" fue más bien por su pasión de psicólogo colectivo, que no logra escapar al interés por semejante caso. Y realmente, Genet como ser humano que fue primero conocido como delincuente y después como escritor, es un caso muy apasionante. "Actor y mártir, porque apariencia y verdad, juego y trascendencia establecen en la vida y en la obra de Jean Genet una relación insólita", según afirma en la introducción (sin firma) a su libro: Los Biombos y Los Negros, la editorial Losada... Lo que no deja de ser cierto no sólo en lo que a Genet se refiere, sino al genial escritor que dividió la vida humana en "Gestos y Actos", que fue Sartre, tan consciente de sus propias actitudes, y que pudo estudiarlas libremente en Genet.

Más, aquí no es a Genet, y menos a Sartre, que hemos de analizar, sino su obra, su pieza: El balcón. La primera vez que vi en escena a El balcón fue hace unos años (no recuerdo cuántos), en la Casa del Lago, bajo la dirección de Salvador Garcini. Una dirección estupenda, que nos dio la posibilidad de conocer por primera vez a este joven artista como director de escena. Actualmente volvemos a ver la misma obra bajo la dirección de Lech Hellwig Gorzinski, hace poco llegado de Polonia, pero quien, con esta facilidad por los idiomas que caracteriza a sus compatriotas, domina ya el español. La obra se presenta en el Foro Shakespeare, más, en el presente caso con la Compañía Shakespeare que no sé muy bien si se considera profesional o de amateurs. De todos modos, la única actriz conocida en este grupo, seguramente invitada especial es María Eugenia Ríos, actriz excelente en los más heterogéneos papeles.

Obra muy difícil, El balcón, no tanto por las ideas como por su estructura de vanguardia de hace 20 años, cuando fueron publicadas, en 1964, sus primeras obras en español por la editorial Losada de Buenos Aires: El balcón, Severa vigilancia, Las criadas, Los biombos y Los negros. Casi todas ellas estrenadas ya en México.

En El balcón, que fue presentado hace unos días, el autor nos introduce en la intimidad de un prostíbulo, donde los "clientes" acuden para vestir la ropa de sus sueños más íntimos, y así imaginarse que viven la personalidad que hubiesen querido ser: un obispo, un juez, un mendigo, un general. Adherido a esos personajes falsos va el masoquismo y el sadismo, que ejecutan las "pensionistas" de la "Casa". En tanto uno de los "funcionarios" del prostíbulo se viste de verdugo. En torno a ese hogar del vicio ruge la revolución, que ya cobró sus víctimas en la persona de la reina y de toda clase de personajes oficiales. El jefe de la policía que conoce la fama de la "Casa" de su amiga Irma, decide presentar a los disfrazados ante el pueblo amotinado como si fueran los reales personajes del reino que han sobrevivido a la catástrofe. Y Genet trata de demostrar que el hábito SI hace al monje.

Jean Genet deja sobrevolar su imaginación, sin preocuparse mayormente si tiene lógica o no. Y Lech Hellwig Gorzinski permanece muy fiel a los consejos del autor. Genet aconseja a los actores tener la cara cubierta de máscaras, o estar muy maquillados, con narices postizas y pelucas rizadas. Gorzinski siguió la segunda forma. Lo que no deja de ser muy desagradable. En cambio no siguió i el segundo consejo del autor en cuanto a trajes se refiere, que según Genet deben ser muy realistas. El director los llenó de encajes y lentejuelas y otras fantasías de color. Hasta engalanó a ciertos protagonistas con zancos, como al Juez y al Obispo, Todo ello dio un aire de payasada a la representación.

Tampoco los actores, en su mayoría ni muy maduros ni muy conocedores del oficio, lograron convencer al público. Sobre todo Rafael Arellano Noriega, más bien aburría en su papel de Obispo con sus parlamentos excesivamente largos, y que podrían con toda justicia ser recortados a la mitad. Otra falla de la dirección fue la de haber puesto a una mujer en el papel de Juez. Margarita Mandoki nada tiene de másculino para tal cambio de sexo. En cambio tiene unos hermosos ojos que hubiesen sido mucho mejor aprovechados en la figura de algunas de las prostitutas, que ofrecen el rasgo original de sentirse rnu y orgullosas de su profesión. La única convincente fue María Eugenia Ríos en el papel de la dueña, Irma, que ni se pintarrajeó la cara ni se puso vestidura extravagante. Y también la joven actriz María Soledad Cervantes, en no sé cuántos papeles que pudieron ser reunidos en uno solo: la prostituta X, fue agradable y natural. No entiendo para qué en el reparto que figura en el programa de mano, la citan cada vez en otro personaje. Y lo mismo hacen con otros actores, por ejemplo con Héctor Fuentes, cuando durante toda la representación creemos que es el jefe de policía, resulta al final que es otro: el héroe. Lo que confundía al público, y ya no sabíamos quién era quién.

Tenemos que citar la escenografía de José Cuervo, lo que es una novedad para el Foro Shakespeare que por lo general actúa sin decorados. Tampoco hay que olvidar los espejos, tal vez insuficientes, porque en las obras de Genet son la esencia misma de su expresión dramática.