FICHA TÉCNICA



Grupos y compañías Ballet Teatro del Espacio

Notas de grupos y compañías Gladiola Orozco y Michel Descombey / Directores

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas Presentaciones de las coreografías de Michel Descombey: Conquistas , Escenas de la evolución de la especie, según las teorías de D..., Noche transfigurada

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Ballet Teatro del Espacio: nuevo programa” en El Día, 17 septiembre 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Ballet Teatro del Espacio: nuevo programa

Malkah Rabell

Hubo una vez... ¿Será hace mucho tiempo?... Pues sí, hubo una vez, un grupo de danza con muchos sueños. y mucho amor para su arte, llamado Ballet Independiente. Un día se le reunió un gran coreógrafo francés, Michel Descombey, que abandonó su fama y la seguridad de' su patria, para reiniciar una carrera de innovador en México... Y parecía que a este grupo dancístico le llegó la hora de transformarse en el ballet mexicano más importante del país... Pero algo sucedió –que pueda imaginar, pero no demostrar–, y el grupo se dividió. Las ambiciones humanas son más fuertes que todos los sueños. Y uno de los dos nuevos grupos quedó con el nombre de Ballet Independiente, bajo la dirección de Raúl Flores Canelo, más dedicado a un repertorio dancístico nacional, en tanto el segundo grupo bajo el nombre de Ballet Teatro del Espacio, más bien buscó un camino universal, dirigido por Gladiola Orozco y Michel Descombey. El tiempo en lugar de curar las heridas y volver a reunir a esos dos conjuntos hermanos, fue ahondando las heridas de amor propio, las que mayores odios crean. Y cada uno de ellos siguió su propio camino. ¡Lástima! Michel Descombey no sólo es un gran coreógrafo. Es un artista de mucha visión, que abarca infinitos horizontes. Mas, para los temas mexicanos, para los ballets con argumentos nacionales, como lo es Conquistas, me hubiese gustado ver también el punto de vista de Raúl Flores Canelo.

Este Ballet Teatro del Espacio que se presentó durante varias noches en el Palacio de Bellas Artes, en el lenguaje silencioso de los movimientos corporales, con música bastante repetitiva. de Francois Bayle, parecía dramatizar, sobre todo la figura de Malintzin, que llega a ser la madre de un nuevo pueblo: el actual pueblo mexicano que mezcla las dos sangres, la del Conquistador español, y la del sometido pueblo indio: Figura trágica de esa mujer, la Malinche, que se vio azotada por los los infortunios desde la infancia, víctima de su propio pueblo y del pueblo extraño al cual trató de entregar su vida y su alma, su amor y tal vez, también, su odio. Es una figura tan trágica como Medea. La escena dancística, cuando del vientre de esta mujer –de esta bailarina, Laura Alvear– surge simbólicamente uno y otro, y otro ser humano: un pueblo nuevo es de un tremendo impacto. Y estas escenas de violación y de desprecio a su víctima, a la cual escupen en la cara tanto su propia gente, como los enemigos, va mucho más allá de determinadas fronteras, mucho más allá de un determinado marco nacional. Es la humanidad entera –y es el vestuario, o la falta de vestuario que señala su universidad– que ha recurrido a los mismos crímenes, a la misma violencia, a la misma brutalidad. Las mujeres de los más diversos pueblos han sido violadas y han dado al mundo a hijos mestizos, de sangre mezclada, a nuevos pueblos. ¡Un ballet de belleza desgarradora!

El segundo ballet lleva el largo título de: Escenas de la Evolución de la Especie, según las teorías de D... Ballet que después de la tensión dramática de la danza anterior, alegra mucho al público con su gracia cómica de "coreo-comedia en cinco escenas, un prólogo y un final", siempre de Michel Descombey. Escenas que nos llevan desde los monos hasta los futbolistas; desde épocas prehistóricas hasta la actualidad.

Quizá la danza más original, no tanto por su tácnica como por su idea, fue Noche transfigurada: el hombre, el ser humano puede hasta en las mayores tinieblas de su destino, sentirse libre, transfigurar el mundo carcelario en un mundo de amor y de sueños de libertad. Un campo de concentración donde los prisioneros han perdido el miedo y de repente se sienten libres. Un hombre se ha enamorado de una mujer; una mujer ha entregado su corazón a un hombre, preso como ella, y la noche que los estaba rodeando se transformó en un día de sol. En la amplia literatura sobre la vida concentracionaria que he leído nunca todavía encontré semejante enfrentamiento a la tragedia humana.

Sin embargo, para quienes conocieron la vida de los campos de concentración, este bello sueño se hace muy dificil de concebir –casi imposible–. Pero lo puede concebir el artista. Y quizá a los que sufren –o los que han sufrido– les puede hacer olvidar por un corto instante, el miedo, la tortura y el hambre. Tal vez por un momento el artista puede borrar de sus mentes los harapos que cubrían sus cuerpos, y aquellos alambres de púas electrizados que los rodeaban y los hornos crematorios que los esperaban. Y este fugaz momento sólo un gran creador lo puede transmitir. Michel Descombey lo es. Es un hombre de danza y de teatro completo.