FICHA TÉCNICA



Título obra De dos en fondo... a ninguna parte

Autoría Germán Castillo

Dirección Germán Castillo

Elenco Ernesto Bañuelos, Lilián Lara

Espacios teatrales Foro Contigo América

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. De dos en fondo... a ninguna parte” en El Día, 3 septiembre 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

De dos en fondo... a ninguna parte

Malkah Rabell

En la calle Arizona, número 20, en la colonia Nápoles, la puerta de una casa particular ostenta un nombre: Contigo América. Nombre con el cual se conoce a un grupo de jóvenes actores mexicanos, encabezados por una pareja de estupendos actores uruguayos: Raquel Seoane y Bias Braidot, que han cosechado muchos aplausos con dos espectáculos: Costumbres y Los hombres que no usan smoking. Esos dos espectáculos se llevan a cab –ya uno, ya otro– en una las habitaciones, no excesivamente amplia, de esa "mansión" de la clase media. En el centro de la sala actúan los actores, y en torno de este improvisado escenario, pueden sentarse hasta 60 espectadores, según las butacas. Pero, actualmente el teatrito del grupo Contigo América ofrece su casa a un director mexicano, Germán Castillo, y el invitado –junto con otros dos jóvenes intérpretes, como él, universitario, Ernesto Bañuelos y Lilián Lara–, representan en otra de las habitaciones que él mismo eligió y adaptó a las necesidades de su propia obra: Dos en fondo... A ninguna parte.

Trátase de una obra en un acto, dividida en cuatro episodios, o si se prefiere en cuatro escenas, referentes a tres parejas. La primera y la última se refieren a la misma pareja: Ernesto y Lilián (tal como se llaman los intérpretes en la vida), licenciado en ciencias políticas él, y la licenciada en letras ella. Ya casados en la primera escena, –en cambio en la última yendo hacia atrás como las tortugas—, los protagonistas recuerdan los tiempos cuando aún eran novios y apenas se iniciaba la historia de su amor. El drama o la comedia de este matrimonio empieza a entenderse cuando la obra llega a su final. Lilián y Ernesto se han conocido en los ambientes estudiantiles, y Lilián, hija de familia rica, cree haber encontrado en su compañero el ideal revolucionario y humano que la va a sacar de la mediocridad burguesa. Mas, después del matrimonio, se da cuenta que su cónyuge persigue los mismos intereses y las mismas ambiciones que su propia familia burguesa, de la que trató de huir. Y aunque Ernesto pretende poner sus búsquedas económicas a cuenta de su amor por su mujer, a la que se empeña de dar una vida más fácil de la que tuvo su propia madre proletaria, Lilián no se lo cree (o tal vez no desea creerlo) y decide la ruptura. Aquí surge la interrogante: ¿ésta jovencita mimada y caprichosa, amó alguna vez a su compañero, o sólo fue un deseo sexual, una atracción momentánea sin consecuencias más profundas, una ilusión de revolucionaria de salón?

Los otros dos episodios siguientes, el segundo y el tercero, ponen en escena a los padres de Ernesto, y a dos amigos del mismo personaje, Xóchitl y Otto. El interés de toda la orbita consiste sobre todo en que son los mismos actores que interpretan a los seis protagonistas. Y la posibilidad de crear diversos caracteres enriquece su juego escénico, principalmente cuando Ernesto Bañuelos hace de Otto, y Lilián Lara el papel de la madre.

No obstante, estos cuatro episodios entremezclados y con diversos personajes, resul tan un poco inexplicables. Podemos explicarnos la semejanza de los padres proletarios con su hijo. Pero la de Otto y de Xochitl permanece un misterio. A menos que el autor pretenda decir que entre todas las parejas es la mujer que lleva la batuta de mando. Lo que es más visible entre las muchachas ricas, en tanto en las clases humildes la mujer se somete, (lindo tipo el de esa madre alegre en su trabajo y en sus sacrificios en bien de la familia). Y tal vez el autor-director trata también de insinuar que todos los hombres buscan en la esposa un reflejo de la madre, y en los amigos un reflejo de si mismos.

Pero Germán Castillo, en el programa de mano lo explica de otra manera: "Violentando la lógica realista, los personajes representan a otros personajes (los padres de Ernesto y la pareja amiga) para dar a su circunstancia un marco de referencia que atenue o acreciente su condición de víctima". Y en otra parte del mismo programa de mano, el autor agrega en lo referente a la circunstancia de sus personajes: "Los tres momentos en que se plantea, discute y decide la ruptura, es un hecho ni más dramático, ni más cómico que la generalidad de separaciones que cada vez engrosan las estadísticas."

Y así, esta corta obrita de cuatro episodios, intenta llegar mucho más allá de un simple juego escénico, al reflejar un momento de la conducta social.