FICHA TÉCNICA



Título obra José el Soñador

Autoría Tim Rice

Dirección Julissa y Manuel Gurría

Elenco Claudia Piza, Manuel Landeta, Guillermo Méndez

Coreografía Martin Allen

Música Andrew Loyd Webber

Espacios teatrales Televiteatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. ¿Por qué las 500 representaciones de José el Soñador” en El Día, 27 agosto 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

¿Por qué las 500 representaciones de José el Soñado?

Malkah Rabell

Hoy, 500 funciones en México ya no se consideran como un número excesivo. El Extensionista ya cumplió las mil 900 representaciones. Hace una década las 100 funciones resultaban un fenómeno bastante raro. Pero, en el caso de José el Soñador tal vez las interrogantes son más numerosas: ¿Por qué este éxito arrollador? ¿Por qué esas salas repletas? ¿Por qué una reventa de mil 500 pesos que encuentra compradores? La noche del estreno, hace un año, recuerdo haber oído a gente culta, inteligente, pero ya pasados hace mucho de los 20 años, comentar de que este tema tan conocido de la Biblia resultaba más divertido en ciertas zarzuelas españolas. No se daban cuenta que actualmente semejantes zarzuelas dejarían dormido a un público menor de los 20.

Aquí, en este José el Soñador, en esta ópera-pop de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber –los dos ingleses que han creado la música de Jesucristo Superestrella– el ritmo, la agilidad, el constante movimiento tan endiablado, mantienen el entusiasmo del espectador. La música es preciosa, es música "musical", se nos pega al oído, lo que casi toda la música moderna no hace, aunque los jóvenes la adoran y brincan y bailan como locos a su sonido. La coreografia de Martin Allen es indudablemente bella, con un ritmo que nos deja sin aliento. Y ese grupo de los once hermanos de José que bailan constantemente en diversas modalidades, es estupendo –realmente estupendo–. Si bien el coreógrafo es norteamericano, en cambio los bailarines en el escenario son mexicanos, y podemos sentirnos orgullosos de ellos. Las luces, la escenografía que para nada se preocupa de la época bíblica, ni faraónica –aunque los telones imitan la pintura bizantina–, por igual que los trajes mezclan lo moderno con lo histórico o costumbrista, y visten a los hermanos de José, a veces de vaqueros y otras veces de pintores de la bohemia francesa; todo ello no resulta una falla para un público en su mayoría juvenil, sino todo lo contrario: los divierte, además no se dan cuenta de las fantasías históricas. Tampoco se explican, ni tratan de explicarse, por qué la narradora, Claudia Piza –de muy linda voz– lleva pantalones de cosaco (muy de moda, pero muy poco sentadores). En cuanto al nuevo José, interpretado por Manuel Landeta, canta y baila mejor que el anterior intérprete, Guillermo Méndez, además es mucho más masculino y con mayor presencia escénica.

Así que entiendo muy bien por qué ese juvenil auditorio acostumbrado a la televisión y a las películas de los extraños planetas se entusiasma tanto con el espectáculo dirigido por Julissa y Manuel Gurría, y hasta disculpo sus exageraciones caricaturescas que a veces chocaban, como ese faraón reproducción de Elvis Presley. Lo que me molestaba en cambio, eran esas primeras filas llenas de niños y adolescentes que se dedicaban a gritar histéricamente por cualquier razón o por ninguna razón, y desde el primer instante recordaban el griterío del público que asiste a los espectáculos de Siempre en Domingo. Al final, cuando el director del programa televisivo, Raúl Velasco, salió a descubrir la placa de las 500 representaciones de José el Soñador, comprendí de dónde venía la semejanza, y también comprendí que esos niñitos de las primeras filas eran originarios del famoso programa dominguero. Sería muy saludable que se empezara a combatir esa histeria infantil y adolescente que lo único que produce son las enfermedades auditivas de nuestra época.

Cuando al terminar el espectáculo, Julissa salió al foro para agradecer al auditorio y pronunció un discurso en el cual aseguró que ese público juvenil que el Televiteatro logró tener, se va a acostumbrar a los espectáculos teatrales y después de José el Soñador buscará y visitará otra clase de representaciones teatrales: costumbristas, clásicas, modernistas, comedias y dramas, creo, que nada de ello sucederá. Después de José el Soñador –que también a mí me agradó y divirtió–, la juvenil asistencia lo único que buscará y soportará serán las "Discotecas".