FICHA TÉCNICA



Título obra El teléfono

Autoría Gian Carlo Menotti

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Elizabeth Larios, Charles Lucas, Mauricio Herrera

Notas de elenco Andrés Araiz y Luis Rivera / piano

Escenografía Pedro Friedeberg

Eventos V Aniversario de la Casa del Lago con dos óperas

Notas Resumen de cinco años de actividad en la Casa del Lago

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Cinco años en la Casa del Lago”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 febrero 1966, pp. 3 y 4.




Título obra Emilio y Emilia

Autoría Ernst Toch

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Elizabeth Larios, Charles Lucas, Mauricio Herrera

Notas de elenco Andrés Araiz y Luis Rivera / piano

Escenografía Pedro Friedeberg

Eventos V Aniversario de la Casa del Lago con dos óperas

Notas Resumen de cinco años de actividad en la Casa del Lago

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Cinco años en la Casa del Lago”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 27 febrero 1966, pp. 3 y 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

imagen facsimilar 2

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Cinco años en la Casa del Lago

Mara Reyes

Con la puesta en escena de dos óperas de cámara, la Casa del Lago celebra cinco años más de vida, de 1961 a 1965. Etapa posterior a los años en que Juan José Arreola ocupó el cargo de director de ese centro cultural primero, a manos de Tomás Segovia (1961 y 1962) y después, a las de Juan Vicente Melo, que es el coordinador desde 1963 hasta la fecha, de todas las actividades de la Casa del Lago.

La labor realizada en este lapso dentro del teatro, como dentro de otros aspectos del arte, importa especialmente por su trascendencia en todos los ámbitos de nuestra cultura. La Casa del Lago ha ofrecido a los valores jóvenes de la escena un lugar que, abonado ininterrumpidamente, escampo propicio para que los artistas puedan desenvolverse, experimentar y madurar y ha creado un público ávido de participar en el movimiento cultural “vivo” del país, lo que finalmente, es el diagrama perfecto, ya que todo arte que no cuenta con el apoyo de un público interesado degenera o desaparece.

Entre estos valores que han tenido posibilidad de expresarse, dentro de la escena, están José Luis Ibáñez, Juan José Gurrola, Héctor Mendoza, José Estrada, Carlos Fernández, Beatriz Sheridan, Sergio Jiménez, Roberto Dumont, Marta Verduzco, Carlos Jordán, Luz del Amo, Enrique Rocha, Mercedes Pascual, Claudia Millán, Felio Eliel, Claudio Obregón, Teresa Selma y muchos otros que sería prolijo enumerar. Y si hablo antes de los intérpretes que de los autores (considerando a los directores también como intérpretes, y en general a los intérpretes, también como creadores), es porque sin ellos el teatro –lo mismo que la música–, es papel, es museo, susceptible de análisis crítico, pero no de goce estético. Para que un movimiento teatral –o musical–, juegue un papel dentro de su tiempo, tiene que realizarse en “vivo”, no basta que los dramaturgos escriban y los compositores compongan, es preciso que se hagan ver y oír las obras y es en el intérprete en quien recae, en primera instancia, la responsabilidad de su éxito o de su fracaso.

No son muchos los dramaturgos mexicanos de los que se ha ocupado la Casa del Lago: De Juan Ruiz de Alarcón se leyó La culpa busca la pena y el agravio la venganza; de Tomás Segovia, se leyó Zamora bajo los astros y de Octavio Paz, La hija de Rapaccini. De Alfonso Reyes se presentó su opereta Landrú; de Juan García Ponce, su farsa Doce y una, trece y... nada más. Lo que indica que este movimiento ha partido más de los intérpretes que de los escritores, buscando más como se “hace” el teatro, que como se “escribe”. En cambio a los poetas sí se les dio un lugar relevante. En los recitales de poesía, que fueron muy numerosos, figuraron la mayoría de nuestros mejores poetas, desde Sor Juana, hasta Sabines, pasando por Urbina, Díaz Mirón, Othón, López Velarde, González Martínez, Pellicer, Reyes, Paz, Gorostiza, Castellanos, Chumacero y muchos otros.

El teatro universal fue generosamente difundido en la Casa del Lago, primero en forma de lecturas: (1961 y 1962) Don Juan en el infierno, de Bernard Shaw; Bajo el bosque blanco, de Dylan Thomas; se hizo también una lectura de Cartas seleccionadas por Max Aub, con Ofelia Guillmain como intérprete, bajo la dirección de José Luis Ibáñez. (Cartas que actualmente Adriana Roel representa bajo el nombre de Plutarco 66, en el Club de Periodistas). Después, (1963 a 1965), las funciones fueron llevadas a la escena “integralmente”, o sea ya no en forma de lecturas, sino como teatro representado: Wozzeck de Georg Büchner (Director: Héctor Mendoza); La moza de cántaro, de Lope de Vega (Dir. José Luis Ibáñez); La cantante calva, de Ionesco (Dir. Juan José Gurrola); La buena mujer de Sezuan, de Bertolt Brecht (Dir. Héctor Mendoza); Leoncio y Lena, de G. Büchner (Dir. Carlos Fernández); Esperando a Godot, de Samuel Becket (Dir. José Estrada); Rómulo Magno, de Friedrich Dürrenmatt (Dir. José Estrada) y dentro del ciclo “Poetas de nuestro tiempo”: Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Trabajar cansa, de Cesare Pavese (Dir. Héctor Ortiz); Asesinato en la catedral, de T. S. Eliot (Dir. José Luis Ibáñez) y Diálogo entre el amor y un viejo, de Rodrigo Cota (Dir. José Luis Ibáñez), además de dos espectáculos [p. 4] sui géneris: Jazz palabra, con textos de poetas de México y del mundo, seleccionados por Juan Vicente Melo y Carlos Monsiváis y Dos más ocho en pop, ambos dirigidos por Juan José Gurrola.

Este es el resumen de cinco años de labor, sólo dentro del teatro, a la que hay que sumar los innumerables conciertos, entre los que se consignan muchos más estrenos mundiales de obras mexicanas que los habidos en lo que a teatro se refiere. Y en cuanto a las obras musicales estrenadas por primera vez en México, la cifra asciende a cuarenta y seis, lo que es muy considerable, ya que una difusión de la música contemporánea, en esta magnitud, permite que se conozca en nuestra capital lo que se hace actualmente en otros países.

Los ciclos de conferencias y mesas redondas en la Casa del Lago abarcan todos los temas, entre ellos, 1961: “Cuadro social y político de nuestro tiempo”; “Las grandes ideas de nuestro tiempo”; “La ciencia de nuestro tiempo”, (Total 30 conferencias), 1962; “Clásicos del siglo XX” (Total: 38 conferencias); 1963: “Los grandes personajes de la literatura mundial” (30 conferencias). “La aventura del cerebro” (5 conferencias). 1964: “Los grandes temas de la literatura del siglo XX”, con un total de 29 conferencias.

Exposiciones pictóricas, escultóricas, proyección de películas, cursos de introducción a diferentes materias y muchas otras actividades tuvieron cabida en la Casa del Lago que hoy (con la escenificación de las óperas Emilio y Emilia, de Ernst Toch y El teléfono, de Gian Carlo Menotti, dirigidas por Juan José Gurrola con imaginación y buen gusto, dentro de la fantasía geométrica del escenógrafo Pedro Friedeberg y con una magnífica interpretación de Elizabeth Larios, Charles Lucas y Mauricio Herrera, acompañados al piano por Andrés Araiz y Luis Rivera),celebra el cumplimiento de estos cinco años de una labor digna de admiración.