FICHA TÉCNICA



Título obra Sonata de otoño

Autoría Ingmar Bergman

Dirección Salvador Garcini

Elenco Alma Muriel, Adriana Roel, José González, Márquez, Ariane Pellicer

Escenografía Humberto Figueroa

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Sonata de otoño Ingmar Bergman en el teatro” en El Día, 23 julio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Sonata de otoño,Ingmar Bergman en el teatro

Malkah Rabell

Obra de Ingmar Bergman, este director que nació del teatro y a menudo se manifestaba hombre de teatro en sus creaciones cinematográficas, también en esta Sonata de otoño vuelve a sus orígenes teatrales. Drama donde enfrenta el eterno problema descubierto por Freud, del amor-odio entre la madre y los hijos, y sobre todo las hijas. En el presente caso ese "amor-odio" toma más amplias resonancias y más hondas raíces, por tratarle de una madre concertista de gran personalidad, con todo el egoísmo, el egocentrismo, la egolatría, propios de los artistas, En realidad el tema de Sonata de otoño no es especialmente original. Es hasta bastante trillado. Desde que Freud puso al desnudo las cuestiones entre madre e hijos, estos argumentos se han ido multiplicando tante en las obras de ficción como en los estudios psicológicos. Basta leer Infancia es destino de Santiago Ramírez o Segundo sexo, de Simone de Beauvoir, para encontrarse con una multitud de madres (que antaño se llamaban madrastras), sobre todo absorbentes por exagerar su amor y su sobreprotección. Quizá sea ésta la diferencia entre Sonata de otoño y las obras del mismo tenor psicológico: Carlota, la gran pianista, en lugar de externar un amor maternal excesivo, es más bien fría, ocupada constantemente de sí misma; que trata de escapar a sus deberes y a sus amores maternos. La trágica escena del segundo acto entre madre e hija es "ese enfrentamiento desgarrado que todo ser humano sueña y teme tener con la madre", tal como lo afirma con toda razón Miguel Sabido en la introducción del programa de mano, o como un poco más lejos vuelve a interrogarse: "¿O es el vómito trágico que toda madre evita tener con el hijo?"

Cuando en la película homónima, Ingrid Bergman interpretó el papel de Carlota, ella misma anotó en su autobiografía, de que muchos de sus compañeros de filmación murmuraban que la actriz sueca interpretaba su propio personaje. Ya que también ella abandonó a su hija al cuidado de su padre, sin verla durante una década. Tal como Carlota dejó de ver a su hija Eva durante siete años.

Pero la grandeza de este drama, reside sobre todo en el estilo de la pieza, en sus diálogos de una fuerza dramática inusitada, en el hondo estudio de los caracteres, y en el descubrimiento de secretos anímicos poco frecuentes en las relaciones madre-hija. Bajo la estupenda dirección del joven director, Salvador Garcini, quien, creo, puede ser considerado como uno de nuestras mejores metteur-en-scene, o tal vez el mejor, las sendas intérpretes de madre e hija, Adriana Roel y Alma Muriel, hacen un admirable mano a mano. Actúan con una gama de matices distintos de minuto en minuto, y de acto en acto. Alma Muriel, la hija parece perdida en un mundo de ensueño del cual sólo surge para gritar su dolor de antigua niña abandonada y rechazada en su necesidad de ternura materna; de mujer ya adulta que reconoce bajo la máscara amorosa de su madre todas las mentiras e hipocresias, "Piensas siempre lo contrario de lo que demuestras", le grita a su progenitora, y algunas veces exagera sus acusaciones.

Y Adriana Roel, interpreta un papel dentro de otro papel, con todas las sobreactuaciones que una gran actriz tiene en la vida. La multipremiada artista está soberbia en el papel de Carlota, y probablemente volverá a ser premiada.

La obra sólo contiene cuatro personajes: las dos mujeres anteriormente citadas, Carlota y Eva, y una segunda hija, Helene, una muchacha anormal, postrada en una silla de ruedas, que hace la desesperación y sobre todo la vergüenza de su madre, en tanto su hermana Eva la saca de un instituto para enfermos incurables y se ocupa personalmente de ella. Lo que desde: luego es como un golpe muy visible al egoísmo de la madre, como tanto mucho reproche. En el, papel de Helena, una muy joven actriz, Ariane Pellicer, hace creación desgarradora. Y en el único papel masculino, de Víctor, el marido de Eva, José González Márquez resulta muy simpático y muy correcta.

El director, Salvador Garcini, creó una atmósfera alucinante, con estupenda actuación de los cuatro actores, y una muy funcional escenografía debida a Humberto Figueroa, que en el circular foro de El Granero separa el escenario del público por una especie de cuarta pared, que nunca molesta.