FICHA TÉCNICA



Título obra El maravilloso traje de helado de crema

Notas de Título El maravilloso traje color de nuez de coco / título original

Autoría Ray Bradbury

Dirección Eduardo Ruiz Saviñon

Elenco Actores del Centro Universitario de Teatro

Coreografía Lidia Romero

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Eventos Primera Muestra de Teatro Independiente

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El maravilloso traje de helado de crema, de Ray Bradbury” en El Día, 4 julio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El maravilloso traje de helado de crema de Ray Bradbury

Malkah Rabell

Ray Bradbury sin ciencia ficción y sin misterios marcianos, deja de ser Bradbury. Es lo que sucede con El maravilloso traje color de nuez de coco, título original de una de las tres primeras obras teatrales escritas por el escritor norteamericano para el Teatro Pandemonium, y que actualmente se presenta en el Foro Shakespeare –durante su temporada de Teatro Independiente–, bajo el nombre de El maravilloso traje de helado de crema. La obra es floja, y la dirección de Eduardo Ruiz Saviñón no la puede salvar, pese a todos los nuevos elementos que le ha introducido.

De las tres piezas bradburianas que fueron reunidas para su publicación bajo el título colectivo de Teatro de Mañana... Y Después, el director ha elegido El maravilloso traje porque es la única que tiene protagonistas mexicanos. Ruiz Saviñón los ha colocado en la época de la inmediata preguerra, época de la gran crisis económica del mundo capitalista. Tiempo cuando estaban de moda los pachucos, modelo del "maravilloso traje". El propio Bradbury describe la influencia de los mexicanos en su obra como a la cercanía que tuvo con la población mexicana en Los Angeles desde su infancia; "En la escuela –escribe el autor de "Crónicas marcianas– mi mejor amigo se llamaba Eddie Barrera. A los veinte años, en Los Ángeles, vivía yo en los alrededores de una casa "amueblada" donde habitaban mexicanos... Su pobreza era igual a la mía... Sabía yo lo que significaba un traje a sus ojos. He visto corno se prestaban Mutuamente sus trajes, igual que lo hacía yo con mi padre y mis hermanos. Recuerdo haber recibido mi diploma del final de mis estudios, vestido con el traje viejo de uno de mis tíos a quien mató un ganster. Sobre el pecho y en la espalda se veían todavía los agujeros de los balazos...".

He aquí el génesis de la obra. Y su génesis es tal vez más interesante que la obra misma.

El director, Eduardo Ruiz Saviñón, introdujo ciertos cambios en el original. De los seis amigos mexicanos, reunen entre todos los 60 dólares para comprar un sólo traje, que irá cambiando de dueño cada media hora, un maravilloso traje colectivo color nuez de coco, uno, Vamenos, fue cambiado por un joven mulato. Y el director no tuvo reparo, ni miedo, en señalar que en este inmenso país, los Estados Unidos, donde tantas razas y naciones se entrecruzan, hasta los mexicanos se vuelven racistas. Cada víctima busca a su vez otra víctima más débil y con menos defensa.

Toda la puesta en escena tiene un ritmo de coreografía. Durante todo el espectáculo los protagonistas no dejan de moverse con cierta plasticidad, y también con ciertas insinuaciones sexuales, que a menudo se transforman en agitación excesiva que no deja de cansar tanto al actor como al espectador. Estos movimientos escénicos se deben a Lidia Romero, y no sé para que trata en determinadas escenas de insinuar el homosexualismo o el lesbianismo de algunos personajes, lo que no es la idea del autor. Lo más alegre de la representación es quizá la selección de la música, que se tocaba y cantaba en una época cuando estaba de moda el Cha-cha-cha.

La mayoría de estos jóvenes actores, según parece, pertenecen al CUT (Centro Universitario de Teatro). Todos ellos saben bailar, y las danzas son sugestivas, tanto de las figuras femeninas, como de las masculinas. Pero los intérpretes no tienen igual facilidad para la dicción, y su manera de hablar resulta a menudo incomprensible, sobre todo cuando mezclan el español con el inglés. El director y sus jóvenes actores han logrado crear un ambiente, una atmósfera apropiada, de una sola unidad. Más, todo ello no puede salvar la representación de cierta monotonía, y hasta de cierto aburrimiento. La obra, una de las poquísimas piezas que ha escrito Bradbury, que nunca fue hombre de teatro aunque lo amaba apasionadamente, es floja, débil de estructura. El mismo Bradbury narra que en Nueva York El traje maravilloso fue un rotundo fracaso de público y de crítica, aunque gustó mucho en Los Ángeles. Probablemente por la presencia de un auditorio de origen hispano. En cambio lo que tuvo un gran éxito en Nueva York fueron las otras dos piezas bradburianas: Destino: el Cráter de Chicago y La llanura, también basadas en cuentos del autor. Su éxito se debía seguramente a la fuerza dramática de sus argumentos. El público que va al teatro busca un argumento, un tema, una historia. Al faltar éstos, el auditorio se decepciona. Algunas frases poéticas, por más bellas que sean, no pueden salvar ni imponer interés a un espectáculo.