FICHA TÉCNICA



Título obra Trampa para un hombre solo

Autoría Robert Thomas

Dirección Wolf Ruvinski

Elenco Wolf Ruvinski, José Ruvinski, Antonio Medellín, Patricia Martínez Enriqueta Lara, Carlos Magaña

Escenografía David Antón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Trampa para un hombre solo, con Wolf Ruvinski” en El Día, 28 junio 1984, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Trampa para un hombre solo, con Wolf Ruvinski

Malkah Rabell

Hace ya un tiempo prolongado que Wolf Ruvinski no aparece en los escenarios capitalinos. Probablemente gran parte de los espectadores vino en especial para verlo a él, al antiguo protagonista de El tranvía llamado deseo, que tantos aplausos cosechó bajo la dirección de Seki Sano. Pero el público de aquel domingo 24 de junio cuando asistí al espectáculo de Trampa para un hombre solo, estaba formado en su mayoría por jóvenes que a lo mejor ni se acuerdan de aquel Ruvinski el luchador que de repente abandonó la arena deportiva para consagrarse al teatro, donde durante más de una década fue el ídolo sobre todo del público femenino. El actor casi no cambió. Su cabello se tornó cano, pero su silueta y el rostro siguen iguales, tal vez más atrayentes. El mismo presenta el espectáculo. Y uno se pregunta: ¿por qué volvió? Mas, cuando se lee la lista del reparto, y se nota el nombre del actor protagónico, de la figura central de la obra, José Ruvinski, se sospecha que no fue por vanidad retardada, sino por paternidad. ¿Será José Ruvinski el hijo de Wolf?

Obra policíaca, o como dice el programa de mano: obra de suspenso, Trampa para un hombre solo me resultó conocida de inmediato, apenas descorrido el telón, y por lo tanto supe por anticipado que el mayordomo no era el asesino. Hubo una época no muy lejana, cuando el género policial era muy del gusto de un amplio auditorio. Hoy ha perdido un poco de su popularidad. Tal vez porque los tremendos problemas que la vida nos depara no necesitan de la ficción para preocupar y ocupar totalmente nuestra mente. No voy a descubrir los secretos de esa pieza de suspenso para no quitarle interés a los futuros espectadores. Mas, algunos detalles, no muy importantes para el total del contenido y de la esencia del espectáculo, son obligatorios de revelar para penetrar en el drama (¿o comedia dramática?) de Robert Thomas. Pues, trátase de un hombre cuya esposa ha desaparecido, abandonando a un marido desesperado. Vanamente busca el cónyuge su paradero, en sus esfuerzos lo ayuda la ley, y sobre todo el comisario de policía de esa pequeña joya que es la ciudad francesa ubicada entre montañas: Chamonix. A la cual David Antón trató de reflejar en su escenografía.

Como novela policíaca, o detectivesca, la obra de Robert Thomas es realmente muy hábil, con una intriga pocas veces usada. Como construcción teatral es bastante sencilla y no exige grandes despliegues directivos. Con algo de disciplina y de conocimientos del oficio escénico, Wolf Ruvinski impuso orden en los movimientos del foro y dio las principales características a su reparto. Quizá en el papel del marido, José Ruvinski necesitaba un poco más de mano severa y competente para manejarlo. El joven actor aún necesita que le enseñen cómo llorar, y cómo reír, y sobre cómo hablar con naturalidad, sin gritar, y hasta controlar los gritos en una escena de histeria, cuando dominado por el dolor y el miedo pierda el control de sus nervios. No obstante, el joven actor tiene presencia escénica, es bien parecido, tiene voz, habla con claridad, y sabe desenvolverse en el escenario con facilidad. Creo que tiene porvenir en el teatro. Pero, no deja de extrañarme cómo los actores actuales tratan a toda costa de introducir a sus vástagos en la actividad de la farándula, cuando antaño la gente de teatro trataba de mantener a su familia lo más lejos de las candilejas.

En los demás papeles, ese excelente actor Antonio Medellín, no pudo sacarle mucho lucimiento en un papel de cura bastante seco e indiferente. Patricia Martínez y Enriqueta Lara fueron correctas, sobre todo la segunda como una enfermera intrigante. Esas dos figuras femeninas ahondan la trampa para el "hombre solo" frente a un mundo enemigo. El único que tiene posibilidades de lucirse es el vagabundo, alcohólico y pretendido artista pintor, interpretado por Carlos Magaña, que veo por ver primera, quien sin necesidad de sobreactuar logró dar vida a ese papel de carácter.

En cuanto a Wolf Ruvinski en el papel del comisario de policía, el único que confía en la palabra del marido abandonado y atrapado en una trampa, no es fácil ser juez y parte, director e intérprete a la vez. Por fortuna Ruvinskis no ha perdido nada de su recia voz ni de su recia complexión, y no dejó de interesar al público a todo lo largo del drama. Parecía como si nunca hubiese abandonado la profesión, a la cual esperemos que vuelva con mayor frecuencia y con más bríos que nunca.