FICHA TÉCNICA



Título obra La viuda alegre

Notas de Título Die Lustige Witwe / título en el idosma original

Autoría Víktor León y Leo Stein

Dirección Luis Gimeno

Elenco Josefina Flores Botello, Alfonso Orozco

Escenografía David Antón

Coreografía Tulio de la Rosa

Música Franz Lehar

Notas de Música Jesús Medina / director concertador

Espacios teatrales Teatro de la Ciudad

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La viuda alegre desde el segundo piso” en El Día, 20 junio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La viuda alegre desde el segundo piso

Malkah Rabell

Ese domingo 17 de junio, el Teatro de la Ciudad, donde se presentaba la deliciosa opereta de Franz Lehar: La viuda alegre (Die Lustige Witwe), estaba tan repleto que sólo me quedaba subir al segundo piso, donde se oye mal y se ve aún peor. Y por primera vez en mi vida sentí gratitud a la civilización por haber inventado los micrófonos. Los había en el escenario y en la fosa de la orquesta, muy bien disimulados, y nos permitían oír con toda claridad los coros, los solos, los cuartetos, duetos y sobre todo la música en vivo de los cincuenta maestros bajo la batuta del muy joven director Jesús Medina (o de Enrique Barrio). Y hasta los niños se sentían felices ante este novedoso para ellos espectáculo de una orquesta en vivo, y rodeaban el foso durante los entreactos. Y aunque la dicción de los cantantes cuando se dedicaban a los escuetos parlamentos dejaba mucho que desear, me contentaba con la música, alegre, armoniosa, agradable, y a menudo "pegajosa". Trozos musicales que a veces el público oye en la calle, en la radio, o en otros lugares especializados, sin saber que sus orígenes están en La viuda alegre.

En la sala predominaba la presencia de ancianos, y sobre todo de ancianas acompañadas de hijos y de nietos ya crecidos. Abuelos, abuelas que venían en busca de los recuerdos de años mozos. Y a su vez, sus acompañantes de otras generaciones se dejaban arrastrar por las notas de la primera opereta de Lehar, por su mejor opereta escrita en 1905.

No, no se trata de un espectáculo trashumante, puesto para una sola oportunidad, de la peor manera, para rellenar el programa de la semana. ¡No! Se trata de una temporada iniciada el miércoles 13 del presente mes, y con la cual el Departamento del Distrito Federal busca reencontrar, en beneficio de los capitalinos, los orígenes escénicos de ese teatro que antaño se llamaba "Esperanza Iris", y el público solía llamarlo simplemente "Iris", fundado en 1918 para la opereta tan apreciada en aquellos años por el público mayoritario. Hoy bastante olvidada, bastante abandonada ante la victoriosa presencia de la comedia musical. Y nada pudo ser más acertado que iniciar la presente temporada con la mejor obra lírica del gran maestro de la opereta vienesa, el húngaro Franz Lehar: La viuda alegre, conocida en el mundo entero en sus diversas traducciones. Hace unos años, el Teatro de la Nación puso en escena, con actores con actores extranjeros invitados la opereta mucho mejor conocida: El país de la sonrisa, y ésta no tuvo éxito alguno, Hasta pude oír en la sala en aquel estreno la pregunta: ¿Quién es Franz Lehar? En el presente espectáculo, aunque algunos ignoren el nombre del autor, conocen en cambio, hasta los jóvenes, la opereta La viuda alegre que tanto éxito tuvo en su versión cinematográfica con Maurice Chevalier y Jeanette Mac Donaid.

Y para montar La viuda alegre no hubo necesidad de invitar actores extranjeros que no supieran hablar el español, ni un director de escena foráneo. La dirección escénica se debió a Luis Gimeno quien, quizá apurado por la falta de tiempo, no pudo imponer un exceso de disciplina a su reparto, y sobre todo no pudo ponerse a enseñar dicción a intérpretes acostumbrados a cantar, pero no a hablar. Lo que es una grave falla. El cantante tiene aún mayor necesidad de pronunciar con toda claridad que el actor dramático. Se necesita entender el texto de las canciones.

En el papel protagónico femenino, de la viuda millonaria de un país desconocido en el mapa, el Pontenegro, que necesita sus 20 millones para no quedar en la ruina completa, Josefina Flores Botello no sólo tiene una voz preciosa que maneja con especial habilidad cuando canta piano, aunque el público se entusiasma más con sus tonos altos, Josefina Flores Botello posee mucha personalidad y presencia escénica. Además de cantante es actriz. En el papel del conde Danilo Danilovitz, antiguo enamorado de la viuda rica, elegido por su gobierno para casarse con ella, a lo que el conde se niega, pretendiendo no amarla, cuando siente todo lo contrario, Alfonso Orozco tiene la silueta un poco abultada para su personaje, en cambio canta con hermosa voz, es joven y probablemente mejor parecido de cerca que desde el segundo piso.

Y así todos los demás personajes cantan con muy buenas voces; los coros son preciosos; las coreografías de Tulio de la Rosa son atractivas pese a que cuenta con un reducido conjunto. David Antón, que tiene un especial gusto para las escenografías de la Bella Epoque, hizo tres decorados para ser dos actos muy agradables. Y sobre todo el auditorio aplaudió con entusiasmo a la orquesta en vivo, que las comedias musicales suprimen cada vez más para reemplazarlas por cintas grabadas.

En resumen, una opereta montada con mejor gusto y mejores elementos que las que solemos presenciar en algunas raras ocasiones.