FICHA TÉCNICA



Título obra Paloma Encantada

Notas de autoría Federico Steiner / autor del cuento homónimo

Dirección Susana Robles

Elenco Rosa Furman, Luz Ángeles Colin, Héctor Salinas

Escenografía Máximo Tizoc

Coreografía Héctor Salinas

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Cuento mexicano: Paloma encantada” en El Día, 13 junio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Cuento mexicano: Paloma Encantada

Malkah Rabell

Premiado en 1973 por el Instituto Mexicano del Seguro Social, el cuento de Federico Steiner, Paloma Encantada, basado en leyendas de los indios triques que viven aún en nuestro tiempo al noroeste de Oaxaca, se presenta actualmente en el teatro Reforma bajo la dirección de Susana Robles, con Rosa Furman en el papel, o mejor dicho en los dos papeles protagónicos: la india Kukúju, y la reina de un pueblo de mujeres instalado en una imaginaria isla sureña. El cuento se representa como un espectáculo infantil, pero puede muy bien ser gozado por adultos, como sucede mayormente con las leyendas. Tampoco Federico Steiner es un principiante. Ha sido premiado en diversas oportunidades, y tiene un numeroso repertorio en su haber: dramas, comedias y farsas, casi todos para adultos. Pero se inició en el terreno del teatro para niños con El sastrecillo valiente, estrenado en 1969,

Aunque a destiempo, ya que el premio que mereció Paloma Encantada cumplió más de diez años de existencia, la obrita en dos actos sigue siendo fresca y vivaz. La fantasía, lo imaginativo, nunca envejece. La breve historia de Kukúju y de su hijo Tinén, quien a los dieciseis años todavía no se ha casado, lo que en su tribu se considera una edad excesivamente madura para permanecer soltero. Pero Tinén espera el amor, el auténtico amor, Es un soñador y sueña con alguna muchacha, excepcional. Y ésta se le aparece en la selva, bajo la forma de una paloma, que atraviesa los aires con su cuerpo de mujer y su cabeza de ave. Si la sirena de Andersen tiene la parte superior del cuerpo de una mujer, y la parte inferior de un pez, Chaqún –paloma encantada en trique– lo tiene al revés. Mas para descansar en la selva, el maravilloso pájaro se quita su tocado de paloma y se transmuta en una hermosa joven, que conquista de inmediato el corazón del joven trique, que la observa desde su escondrijo entre la arboleda, y decide que ésta, precisamente ésta ha de ser su esposa soñada.

Desde luego, el cuento termina bien, como todos los cuentos: ¡Y se casaron y vivieron felices! Pero antes de arrodillarse ante el altar, pasaron por innumerables aventuras en las cuales los acompañaron los niños de la sala, por lo menos imaginativamente. Eran aventuras en las cuales participaron dioses y guerreros, y elementos de la naturaleza: el dios viento, Nanec; y el guerrero Luna, y el guerrero Sol, Yahuic y Cuhuic. Y las aventuras, el autor las entrelaza con consejos morales, y con indicaciones para niños cómo portarse en la vida. Y cosa rara, los niños permanecían quietecitos, tranquilos, prestando oído y vista a los sucesos en el escenario. Y hasta los adultos aprendieron algo. Algo de la vida y de las costumbres, y también de las creencias triques.

Según parece, la directora Susana Robles es todavía muy joven. Lo que no impide que sin llegar a grandes alturas directrices, supo imponer a todo el reparto, una estricta disciplina y una justa interpretación de sus personajes, en tanto a las escenas mitológicas les dió un ritmo, una plasticidad de danza, coreografía que se debió al muy joven actor y coreógrafo Héctor Salinas, que también interpretó el papel de Tinén, el enamorado galán de dieciseis años. Ambas tareas las realizó con temperamento de artista, siendo un actor con mucho "ángel", y un coreógrafo con imaginación. Las danzas tuvieron una especial belleza que dió mayor brillo a la representación, y su encanto fue subrayado por unos trajes de mucho colorido y buen gusto, debidos al excelente escenógrafo Máximo Tizoc. Aunque la escenografía la redujo a elementos muy sencillos, de acuerdo con lo reducido del escenario, en cambio a las luces y al vestuario, tanto de los danzantes como de todo el conjunto, les impuso mucha originalidad.

En sus dos papeles, el de la madre de Tinén, la india Kukúju, y la reina madre de la Paloma Encantada, Rosa Furman hizo gala de su profesionalismo. Luz Ángeles Colín, como Chagún, llamaba la atención por su simpatía, juventud y encanto. Todos los demás participantes, fueron muy correctos en sus desempeños. Y el espectáculo gustó no sólo a los niños, sino a sus padres.