FICHA TÉCNICA



Título obra Las bestias humanas

Notas de Título Therese Raquin / título en el idioma original

Notas de autoría Émile Zola / autor de Therese Raquin

Dirección Maricela Lara

Elenco Aarón Hernán, Queta Lavat, Óscar Morelli, Roberto Cañedo, Yolanda Ciani

Escenografía Humberto Figueroa

Espacios teatrales Teatro Benito Juárez

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Therese Raquin o Las bestias humanas” en El Día, 11 junio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Therese Raquin o Las bestias humanas

Malkah Rabell

Tenía Émile Zola en aquel 1867, cuando escribió su segunda novela, Therese Raquin, 27 años. Y quizá ninguna obra suya ha sido tantas veces dramatizada, tantas veces llevada al escenario y a la pantalla en diversas versiones, en distintas adaptaciones como ésta. Lo que no deja de ser un enigma. La mayoría de los estudiosos de la obra zoliana están de acuerdo que el talento "vigoroso y brutal" –como lo considera G. Lanson en su Historia de la Literatura Francesa– ofrece todas sus posibilidades de grandeza, de visión romántica, de imaginación alucinante, en las escenas colectivas: huelgas, motines, manifestaciones. El fundador del naturalismo tenía el don de mover masas, multitudes, de pintar todo lo que es confuso y desmesurado: el movimiento en las calles, en los mercados, en las carreras, en las reuniones. Todas las partes de su novela más importantes: Germinal, que expresan el alma colectiva de los mineros del Norte de Francia, son de una grandeza épica. En cambio numerosos críticos están de acuerdo que tiene una incapacidad total de pintar individuos y expresar su psicología.

Y he aquí, que precisamente una novela de sus primeros años, donde recurre a un grupo de caracteres individuales, como Therese Raquin, va y viene de escenario a escenario. ¿Por qué? Tal vez es más fácil de explicar de lo que parece a primera vista. Zola que nació en 1840 y falleció en 1903, tuvo en los años de su vida y después de su muerte, mucha gloria y a la vez mucho desprecio; muchos amigos y admiradores y tal vez aún más enemigos y detractores. En resumen fue un escritor famoso y lo sigue siendo, que puede interesar a muchos públicos heterogéneos. Este escritor tiene, quizá la única obra suya con pocos personajes, con poco reparto, que fácilmente puede adaptarse al escenario. E innumerables compañías, desde hace más de cien años, la van adaptando.

Actualmente, bajo el título de Bestias humanas (título de una adaptación cinematográfica de otra novela zoliana), se presenta Therese Raquin en el nuevo y coqueto teatrito Benito Juárez, bajo la dirección de Maricela Lara. Lo anuncian como melodrama, género que me parece muy bien designado, sin ninguna intención peyorativa. Es una obra desagradable, y no sólo por la inmoralidad de sus protagonistas, ya que la inmoralidad, tanto en la vida como en la dramaturgia actuales es infinitamente y abiertamente mayor. La obra no espanta, sino aburre. Camille, el marido de Therese Raquin, es un personaje tan insoportable, tan desagradable, en sus actitudes edípicas hacia una madre a la que odia precisamente porque se da muy bien cuenta de lo anormal de sus sentimientos, es un personaje que el público quisiera matar y se vuelve partidario de sus futuros asesinos, esperando que lo maten de una vez. Aarón Hernán, quien en el papel del padrastro en Claudia fue considerado excesivamente simpático, simpatía que se debía a la excelencia de su actuación, en Therese Raquin como Camile, es todo lo insoportable que el personaje exige. Y yo misma le deseaba la muerte lo más rápido posible. Por fortuna muere en el primer acto. Pero tuvimos que aguantar a la madre, estúpidamente edípica (Queta Lavat), en los tres actos. Lo que no deja de extrañar, es el estudio –en 1867– muy inteligente y moderno de la psicología de esos dos personajes, que Zola seguramente llamaba fisiología, con su pasión por la ciencia, que él creía capaz de intuir desde el exterior. Eran, desde luego, esos dos caracteres víctimas de la "fatalidad de la carne", que creíamos descubiertas por Freud, pero aunque lo nieguen y se burlen de las pretensiones zolianas sus enemigos –que siempre fueron muy numerosos–, el instinto del escritor para analizar los casos anormales, era mucho más grande de lo que sus adversarios pretendían.

El resto del reparto que no es numeroso, nos presenta a dos actores, Oscar Morelli y Roberto Cañedo, quienes en sus respectivos papeles, de Laurent, el amante, y Michaud, el ex detective, se adaptaron a sus personajes con mucha naturalidad. En cuanto a la primera figura femenina, Yolanda Ciani, ofrece una discreta sensualidad muy apropiada en Therese.

El escenógrafo, Humberto Figueroa, ha logrado aprovechar el muy reducido espacio escénico para múltiples áreas, lo que resultaba muy interesante, pero impedía moverse libremente a los actores.

En cuanto a la dirección creo que Maricela Lara hizo lo que pudo con ese texto cuyas audacias hace mucho han envejecido.