FICHA TÉCNICA



Título obra Andrómaca

Autoría Jean Racine

Notas de autoría Traducción / Guillermo Luna

Dirección José Solé

Elenco Laura Zapata, Carmen Delgado, Arturo Beristáin, Óscar Narváez

Escenografía José Solé

Vestuario José Solé

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Andrómaca de Racine en la Compañía Nacional” en El Día, 6 junio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Andrómac de Racine en la Compañía Nacional

Malkah Rabell

La tragedia raciniana; Andrómaca, fue escrita en 1667, cuando Racine contaba con 28 años. Fue su primera obra teatral, y desde su aparición el poeta conquistó la gloria y el reconocimiento de la Corte de Luis XIV, así como el especial cariño del Rey Sol. Algunos teóricos y estudiosos de la literatura francesa –entre ellos Jean Richard Bloch–, consideraron que desde la muerte de Jean Racine, en 1699, Francia y su teatro no llegaron a tener a un poeta trágico de su magnitud, hasta la aparición de Paul Claudel. La Compañía Nacional de Teatro del 1NBA, que se propone en adelante estrenar cada año, tres obras extranjeras (además de tres nacionales), eligiendo las del mismo país, para la presente temporada escogió a Francia, y es natural que haya empezado con su poeta neoclásico más representativo: Jean Racine.

Los neoclásicos franceses del siglo XVII recurrían en la mayoría de sus creaciones a temas que han usado los grandes trágicos griegos. Racine en esa su primera obra trae a la escena la tragedia de Andrómaca, la viuda del jefe troyano Héctor (el hermano de Paris) muerto a manos de Esquilo. Llevada como prisionera por Pirro, jefe griego e hijo de Esquilo, la desdichada viuda, que ha visto caer en torno a su pueblo y a todos sus seres queridos, sólo ha logrado conservar vivo a su pequeño hijo. Mas, también éste sobreviviente es condenado a muerte por los griegos que temen encontrar en ese niño a un futuro vengador de su padre y de su pueblo. Pero, enamorado de su prisionera, Pirro protege a madre e hijo, y está dispuesto a romper su compromiso matrimonial con la princesa griega, Hermione, para desposar a Andrómaca, que se niega a traicionar la memoria de su marido. Uno de los personajes más desgarradores de esa obra raciniana es Orestes, que vuelve a ser empujado por una mujer a cometer un asesinato.

Bajo la dirección de José Solé, en el papel de Andrómaca, aparece la joven actriz, Laura Zapata, que ya hace unos años empezó su carrera de intérprete dramática con el mismo director, en Ifigenia en Aulide de Eurípides, y obtuvo en el papel de la protagonista un premio de revelación. También como Andrómaca demuestra mucho temperamento trágico, y sus escenas de desesperación conmueven al público con su llanto de una intensa naturalidad. En el papel de Hermione, la noble griega abandonada por Pirro ya casi ante el altar. Carmen Delgado demuestra mucha gracia y presencia escénica, así como una clara dicción. En tanto los dos protagonistas masculinos, Orestes y Pirro, en el papel del primero Arturo Berinstáin hace gala de una gran fuerza dramática, pero tal vez está algo pasado de kilos en esa figura agobiada por la fatalidad, quien enamorado de Hermione, se somete a sus deseos de venganza y mata a Pirro, quedándose con las manos ensangrentadas y con el corazón vacío. A su vez, Pirro, interpretado por el joven actor Óscar Narváez, tiene mucho "ángel", pero es algo rígido. Lo mismo pudimos observar en varios actores en partes secundarias, que permanecían estáticos en las escenas cuando las primeras figuras emitían sus más trágicos lamentos.

Quizá lo que más llamó la atención de la puesta en escena fueron los movimientos colectivos de los séquitos y de los cortesanos. En esta tragedia no hay coros. Los autores neoclásicos franceses los usaban en muy raras circunstancias. Pero, José Solé, en lugar del coro usó todas las escenas colectivas para dar mayor movimiento y mayor plasticidad a la obra. En cuanto a la escenografía y al vestuario, igualmente de Solé, fue la vestimenta que más gustó por su colorido y su fantasía. El director siguiendo los lineamientos usados en Francia en el teatro del siglo XVII, no recurrió al vestuario de la antigua grecia, sino a una mezcolanza de los clásicos griegos y del barroco francés. Es decir, tal como lo designa el programa de mano: vestuario "Greco-Maintenon", ciertos elementos griegos y ciertos elementos de la moda impuesta por Madame de Maintenon, la esposa morganática de Luis XIV. La ausencia de pelucas masculinas tan llamativas en la Corte Versallesca, es el mejor ejemplo de esa doble influencia. Y hasta la escenografía se mantenía en el reflejo del siglo XVII, a usar como fondo la imagen del palacio de Versalles.

En cambio, lo que más brillo quitó al espectáculo, fue la traducción de Guillermo Luna que redujo a prosa los armoniosos versos de Racine, de quien se conoce pocos títulos en México. Mas, aunque fuera en prosa, la representación de la Compañía Nacional nos permitió acercarnos a uno de los mejores poetas trágicos del siglo XVII, y a una de sus mejores obras, esa Andrómaca que hoy es casi una tragedia política, y casi más actual que en la época cuando fue escrita.