FICHA TÉCNICA



Título obra Noche decisiva en la vida sentimental de Eva Iriarte

Autoría Héctor Mendoza

Dirección Luis de Tavira

Elenco Rosa María Bianchi, Luis Rábago, Miguel Córcega, Yolanda Mérida, Silvia Mariscal

Escenografía José de Santiago

Grupos y compañías Compañía Nacional de Teatro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Noche decisiva de Eva Iriarte con la CNT” en El Día, 4 junio 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Noche decisiva de Eva Iriarte con la CNT

Malkah Rabell

Si tuviéramos que analizar un cuadro, una pintura surrealista desde el punto de vista real, resultaría una obra plástica absurda, y hasta a veces estúpida. No tendría lógica alguna. Lo mismo pasa con una obra teatral que trata de ser surrealista. Cosa igual sucedió con la pieza de Héctor Mendoza: Noche decisiva en la vida sentimental de Eva Iriarte, estrenada hace unos días por la Compañía Nacional de Bellas Artes, bajo la dirección de Luis de Tavira. Obra de largo título y corta temática. Durante tres actos traté de explicarme, con la lógica realista, esa obra absolutamente ilógica, que como los sueños, y sobre todo las pesadillas, resulta irrealista e irrealizable con un protagonista quien, en cada uno de los tres actos queda asesinado, con un ruidoso tiro ya de revólver, ya de pistola, ya de fusil, y despierta en el acto siguiente, vivito y coleando. ¿Un sueño? ¡Tal vez! Al final volvemos nuevamente a la primera escena, donde una pareja de jóvenes casados, en busca de un lugar donde habían pasado su primera noche de amor –un paraje que tratan de encontrar bajo la luz de la luna, para revivir los viejos: recuerdos durante una lunada–, y se meten involuntariamente en una propiedad privada, donde los corre un cuidador armado de fusil, que dispara a cada rato, ante el inmenso susto del joven: matrimonio,

Y han tenido que pasar los tres actos para darme cuenta –¡Por fin!–, de que la obra que parecía estúpida, no lo era: ¡Simplemente trataba de permanecer dentro de un marco surrealista; con un muerto, que no ha muerto; después de ser víctima de tres asesinatos; con un cuidador-camarero-mesero muy enojón y filosófico, que da lecciones vivenciales a sus patronos, y sobre todo a la madre de su patrona; con toda una familia bastante trastornada; y con un cuñado que no se sabe de dónde ha llegado, quien sale del agua y se vuelve a echar otras innumerables veces en un tanque para patos. Un cuñado cuya presencia no se explica, pero de quien todas las figuras femeninas del reparto están enamoradas.

No sé si es debido al original del autor, o al invento del director de escena, a Héctor Mendoza o a Luis de Tavira, la introducción de fragmentos cinematográficos, que se proyectan sobre un telón transparente, un velo que separa el foro de la sala. Fragmentos que a veces son como inicios de unas escenas –por ejemplo la llegada de un automóvil en plena noche, ocupado por el joven matrimonio– que continúan luego como escenas teatrales en el escenario. Otras veces esos fragmentos proyectados sobre la pantalla son absolutamente descabellados. ¿Qué tiene que ver con esa noche sentimental de Eva Iriarte una imagen de Charles Chaplin en El Gran Dictador? ¿Qué tienen que ver esas imágenes –por cierto muy bellas– de caballos galopando, con la vaga historia de una familia reunida en su casa de campo –o algo por el estilo–, cuya dueña, Alma, la esposa de un famoso ingeniero, resulta ser una amiga de infancia de Eva, y quien, como todas las mujeres en su derredor se enamora del cuñado de su amiga?

Cuando por fin me di cuenta que Héctor Mendoza trataba de divertirse –y de divertirnos– con una obra surrealista, todo me pareció claro. La gente que entraba y salía por una ventana; los que brincaban y salían brincando del agua dé la piscina para los patos; las imágenes de Chaplin en El Gran Dictador; y hasta las múltiples ,muertes del mismo personaje, el famoso ingeniero, todo me resultó claro. ¡Se trataba de un sueño! Y como en todo sueño, y sobre todo en una pesadilla, las escenas más increíbles menos unidas, las que nunca tienen relación entre sí, parecen entrecruzarse, y forman una especie de ballet descabellado, que se hace necesario psicoanalizar para comprender.

Un grupo de excelentes actores puso todo de su parte para que el espectáculo resultara divertido e interesante. Un grupo de intérpretes entre quienes figuraban varios conocidos actores universitarios, como Rosa María Bianchi, en el papel de Eva, la esposa que sueña, y Luis Rábago, como el esposo más preocupado por el famoso ingeniero que le propone una fabulosa alianza comercial, que por su cónyuge. Entre los actores, de la Compañía Nacional, Miguel Córcega, como el dueño de la propiedad invadida, Yolanda Mérida, como su suegra, y Silvia Mariscal, no dejaban de ser los perfectos actores de siempre. La dirección de Luis de Tavira dio mucho ritmo al montaje, e igualmente sugestiva era la escenografía de José de Santiago.