FICHA TÉCNICA



Título obra Farsa infantil de la cabeza del dragón

Autoría Ramón del Valle Inclán

Dirección Tito Díaz

Grupos y compañías Grupo Animacion

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un Ramón del Valle Inclán para niños” en El Día, 9 mayo 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un Ramón del Valle Inclán para niños

Malkah Rabell

Durante muchos años, padres y educadores, así como prensa especializada, se han quejado de la falta, casi de la ausencia, de teatro infantil en México. De repente los teatros para niños empezaron a surgir, a crecer como hongos. el éxito de unos daba lugar a la aparición de otros. ¡Excesivamente! Más vale menor cantidad mayor calidad. Hasta volvieron por sus fueros los títeres que durante muchos años habían desaparecido, o casi, y que en la época de la presidencia del General Lázaro Cárdenas tanto preocuparon a pedagogos y artistas.

Actualmente se presenta en el Foro Shakespeare un espectáculo de títeres y titiriteros muy interesante. Nos viene desde CADAC, donde fue presentado como tesis final en el seminario de dirección de este Centro artístico y didáctico teatral, que nació bajo la dirección del maestro, poeta, director de escena y dramaturgo Héctor Azar. La mano del maestro Azar se siente de inmediato, desde la introducción en el programa de mano que se debe a la pluma de José Martí, y desde el texto de la representación que pertenece a Ramón de Valle Inclán: Farsa infantil de la cabeza del dragón.

Puesta en escena por Tito Díaz Góngora, lo original de este montaje es que el titiritero aparece en escena y maneja su muñeco a la vista del público, de acuerdo con las palabras de José Martí: "!Aquí estamos los títeres y el titiritero! Títere y titiritero son una misma cosa. Ellos son tan inseparables como el jinete y el caballo, como la luna y las estrellas, como el amo y la verdad" ¡Que bellas palabras! ¡que bello concepto! Me gustaría reproducir toda la introducción del programa. Pero no lo haré para dejarles la sorpresa de las palabras del poeta-caudillo cubano, cuando lleven a sus niños –o cuando vayan solos, porque es para adultos que para menores— y al espectáculo, y puedan leer todo el programa. Léanlo antes del inicio de la representación, para penetrar mejor en la atmósfera. Y aquí, sólo voy a reproducir el último párrafo de Martí en su juicio sobre toda clase de títeres: "El títere hace gigante al titiritero, porque de sus brazos se prolonga hasta el infinito de la imaginación de ustedes".

El muñeco que usa este grupo llamado Animación, formado por ocho titiriteros vestidos de túnicas y cubierto medio rostro de antifaz, es el guiñol, el muñeco de guante, que el animador mueve con la mano. En el principio del espectáculo todo parecía un poco monótono. Esos muñecos mudos, que no movía un ventrílocuo, sino la voz del titiritero, parecían aburridos. Mas, al poco tiempo, los títeres se animaron con vida propia, se empezaron a agitar como seres vivos. La historia del príncipe que mata al peligroso para todo el reino Dragón, simplemente por amor a la princesa y no para obtener su mano por su corona, adquiria un soplo de vida, se transformaba en una historia romántica que se ahondaba cuando el Príncipe Verdemar se presenta vestido de bufón, que pese a lo poco honorable de su profesión, gana el amor de su bienamada. Un corazón de mujer que decide desposar y hacer rey a ese pobre diablo con cascabeles en la frente, pese a todas las protestas del Padre Monarca. Un monarca que prefiere a cualquier bandolero como yerno: "Un bandido puede ser el trono de una dinastía real –asegura el padre de la princesa– ¡un bufón, jamás!"

Se necesita recapacitar un poco para darse cuenta de que esa Farsa infantil de la cabeza del dragón de Ramón de Valle-Inclán, ha sido escrita más bien para adultos que para niños. Ojalá conquiste también el corazón, y sobre todo la imaginación de un público de menores, que a menudo capta las veladas insinuaciones de un escritor, por sensibilidad.