FICHA TÉCNICA



Título obra Si todos los hombres del mundo

Autoría Gabriel Arout

Elenco Abraham Stavans, Enrique Reyes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Si todos los hombres del mundo” en El Día, 2 mayo 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Si todos los hombres del mundo

Malkah Rabell

El conflicto dramático en el cual el autor francés, Gabriel Arout –fallecido hace poco– basa su obra, no deja de ser original. Dos hombres de distintos orígenes étnicos y de distintas ideologías: uno, sastre judío, Rafael Schmaus, preso No 137040 y el otro, ex-oficial nazi, hijo de una distinguida familia alemana, Max Von Weschke, No 203, se encuentran encerrados en la misma celda en espera de su ejecución en la madrugada siguiente. Sus números en el antebrazo indican cuan raro era ese caso del alemán, y cuán frecuente entre los judíos en la Alemania de 1944. Y pese a los verdugos que los observaban desde algún misterioso escondite; pese a que esos verdugos habían prometido la vida salvada a quien de los dos condenados asesine al otro; pues, esos dos condenados a muerte, en esta última noche de horror, después de chocar una y otra vez contra el muro de sus pasados tan diversos, encuentran un lenguaje de fraternidad y solidaridad, al cual alude el título: Si todos los hombres del mundo... encontraran semejante lenguaje otras serían las posibilidades de vivir y sobrevivir, y otras serían las posibilidades de construir un mundo nuevo.

No obstante la obra tiene ciertas fallas, ciertas debilidades. Se diría que Gabriel Arout tiene de los judíos una imagen, una idea ya pasada a la historia. En el papel de Rafael Schmaus, su intérprete, Abraham Stavans, no pudo dar al personaje mayor dignidad y valentía ante la muerte, porque el protagonista está diseñado para el llanto y la debilidad. Es un personaje creado sobre los moldes, sobre los modelos de los hebreos de los ghettos en la Europa Oriental. Ghettos que han existido ya antes de la llegada de los nazis, Ghettos morales. En cambio Rafael Schmaus nació, según sus propias palabras, en París, es un parisino, y por lo tanto radicalmente distinto de sus correligionarios polacos cuyo origen parece ser el suyo, de quien hasta el apellido resulta simbólico –Schmaus, azotado–. Nacido en esa maravillosa ciudad de la libertad, París, donde la generación de judíos inmigrados era bastante reciente en la época de guerra, por lo mismo los hijos de los inmigrantes nacidos en el país eran forzosamente jóvenes. Y también lo debe haber sido el protagonista del drama. En cambio, el dramaturgo le impuso rasgos de anciano, miedoso y lloriqueante. Aunque Abraham Stavans tiene aspecto joven, el alma de su personaje es anciana.

No sé quien es Gabriel Arout, nunca tuve la oportunidad de enfrentarme con otras obras suyas. Sospecho de que no es judío, y su protagonista Rafael Schmaus está creado con no pocos lugares comunes, según una antigua tradición que trata de presentar a los judíos como miedosos y cobardes. Tradición que se puede hasta encontrar en la propia antigua literatura hebraica. En lo que va de nuestro siglo, los judíos han demostrado que ya no tienen nada que ver con sus correligionarios que presentaban la otra mejilla. en la época de la ocupación alemana fueron precisamente muchos de los jóvenes inmigrantes que tomaron parte en la resistencia con desesperada valentía, y hubo entre ellos no pocos héroes. Desde luego la última noche en espera de la pena de muerte, no es precisamente un momento muy apropiado para mostrarse excesivamente valiente, y si el alemán- Max von Weschke si pudo lograrlo, es porque ha sido preparado –como él mismo lo dice– "A mi me educaron para la guerra, soy un perro de guerra". Para el pacífico sastre judío, que nunca ha tenido un arma en la mano, es natural que lo embargue el miedo y la desesperación, que al final logra vencer, ayudado y consolado por el compañero alemán de celda. Mucho de la belicosidad del joven judío moderno, se debe al deseo de demostrar al mundo entero, que esa imagen del judío cobarde y miedoso, no fue más que una calumnia inventada por una sociedad enemiga.

De todos modos, lo bello de este drama es el llamado a la solidaridad, a la fraternidad humana, a la destrucción de los odios raciales y hasta al olvido de los rencores y venganzas. No es una obra vengadora sino todo lo contrario, un llamado al amor.

El drama no tiene más que dos papeles: Abraham Stavans en el de Rafael Schmaus, interpreta a su personaje con todo el corazón, siendo al mismo tiempo el director de escena. En el papel del ex oficial nazi Enrique Reyes, ante la sorpresa de no pocos espectadores, se adaptó perfectamente al carácter del alemán que desde diez años permanece encerrado en un campo de concentración y proyecta de Max Von Wescke una imagen muy humana.

El final de la representación, dedicada a la prensa, les valió a los dos intérpretes una entusiasta ovación.