FICHA TÉCNICA



Título obra La pareja dispareja

Autoría Neil Simon

Notas de autoría Raúl Zenteno / traduccion y adaptación

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Mauricio Garcés, Víctor Alcocer, Pedro D'Aguillón, Gonzalo Correa, Héctor Herrera, Guadalupe Andrade (Lupe) y Judit Velasco

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Manolo Fábregas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. La pareja dispareja”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 13 febrero 1966, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

La pareja dispareja

Mara Reyes

Teatro Manolo Fábregas. Autor, Neil Simon. Traducción y adaptación, Raúl Zenteno. Dirección, Manolo Fábregas. Escenografía, Julio Prieto. Reparto: Manolo Fábregas, Mauricio Garcés, Víctor Alcocer, Pedro D'Aguillón, Gonzalo Correa, Héctor Herrera, Lupe Andrade y Judit Velasco.

Manolo Fábregas inicia su temporada 1966 con la presentación de una comedia que promete ser la más taquillera desde que abrió las puertas de su teatro: La pareja dispareja, de Neil Simon. Comedia que basa su comicidad no en el enredo o en el costumbrismo, sino en la confrontación de los caracteres opuestos de dos amigos que en un momento dado de sus vidas tienen que convivir.

En este género de teatro no se trata de definir si es una comedia “buena” o “ambiciosa”, sino de comprobar si su representación resulta entretenida o no, es decir su eficacia como pasatiempo. Y bajo este punto de vista, la obra es de las mejores de este género. Los personajes están hábilmente trazados, con conocimiento por parte del autor, de lo que es una personalidad obsesiva, maniática del orden, la limpieza y el ahorro; tal es el carácter de Félix, personaje que sirve de base para contraponer a él fundamentalmente, la personalidad de Óscar, tan contraria a todo proceder metódico.

Abundan en la comedia los chistes bien aderezados por el traductor Raúl Zenteno, quien supo adaptar al ambiente de nuestra capital, con alusiones a los programas de televisión, radio y en general a las costumbres nuestras. Los diálogos son eficaces y la acción se desenvuelve con fluidez. Las situaciones, tomadas todas ellas de la vida cotidiana de un matrimonio burgués, pero vividas por dos amigos, uno divorciado y el otro en trance de divorcio, generan la hilaridad de los espectadores. No falta alguna escena de “ternurismo”, tan característica de este género teatral, aunque dado en breve dosis, al final de la comedia, y sólo como sugerencia de una posible reconciliación futura entre Óscar y su ex esposa.

La dirección de Manolo Fábregas es ágil, bien enhebrada y aunque algunos tópicos son frecuentes en este género, él sabe sacarles el mejor provecho. Es sabido que para que una comedia provoque risa de buena estirpe en el espectador, es necesario que los actores interpreten con toda seriedad sus respectivos papeles. Esa seriedad es la que caracteriza a Manolo Fábregas –como director y como actor. Su mano, en la puesta en escena, se advierte especialmente en el trabajo realizado por Mauricio Garcés, actor taquillero, capaz, pero que no siempre juega limpio con su público, y que en esta obra se muestra medido, sobrio, evita caer en exageraciones –a las que es propenso– y se mantiene en un plano de buen actor de comedia. El personaje que encarna, Félix, recibe de Garcés toda su buena fe, sin la cual, el personaje se desbarrancaría; el actor consigue caminar en la cuerda floja con toda soltura.

En cuanto a Manolo Fábregas como actor, el papel de Óscar parece haber sido escrito para él. Tal es la identificación conseguida con su personaje. Completan el reparto, los jugadores de póquer, interpretados con toda justeza por Víctor Alcocer, Gonzalo Correa, Héctor Herrera y Pedro D'Aguillón, y las dos cubanas, cuya personificación corrió a cargo de una actriz mexicana, conocida en nuestros escenarios, Lupe Andrade, desenvuelta y segura de sí misma y de una actriz cubana, debutante, que hizo su trabajo con toda naturalidad y sin ningún género de artificio: Judit Velasco.

Los decorados, naturalistas, tan propios de las producciones de Manolo Fábregas, fueron realizados con toda fortuna por Julio Prieto.