FICHA TÉCNICA



Título obra No hagan ruido / Paños menores

Autoría Michael Frayn

Dirección Sergio Jiménez

Elenco Virma González, Gustavo Rojo, Otto Sirgo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. No hagan ruido teatro dentro del teatro” en El Día, 23 abril 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

No hagan ruido, teatro dentro del teatro

Malkah Rabell

Se trata de una comedia entrelazada con un vaudeville. Es teatro dentro del teatro y se basa en tres aspectos de un espectáculo: un ensayo general en el primer acto; la representación vista y sobre todo escuchada desde los entretelones, en el segundo acto; y el tercero, ya presenta el espectáculo en el escenario. Tanto el vaudeville, como la comedia, tienen todos los elementos cómicos del género, así en el primer caso como en el segundo. Al vaudeville no le faltan las puertas que se abren y se cierran, ni los protagonistas que corren de un lado para otro y nunca se encuentran. Falta el famoso pastel de crema que alegraba las farsas del cine mudo, pero en cambio existe un plato de sardinas que aparece y desaparece constantemente. En cierto modo esas sardinas forman el centro de acción, o de la falta de acción. Uno de los personajes pierde los pantalones; otra de las protagonistas pierde el vestido. Resultado, la farsa se llama: Paños menores, cuyo autor –misterioso– es Sergio Navarro. Que extrañamente auna el nombre del director y del productor.

La otra parte de la obra es la más formal. Presenta a una compañía londinense de comediantes, que primero ensaya; luego sufre todas las preocupaciones, todas las angustias de un estreno presenciado desde las bambalinas, cuando en el escenario se grita, y en cambio entre bastidores todo el reparto se preocupa de que "No hagan ruido"; y por fin, el sufrimiento de una representación en la escena, cuando suceden toda clase de fallas y equivocaciones. Hasta tres personajes, en el mismo papel, se encuentran en el foro, e improvisan, los tres, un baile, para salvar la situación.

Las situaciones son auténticamente graciosas. Hay inteligencia muy británica en esas dos obras en una sola de Michael Frayn. La idea de los tres aspectos de un espectáculo visto desde diferentes ángulos, desde diferente momentos teatrales, es excelente. Y sin embargo –resulta difícil explicarlo– el público queda bastante indiferente y las risas son raras. Tal vez a los espectadores ingleses le haga reír a carcajadas, sobre todo a los hombres de la profesión, los actores. Pero para nuestro temperamento y nuestro carácter latino, el humor de Michael Frayn es excesivamente inglés. O quizá falte un poco más de acción, de tema, de "historia" a ese No hagan ruido.

También la puesta en escena es excelente. El director, el conocido actor Sergio Jiménez, ha sabido ponerle el muy difícil orden a ese caos de puertas abiertas y cerradas, de parejas que se pierden, de ladrón que se desentiende de su oficio, y de sardinas que desaparecen y aparecen por arte de magia. Hasta el programa de mano es gracioso, ilustrado por un caricaturesco dibujo de público indisciplinado. El dibujo no está firmado. ¡Lástima!

En cuanto al reparto, contaba con varios actores de comedia de primera categoría. A Virma González, en su doble papel de actriz y de sirvienta, que no deja de ser ni lo uno ni lo otro a todo lo largo de la obra, quizá se le fue un poco la mano en su gusto por lo clownesco. Gustavo Rojo, en el papel del director de escena que monta Paños menores, Rubén Rojo, otro de los personajes, actor y actor-personaje, así como Otto Sirgo, estaban perfectos. Sobre todo Otto Sirgo, a quien estamos acostumbrados de ver en papeles serios, llamó mucho la atención en el personaje de un agente de venta (en Paños menores) muy distinto de su protagonista en No hagan ruido, un hombre muy nervioso quien casi no puede hablar. El resto del reparto, exagera un poco sus actitudes cómicas.

Lo más interesante de esa obra es el constante entrelazar de las dos comedias y de sus mutuas situaciones cómicas, hasta a veces perder el hilo que separa a una de la otra.