FICHA TÉCNICA



Título obra Electra

Notas de autoría Pablo Ballester / traducción y adaptación libre a la obra homónima

Dirección Gerardo Maldonado

Elenco Ofelia Guilmáin, Lucía Guilmáin, Leonardo Daniel

Notas La autora no especifica si la adaptación y traducción de Pablo Ballester a Electra es de un autor o de los tres.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un hermoso espectáculo: Electra” en El Día, 16 abril 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un hermoso espectáculo: Electra de Eurípides

Malkah Rabell

Nuestros espectadores de México, conocen muy bien la historia de los Atridas, que fue representada más de una vez, ya en la versión de Sófocles –puesta en escena hace poco por la Universidad Veracruzana bajo la dirección de Marta Luna–; ya a través de La Orestiada de Esquilo. También la versión de Eurípides es bien conocida en nuestro ambiente. La tragedia fue montada por José Solé, en 1976, con Susana Alexander en el papel de la hija, Electra, y Ofelia Guilmáin en el de la madre, Clitemnestra. Es la historia de Agamenón, generalísimo de los griegos en Troya, quien el día mismo de su vuelta a la ciudad natal, Argos, fue asesinado por su esposa, quien durante su ausencia había vivido en adulterio con Egisto. Es el relato escénico de la venganza llevada a cabo por Orestes, el hijo –que de pronto aparece después de años de ausencia, cuando ha vagado por múltiples regiones– y su hermana Electra, contra la madre de ambos y de su amante, Agisto. A los tres personajes centrales, Eurípides agrega a una cuarta figura, que ni Sófocles ni Esquilo han mencionado: el esposo de Electra, a quien la pareja real, que ocupaba el trono en Argos, había unido en matrimonio con la desdichada princesa, pese a su pobreza de hombre de la gleba, un labrador tan mísero como los demás griegos de su condición. Mas, ese hombre era leal, consciente de su poca importancia, respetó la virginidad y la integridad de su cónyuge.

Según opinión del doctor Pablo de Ballester, traductor, director y adaptador libre de la tragedia, en cuya memoria se presenta Electra en el Teatro Helénico, reproducida en el programa de mano: "Esquilo había transmitido fielmente la versión ancestral, y Sófocles la había expuesto con profunda preocupación moral; pero Eurípides penetró en el mundo subconciente de los personajes, detectó sus motivaciones, diagnosticó los sedimentos vivenciales y constató los mecanismos y reacciones que dieron lugar a los hechos, que simplemente habían consternado a sus dos grandes predecesores".

Y ciertamente nada más moderno, más inteligente, con una inteligencia muy cercana a nosotros, que el discurso de la reina, cuando acusa a su asesinado esposo de haber sacrificado a su hija mayor, Ifigenia: "Y allí segó la mejilla blanca de Ifigenia, tendido en la pira. Si en verdad la hubiese matado por salvar la ciudad o por salvar su casa o a sus demás hijos, sacrificando a una por todos, hubiese sido perdonado; pero mató a mi hija porque Helena, mi hermana, era impúdica y porque el que estaba casado con ella no supo reprimir su traición". El doctor Ballester en su versión libre, también pone en boca de Clitemnestra la acusación contra el general Agamenón de haber llevado al pueblo griego a una guerra absurda y criminal. Lo que probablemente va más allá del pensamiento euripidiano, ya que no pude encontrarlo, en la versión original.

En los dos papeles principales, de madre e hija, Ofelia Guilmáin demostró ser la gran actriz de siempre, sin dejar de actuar un solo momento, constantemente preocupada por cada gesto, por cada movimiento y, por cada palabra; y su hija, en el papel de Electra, Lucía Guilmáin, con mucha presencia escénica y con una voz increíblemente parecida a la de su progenitora, aunque todavía con cierta rigidez en su desempeño, las dos mantuvieron en suspenso al público. También se hizo aplaudir con mucho entusiasmo, el muy joven actor –creo que originario de Monterrey– Leonardo Daniel en el papel de Orestes que tanto física como dramáticamente supo dar el tono justo a su protagonista.

En ese bellísimo espectáculo, la presencia del coro fue uno de los rasgos más sugestivos. El director –cortesía del tecnológico de Monterrey– Gerardo Maldonado, quien, según parece, dirige por primera vez en la capital, demostró mucha originalidad en el manejo de ese coro formado por ocho personas, con sus rostros cubiertos de trapos, con túnicas igualmente realizadas de trapos, creciendo sus figuras en los momentos de mayor importancia. Un coro que debe representar el pueblo de labradores sumido en la pobreza, en una época y en un país "donde nadie desea tener amigos pobres", según dice Electra con un verismo digno de todos los tiempos y de todas las regiones del mundo.

También ha manejado Gerardo Maldonado con mucha habilidad la ausencia de escenografía, el escenario desnudo con efectos luminosos por toda presencia decorativa, usando las posibilidades de ese foro cubierto de rojo, como para señalar la sangre de los Atridas, para permitir a los actores bajar y subir por las aberturas del piso escénico.

Un hermoso espectáculo, apasionante [oración repetida en el original, N. del E.] de las actuaciones de todos los intérpretes, desde las breves apariciones de pocos parlamentos, hasta las figuras centrales. Una hermosa representación como hace mucho no he presenciado en el campo de las obras clásicas.