FICHA TÉCNICA



Título obra La Ley de Creón

Autoría Olga Harmony

Dirección Manuel Montoro

Elenco Patricia Reyes Espíndola, Salvador Sánchez, Aurora Molina, Gerardo Vigil

Escenografía Guillermo Barclay

Grupos y compañías Compañía Titular de la Universidad Veracruzana

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La Ley de Creón” en El Día, 10 abril 1984, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La Ley de Creón

Malkah Rabell

Desde ya varias décadas existe un especial interés por adaptar la figura y los problemas de la Antígona de Sófocles a la vida moderna, tal vez por las posibilidades de insinuaciones políticas y sociales que ofrecen. En el programa de mano para La Ley de Creón, que presenta la Compañía Titular de la Universidad Veracruzana en el teatro Milán, el director, Manuel Montoro cita algunos de esos experimentos: "La Antígona de Sófocles ha dado lugar a distintas versiones teatrales en este siglo. Quizá la más conocida sea la de Brecht. En 1942, Cocteau dirige, diseña, escenografía y vestuario de su propia Antígona, con música de Honegger. Hacia 1910, en Grecia, Christomanos, creador del famoso espacio "La Nueva Escena", reescribe Antígona y ofrece una versión en la que reacciona contra la tragedia sabia del neoclasicismo. Christopher Logue obtiene un gran éxito en Londres con su nueva adaptación en 1950. La Antígona de Anouilh fue montada en el mundo entero después de su estreno en París en 1943. En 1917, tras el desolado panorama de la guerra del 14, el alemán Hasenclever hace de Antígona un manifiesto revolucionario en el cual Creón tiene los rasgos de Guillermo II y Antígona, exhorta al pueblo a rebelarse contra la guerra".

La obra de Olga Harmony: La Ley de Creón, fue escrita hace unos diez años, cuando obtuvo el segundo premio en un concurso convocado por el Seguro Social. En aquellos días México ofrecía todavía un panorama sereno y feliz. Era el país más tranquilo de América Latina, y al público le interesaban los dramas que describían los sufrimientos del pueblo en los albores del siglo, bajo el gobierno de Porfirio Díaz, época en la cual la dramaturga sitúa su pieza. Han pasado nueve u ocho años tan cargados de problemas, que el hombre de la calle, como el espectador del teatro, han perdido todo interés por la ficción y exigen el documento. Hoy el público se apasiona por las obras actuales, por las representaciones de la vida campirana contemporánea de México, Muchos espectadores se han dado cuenta que muy poco o nada saben del campesino de nuestro país y se han vuelto asiduos visitantes de los teatros documentales. Ante semejante situación la obra de Olga Harmony resulta ya un poco envejecida.

Mujer de letras y de teatro, catedrática universitaria, Olga Harmony conoce a la perfección la técnica escénica moderna, a la vez que la literatura clásica. Creo que su versión de Antígona no es tan libre como la considera Manuel Montoro, y no sabría decir si ésto es una virtud o un defecto. Hay en esta versión teatral –pese a basarse en una obra clásica– un tenue soplo autobiográfico. Sentía –tal vez equivocadamente– que Olga es Antígona, y el tío Marcos, su progenitor, en tanto la nana no dejaba de ser un personaje muy habitual en las familias de la burguesía mexicana –bastante reducida por aquellos años–, más, también habitual en las tragedias clásicas. Y sobre todo, el joven Ignacio, el hijo del dictatorial Don Marcos, es una figura que en los albores del siglo era muy frecuente en las familias adineradas no sólo en México sino en el mundo entero. Jóvenes que abandonaban familia y bienestar económico para ir en busca de los "ideales"; en busca de la solidaridad con las clases trabajadoras, y en no pocas ocasiones se transformaban en los dirigentes de los partidos revolucionarios.

Mas, lo importante de esta representación que ofrece la compañía titular de la Universidad Veracruzana, reside más que nada en el esfuerzo de la dirección y de la escenografía. Al levantarse el telón, nos encontrarnos ante la construcción de artista y con toda su capacidad tiene diversas zonas de actuación. Esta construcción, que mueve sus diversas partes, se hace casi imposible de concebir en el reducido espacio escénico del Milán. Son de estos milagros que logra Guillermo Barclay con su imaginación de artista y con toda su capacidad de técnico. Hemos visto ya muchas escenografías que reproducen ambientes de la clásica Grecia. Pero la de Barclay es distinta de todas ellas, pues aúna de tal modo lo antiguo y lo moderno que nos encontramos en la antigua Grecia y a la vez en el México actual. Tanto la grandeza clásica como el drama de un pueblo que se rebela contra la miseria tiene cabida en sus diversas zonas de actuación.

El director de escena, Manuel Montoro, se preocupa especialmente de los coros hablados, tanto masculino como femenino. Trece jóvenes actores, el rostro cubierto de medias máscaras, le dan a sus parlamentos un tono de música, de canto hablado, en tanto su vestuario es de lo más sugestivo. En cuanto a los personajes del drama, tanto Patricia Reyes Espíndola, en el papel de Cristina (Antígona), como Salvador Sánchez en el de Don Marcos (Creón) han sido perfectos. Aurora Molina como la nana, resulta un poco tiesa, el personaje da para mucho más. En cambio Gerardo Vigil en el papel de Ignacio, novio de Cristina e hijo de Don Marcos, desgarrado entre su habitual obediencia al padre, y su deseo de hablar su propia libertad, encuentra los tonos de ternura y sufrimiento necesarios. Todo ello con un ritmo de la dirección que da a toda la representación un carácter de grandeza.

La Ley de Creón, viene a unirse al cada vez más creciente movimiento de la dramaturgia nacional.