FICHA TÉCNICA



Notas Balance del Tercer Concurso Estatal de Teatro en Tamaulipas

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. 24 obras en un festival taumalipeco” en El Día, 6 abril 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

24 obras en un festival tamaulipeco

Malkah Rabell

No fueron pocas las veces cuando me tocó la tarea de ser jurado en festivales de teatro, tanto en provincia como en la capital. Y por lo general, en dichos concursos no les queda otro remedio a los jurados qué elegir lo menos imperfecto entre la no muy numerosa competencia. Tan poco numerosa que en una oportunidad viajé a una de las grandes ciudades de la República para asistir a un festival donde sólo tomaron parte dos grupos con tres obras. Mas, he aquí que llegué a Ciudad Victoria, donde se llevaba a cabo el Tercer Concurso Estatal de Teatro bajo los auspicios de la "Dirección General de Asuntos Culturales del Gobierno del Estado", donde se daba el fenómeno contrarío. Entre los 21 grupos y las 24 obras, existía tal cantidad de virtudes de casi todos los concursantes, que nos obligaba, a los tres jurados, a repasar una y otra, y otra vez, las creaciones de grupos, directores y actores, que a menudo llegaban a la excelencia. Y nos quedábamos desesperados ante la necesidad de elegir sólo a siete premiados, cuando casi todos merecían galardones. Los valores abundaban entre estos recién llegados al escenario. Y lo exiguo de los siete premios de los cuales disponíamos, nos hacían sufrir durante noches de insomnio.

Sólo nos quedó un remedio: dividir algunos de esos galardones. Y ni así pudimos compensar todas las capacidades de esos 179 actores ya en vías de ser algunos de ellos auténticos hombres de teatro, (aunque posiblemente al recibirse como profesionales su vida tomará otro rumbo). Pedimos permiso a los organizadores, y al obtenerlo, los siete premiados se hicieron quince. Autores extranjeros, autores nacionales adquirían un rasgo básico: el de la búsqueda, según dijo uno de los jóvenes directores, Refugio Hernández Ledesma. Entre las mejores representaciones, que llegaban mucho más allá del habitual nivel estudiantil –aunque no faltaban también espectáculos de cierta mediocridad–, se podían citar: La carpa de Vicente Leñero; Fábula de los cinco caminantes, del dramaturgo panameño, Iván García; Las manos de Dios, de Carlos Solórzano; Los perros, de Elena Garro; Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín, de Federico García Lorca; y El pájaro azul de Maeterlinck. De esos cinco espectáculos, dos: El amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín y La carpa, dirigidos, el primero por Arturo Espinoza Vizcarra, y el segundo por Carlos Valdez Méndez, ya han sido designados para presentarse en el Festival Nacional que tendrá lugar en el mes de junio en la ciudad de Jalapa.

Sin llegar al éxito que tuvieron esas cinco obras, ni a los premios que obtuvieron a todos los niveles: dirección, actuación y grupo; otras presentaciones lograron entusiasmar al joven auditorio que llenaba cuatro veces al día el teatro de la Universidad. Los apasionados aplausos acompañaban tanto a El milagro en el mercado viejo de Osvaldo Dragún, como a El casco de la botella, monólogo que ofreció Novio Vallejo, actor aún joven pero que supo darle vida a un personaje de edad madura, con una habilidad de viejo profesional, y obtuvo el premio por la mejor actuación junto con Rubén Balderas Salas como el directos en La carpa y José Romualdo Cruz por el protagonista de Don Perlimplín con Belisa en su jardín. El mismo director, Emilio Benavides que dirigió El milagro en el mercado viejo, también presentó Los perros en una versión realista que no pudo competir con el montaje de la misma obra que realizó Alberto López en un tono de poesía y misterio. Tampoco dejaron de gustar Antígona de José Fuentes Mares, dirigida por Onésimo Gallardo en un tono político demasiado panfletario, en tanto montó la comedia del mismo autor, José Fuentes Mares: SAS, Su Alteza Serenísima, con unos agregados de invención personal que transformaron la comedia en una farsa caricaturesca.

También asistimos a algunas creaciones de autores mexicanos nóveles, todavía completamente desconocidos. Pero en este renglón aún no se vislumbran auténticos valores, fuera de la maestra Altair Tejeda de Tamez, quien, en su obra Canasta deja vislumbrar la capacidad de observación de costumbres de una sociedad burguesa. Obra que en manos de un buen director podría llegar a conquistar un amplio público.

Tamaulipas, Estado que no tuvo mucha vida teatral en el pasado, de repente despierto y demuestra que no pocas de sus ciudades: Tampico, Ciudad Victoria, Mantes, Ciudad Madero, y otras, tienen un tesoro de talentos de artistas escénicos de intérpretes, directores y tal vez, con el tiempo lo tendrán hasta de autores.