FICHA TÉCNICA



Título obra Los dos hermanos

Autoría Felipe Santander

Dirección Felipe Santander

Elenco David Villalpando, Arturo Martínez, Hugo Larrañaga, Carlos Durán, Raúl Ángel Domínguez

Escenografía Arnold Belkin

Espacios teatrales Teatro Legaria

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los dos hermanosotro éxito de Felipe Santander” en El Día, 26 marzo 1984, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los dos hermanos, otro éxito de Felipe Santander

Malkah Rabell

Nada más difícil para un escritor, para un dramaturgo, y hasta para un artista plástico, que repetir un gran éxito. Durante toda la vida, un artista que triunfé con una obra determinada, será objeto de comparaciones. Tanto sus amigos como sus enemigos fruncirán las narices ante toda nueva creación y emitirán un juicio negativo: "No, no es como la otra". Pues bien, Felipe Santander es un hombre de suerte. Después de 1,800 funciones El extensionista acaba de estrenar un nuevo drama (anunciado en el programa de mano como espectáculo político musical), Los dos hermanos, que parece seguir los pasos del anterior éxito.

Y en realidad, es una obra con muchas virtudes dramáticas, y con ciertos leves defectos. Posiblemente algún día, cuando el autor tenga la oportunidad de examinarlos en la perspectiva de la lejanía, podrá corregirlos. A los dramaturgos mexicanos por lo general se les reprocha la falta de acción. A Los dos hermanos se le puede reprochar lo contrario: un exceso de acción; una superabundancia de hechos y temas, que provocan falta de unidad, Cuando se llega al final, muchos propósitos del principio se han olvidado. Mas, poco importa. El público, muy numeroso pese a tratarse de un simple día de la semana, estaba entusiasmado con ese drama que descubre otra faceta de la vida del hombre del campo en. México. En ese Dos hermanos, uno de ellos se va a la ciudad no sólo para sobrevivir él sino para ayudar a la familia, y se encuentra sólo, sin trabajo, sin hogar y sin amigos, obligado en su desesperación a aceptar una tarea que va contra su naturaleza, contra todos sus preceptos humanos: la de un militar.

Desde luego, ese no es más que uno de los temas. Antes, en el primer acto, el autor ofrece un panorama de la vida en un pueblo, donde se encuentra una mina, en torno de la cual se organiza la economía de todo el villorio: la intervención de extranjeros en la explotación minera; la existencia familiar de los dos hermanos y de su padre; la odisea dolorosa de quienes han de emigrar, ir en busca de fortuna –que rara vez encuentran– a la gran ciudad donde han de aceptar toda clase de trabajos humillantes. Y como último telón, el enfrentamiento de los dos hermanos, que plantea la interrogante: ¿quién es Caín y quién Abel?, ¿quién la víctima y quién el victimario? O mejor dicho, ambos son víctimas de una situación y de un sistema. Para analizar toda la obra, y en especial la última escena, sería necesario contar con el libreto, y éste me hace falta. Tampoco se pueden emitir demasiadas explicaciones para no descubrir ante los futuros espectadores el enigma final de la pieza.

En escena, 19 actores –todos del SAI– hacen más de treinta papeles: En la figura central de Juan Juanito, el hermano soldado por incidentes del destino, David Villalpando, aunque le falta prestancia física, tiene en cambio la habilidad de un consumado gimnasta, tal como el personaje exige. En el rol del otro hermano, Florencio, que permanece en el campo y se casa con la novia de Juan Juanito que ya no escribe desde dos años, tragado por la gran ciudad, Arturo Martínez tiene el físico muy apropiado para el personaje y resulta muy simpático. Como el padre, Hugo Larrañaga posee una dicción muy clara. Asimismo la tiene Carlos Durán como el maestro Stanley al cual impone un carácter muy interesante. En cuanto al coronel, Raúl Ángel Domínguez es mucho menos duro de lo supuesto. Sospecho no poca simpatía del autor por el personaje: cumple con su deber porque no puede hacer de otro modo. Por la amplitud del reparto no se puede citar a todos.

Bajo la dirección del propio autor, Felipe Santander, la obra "corre" con un ritmo muy ágil, y algunas escenas son muy sugestivas. La funcional escenografía del famoso pintor Arnold Belkin, ayuda a redondear la representación.

Sobre todo es de agradecer a todo ese grupo de actores por su manera de "calentar" un teatro tan lejano como el Legaria, con sus entradas a precios muy populares, y con su excelente representación que ya desde un principio atrajo a muy numerosos espectadores.