FICHA TÉCNICA



Título obra Los ladrones viejos

Autoría Rodolfo Olvera

Dirección Rodolfo Olvera

Elenco Rodolfo Olvera

Espacios teatrales Foro Fonágora

Productores Rodolfo Olvera

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los ladrones de Rodolfo Olvera” en El Día, 21 marzo 1984, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los ladrones de Rodolfo Olvera

Malkah Rabell

¿Quién, cuando joven bachiller, y hasta en la época de la Escuela Secundaria, no ha escrito alguna vez un poema en prosa? Texto que se leía ante la novia y en reuniones de compañeros. Unas y otros aclamaban al Improvisado poeta y le presagiaban un luminoso porvenir de genio literario. Más, ¿quién de esos jóvenes –por lo general románticamente sentimentales– tuvo la suerte de ver puesto en escena su escrito? ¡Nadie, casi nadie!

Por cierto, en la época –hace diez o quince años– cuando abundaban los festivales de teatro organizados por el INBA y la UNAM, en busca de nuevos valores dramáticos, tuvimos la oportunidad de ver montajes de las más extrañas y enigmáticas piezas. Tanto la moda del "Teatro del Absurdo" como del arte abstracto provocaban los textos más incomprensibles y a menudo de verdad absurdos, y algunos de ellos podían situarse en el género de poemas en prosa. En aquella época muy pocos autores noveles se afincaban como profesionales en el escenario nacional. Pero a veces, entre 20 fracasos aparecía de repente un triunfador. Como, por ejemplo, fue el caso de Willebaldo López, surgido de un festival.

En los últimos años, la vuelta al realismo, y hasta a un naturalismo fotográfico, y el lugar que toda clase de instituciones culturales en particular la UNAM, la UAM y el INBA– ofrecían en sus escenarios a los autores en formación, dio lugar a la constitución de nuevas filas de dramaturgos nacionales preocupados menos por lo poético que por lo dramático, creados sus textos para el escenario y no sólo para la lectura.

Más, he aquí que un muy joven teatrista –cuenta 20 años– Rodolfo Olvera, emprendió poner en escena su propia obra, interpretándola él mismo, bajo el título de Los ladrones. Y ¡oh, maravilla! hasta consiguió para tan audaz empresa, un precioso foro, breve pero comodísimo, el foro Fonágora. Más, ¡ay, lástima grande! ese texto podía tal vez gustar a los amigos fieles, a las tías y abuelas, pero seguramente dejaba sorprendidos e indiferentes a personas ajenas que forman la mayoría del público. Tal vez, para el autor-actor-director y hasta productor, cada palabra, cada párrafo, cada actitud tenía una significación especial. En cambio no la tenía para mi, que soy espectador. Yo no entendía absolutamente nada de ese monólogo dividido en dos para dar lugar a una segunda figura en el escenario. Cada una hablaba y hablaba, sin lograr producir un diálogo. En el programa de mano se ofrecía una sinopsis de la obra con hermosas palabras, como el símbolo, la metáfora, la contradicción, en esencia, la creación de otra realidad a partir de esta, el eterno preguntar del hombre y la respuesta encontrada en él mismo, se funden para dar movimiento, palabra, pensamiento y vida a Los ladrones. Todo ello puede ser muy interesante a la lectura, que nos permite reflexionar, detenerse ante cada símbolo y metáfora, y aspirar profundamente su contenido.

Un drama, es decir cada obra de teatro, tiene que tener por lo menos algo de acción, de problemas, de ideas que no desaparezcan ante nuestros ojos y nuestra inteligencia antes de haberlos asimilado. Hay ciertas ideas en Los ladrones como el deseo de solidaridad entre todos los hombres, quienes no hay que mirar como sombras que pasan, sino tratar de penetrar en su alma y su pensamiento. El hombre vive con una máscara en la cara, y rara vez se permite el lujo de quitársela. Lo que hacen los dos protagonistas en el escenario cuando tratan con las manos de quitarse esa máscara simbólica que llevan pintada en la cara. Quizá ese escrito –ese poema en prosa– de Rodolfo Olvera sea muy interesante para la lectura, pero no lo es para el escenario.

Y caso extraño, ese joven autor que parece tan inmaduro para la dramaturgia, tiene profundas raíces en el teatro. Es un teatrista desde la infancia. Y más aún, es un elemento surgido de lo más profundo del teatro realista. Es actor de El extensionista a través de sus 1800 funciones; será el próximo "Ingeniero agrónomo" en la representación. Es decir la primera figura, el "extensionista", que ya tuvo otros tres protagonistas en el mismo papel. Antes de actuar en ese drama de Felipe Santander, ya actuaba de niño en la compañía de Enrique Alonso, y después, como un verdadero teatrista, enamorado de su profesión, el joven ingresó a la Escuela Dramática del INBA de la cual egresó con brillantes calificaciones. ¿Será que su obra Los ladrones tan enigmática y abstracta, se debe a un profundo aburrimiento por tan largo realismo en su corta vida de adolescente, y tan larga vida de hombre de teatro?