FICHA TÉCNICA



Título obra El tejedor de milagros

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Héctor Bonilla

Elenco Sonia Montero, Mario Casillas, Elizabeth Willert (Liza), Juan Manuel Díaz, Patricio Castillo, Héctor Martínez, Mauricio Davison, Pablo Aguirre, Blas García, María Elena, Pardavé Mabel Martín, Miguel Ángel Brito

Escenografía Serafín Gordon

Grupos y compañías Centro de Experimentación Teatral

Espacios teatrales Teatro Comonfort

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 6 febrero 1966, pp. 4 y 5.




Título obra La precaución inútil (o El barbero de Sevilla)

Autoría Pierre-Agustin Caron de Beaumarchais

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz, Rafael Llamas, Jorge del Campo, Luis Gimeno, José Baviera, José Peña "Pepet", Eduardo López Rojas

Escenografía Julio Prieto

Música Raúl Cossío

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Notas Luis Gimeno puede ser Luis Jimeno

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 6 febrero 1966, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

[El tejedor de milagros, La precaución inútil]

Mara Reyes

El tejedor de milagros. Teatro Comonfort. Autor, Hugo Argüelles. Escenografía, Serafín Gordon. Reparto: Sonia Montero, Mario Casillas, Liza Willert, Juan Manuel Díaz, Patricio Castillo, Héctor Martínez, Mauricio Davison, Pablo Aguirre, Blas García, María Elena Pardavé, Mabel Martín, Miguel Ángel Brito, etc...

El Centro de Experimentación Teatral ofrece su segundo espectáculo con la presentación de la tercera obra de Hugo Argüelles El tejedor de milagros y la de un nuevo director de escena: Héctor Bonilla –antes conocido sólo como actor.

El tejedor de milagros, (llevada anteriormente a la pantalla por Francisco del Villar y con la participación de Pedro Armendáriz, Sergio Bustamante, Columba Domínguez y Begoña Palacios) es una obra bien estructurada, en la que el costumbrismo se emancipa de la atadura melodramática a la que otros autores lo habían vinculado, para abarcar de un tajo, desde la farsa, hasta la tragedia. Hugo Argüelles ha encontrado en ese costumbrismo jocoso-macabro una veta para hacer aflorar los complejos mecanismos que obran dentro del “mexicano”, y que le han creado esa curiosa idiosincrasia que hace que la fe cristiana se dé la mano con el paganismo, que la rebeldía se simbiotice con la sumisión, que se haga mofa de lo más sagrado y se enaltezca lo vil y despreciable. La estructura hiperbólica de esta farsa, en la que un recién nacido es victimado por la ambición de unos, y la necesidad de ver un milagro, de otros, fue trazada por Hugo Argüelles con perfección geométrica. Los diálogos certeros, apuntan siempre a un blanco y no pierden nunca su progresión. Ninguna situación se desvía del trazo, por lo contrario, todas corresponden estrictamente al lugar geométrico en el que la anécdota y los conflictos las colocan.

Los personajes, característicos [p. 5] de un pequeño poblado de México, no son simples tipificaciones, sino que cada uno de ellos es dueño de un carácter que lo singulariza. La crítica social que lleva implícita esta farsa trágica de Hugo Argüelles, ve más allá de la simple crítica de costumbres, cala en lo hondo de “lo intocable”.

Pasando a lo que es la puesta en escena, debe señalarse que la iniciación de Héctor Bonilla en la tarea directiva es, más que una promesa, una realidad. Su forma de manejar las situaciones, de plasmar los caracteres, de componer su plástica, manifiestan en Bonilla dotes indiscutibles para esta nueva actividad, dentro de la cual revela imaginación y seguridad.

Aunque la mayoría de los actores que intervienen en la representación son todavía estudiantes o recién egresados de las escuelas de arte dramático, forman un grupo homogéneo, bien equilibrado y en un nivel muy superior a muchos grupos “profesionales”.

Sobresalen en los primeros papeles: Sonia Montero –quien posee una magnifica voz y gran sinceridad en su actuación–, Mario Casillas, Liza Willert, Juan Manuel Díaz, Patricio Castillo, Héctor Martínez y Mauricio Davison (este último es un buen actor, su único enemigo sigue siendo su acento, con el que tendrá que luchar hasta dominarlo). En los papeles secundarios, todos los actores cumplen su cometido con justeza. La escenografía de Serafín Gordon, es sobria y funciona admirablemente para todas las escenas.

La precaución inútil (o El barbero de Sevilla). Teatro Orientación. Autor, Pierre Caron de Beaumarchais. Dirección, Rafael López Miarnau. Escenografía, Julio Prieto. Música, Raúl Cossío. Reparto: Emma Teresa Armendáriz, Rafael Llamas, Jorge del Campo, Luis Gimeno, José Baviera, José Peña “Pepet” y López Rojas.

El Teatro Club presenta una comedia, la primera de la trilogía de Pierre Caronde Beaumarchais, y que se compone de La precaución inútil –o El barbero de Sevilla–, Las bodas de Fígaro y La madre culpable. Obras que crearon, en su momento un gran revuelo, debido a la crítica que el autor pone enlabios de su personaje Fígaro –identificado con el propio Beaumarchais–, como en aquella frase en la que dice que “Si a un criado se le exigen tantas virtudes, ¿se encontrarían por ventura muchos nobles dignos de ser sus propios lacayos?”

Varios compositores basaron sus óperas en estas obras (Mozart en Las bodas de Figaro, Rossiniy Paisiello en El barbero de Sevilla) y obtuvieron tal éxito que ahora es difícil disociar los nombres de ellas de las de Mozart o Rossini.

Lo importante del Fígaro de Beaumarchaises que éste logró coordinar en ella, por un lado, los anhelos populares de libertad e igualdad que pronto habrían de estallar en la Revolución (la obra se estrenó en 1775) y por otro, las tendencias antagónicas, moralistas y realistas, que obraban en el teatro de la época, que se plasman, privadas de su antagonismo, en el carácter de ese criado que sabe obrar para su bien propio, ayudando al Conde de Almaviva por la remuneración que éste pueda darle, sin por ello vender su conciencia, o dejar de criticar al deleznable proceder de la nobleza para con las clases no privilegiadas, a las que él pertenece. Fígaro no pierde jamás su conciencia social.

El trabajo de Rafael López Miarnau puede relacionarse con el que efectuó en El alquimista de Ben Jonson, en cuanto a ritmo, caracterización de personajes, agilidad en los desplazamientos. Rafael López M. es un director que sabe aplicar a cada obra una técnica formal de dirección apropiada a la escuela y estilo de aquélla. Su virtud principal consiste en que no se basa en moldes, sino en hallazgos, en soluciones.

Emma Teresa Armendáriz dio a su Rosina toda la gracia y picardía inherentes al personaje. Es una actriz que sabe [representar tanto] a un personaje eminentemente trágico –como tantos que le hemos visto representar– como a uno frívolo, superficial o romántico. Vemos el mismo versátil acoplamiento de Rafael Llamas con los personajes que interpreta. ¿Quién podría hallar, en el Conde de Almaviva, un resabio del Franz de Los secuestrados de Altona? Su interpretación, enriquecida además por sus tres caracterizaciones fingidas dentro de la comedia –de estudiante, soldado y enviado de don Basilio– es excelente. El trabajo de Luis Gimeno es también digno de este calificativo. Se trata de un actor que sabe adecuar sus recursos y su oficio en sus interpretaciones. Sabe, ante todo, interesar al espectador en cada uno de sus gestos y de sus palabras, es ésta, quizá, la mayor de sus cualidades.

No se quedan atrás los trabajos de José Baviera y de Jorge del Campo –aunque este último se desenvuelve mejor en personajes dramáticos– que encarnan con toda propiedad al Doctor Bartolo y a Fígaro, respectivamente. Completan el reparto, con todo decoro, José Peña “Pepet”, en dos breves papeles y López Rojas. La escenografía de esta divertida comedia, acredita una vez más, el buen gusto de Julio Prieto.