FICHA TÉCNICA



Título obra P.D. Tu gato ha muerto

Autoría James Kirkwood

Dirección Enrique Gómez Vadillo

Elenco Humberto Zurita, Manuel Ojeda, Karmen Erfenbach, Alfredo Zarazúa

Escenografía Humberto Figueroa

Espacios teatrales Teatro Granero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un espléndido mano a mano: Zurita y Ojeda” en El Día, 7 marzo 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un mano a mano: Zurita y Ojeda

Malkah Rabell

El programa de mano llama a esta obra del autor norteamericano, James Kirkwood comedia dramática. pero hay momentos cuando este P. D. Tu gato ha muerto, se antoja una tragicomedia. Drama de dos hombres, presentado de manera risueña, con mucho sentido del humor, y cierta frivolidad, que hace reír constantemente al público, aunque en realidad más se antoja llorar en determinadas escenas. llanto, risa y frivolidad tan de moda en la nueva expresión dramática universal, sobre todo en el teatro comercial. Risa que hace rechinar por su recóndita tristeza. Y en esta "comedia dramática", es la vida de dos hombres que va diseñándose poco a poco, con todos sus pequeños y grandes males en esa enorme ciudad de maravillas y desastres: Nueva York.

Un muchacho italiano que un poco por haraganería y otro poco por mala suerte, se dedica al muy poco brillante oficio de ladrón, y se introduce ya por tercera vez en la misma casa, en el mismo departamento, y con esta habitual falta de consideración por la vida y por los intereses vitales de las personas saqueadas, se lleva el manuscrito de una novela ya a medias terminada, y que iba por muy buen camino del dueño de la vivienda, de la cual éste no tenía copia. Y desde luego, el muy joven ladronzuelo tira a la basura esa obra que para él no tiene el menor valor. Pero que para su dueño significa meses de trabajo creativo, y aún más, las ilusiones de triunfar en el futuro. El drama. o la "comedia dramática" como la llama el programa de mano se basa en un largo diálogo entre esos das seres tan diferentes y a la vez tan semejantes en muchas cosas: un ladronzuelo fracasado, y un actor igualmente fracasado.

Y en esos dos papeles, dos jóvenes actores, frente a frente, en dos actos, de dos horas de duración, Humberto Zurita, como el caco de origen italiano, Vito Antonuci, y Manuel Ojeda como el actor que nunca ha logrado un auténtico éxito en la profesión dramática y ha depositado todas sus esperanzas del porvenir en su novela que ya tenia 150 páginas elaboradas, esos dos actores logran un espléndido mano a mano. Aunque a veces no se sabe muy bien por cuál misterioso mecanismo, los dos, y sobre todo Manuel Ojeda, han de esconder el rostro entre las manos para no demostrar la risa que los sacude. Son cosas que pueden suceder, pero que son indignas del profesionalismo de dos excelentes actores, que a fines del año seguramente van a figurar en las ternas por la mejor actuación.

¿Y por qué esta risa? ¿Será que Humberto Zurita, un actor surgido de las filas estudiantiles y del teatro universitario hace unos pocos años apenas, introducía en el texto ciertos cambios inexistentes en el original, y Manuel Ojeda no lograba retener su repentina alegría.

¡Una obra muy hábil! Quizá sin grandes valores dramáticos, pero interesante, que mantiene [Frase incompleta y una oración repetida en el original. N. del E.] comicidad, ya dolorosa por la melancolía que esos dos hombres tratan de esconder. No menos hábil es la dirección de Enrique Gómez Vadillo que presenta el espectáculo en el teatro Granero, con se escenario circular que no es nada fácil de manejar, En algunas –muy pocas– escenas, perdíamos la claridad de los diálogos, cuando los intérpretes nos daban la espalda, debido a las necesidades precisamente del foro circular. Otra de las virtudes del director fue la de haber encontrado dos actores aún nuevos, aún desconocidos tanto para el público como para la critica Karmen Erfenbach en el papel de la amante del fracasado, Jimmy Zoole (Manuel Ojeda), y Alfredo Zarazúa, el nuevo amor de la protagonista. Si no me equivoco, ambos jóvenes actores se encuentran por primera vez en el escenario de un teatro profesional, y sus intervenciones, aunque muy breves –sobre todo la de Zarazúa–, resultaban muy naturales, ambos con una clara dicción y mucha libertad en sus movimientos escénicos. Son dos intérpretes que –creo– dentro de muy poco habrá que tomar en consideración.

Redondeaba la puesta en escena la escenografía de un escenógrafo poco conocido: Humberto Figueroa.