FICHA TÉCNICA



Título obra Crímenes del corazón

Autoría Beth Henley

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Julieta Egurrola, Margarita Sanz, Christian Bach, Margarita Isabel

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Crímenes del corazón” en El Día, 27 febrero 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Crímenes del corazón

Malkah Rabell

El programa de mano llama a estos Crímenes del corazón, comedia. Empero, me parece más indicado denominarlo melodrama, sin intención peyorativa alguna. Un excelente melodrama que aúna comedia y drama, risa y llanto, cuyo tema es dramático y hasta trágico, pero cuyo estilo recurre a constantes momentos de comicidad que mantienen alegres a los espectadores, quienes nunca resienten los nervios deshechos. Y hasta el momento más dramático despierta risas. Historia de tres muchachas, de tres hermanas, debida a la pluma de la autora norteamericana, Beth Henley, premio Pulitzer 1981. Historia de tres hermanas, ninguna de ellas muy normal, Lenny, la mayor, solterona que teme a los hombres y se autodestroza, probablemente por tener una hermana menor muy bonita y "vampiresca" que le crea con toda la intención un complejo de inferioridad, y también, quizá, por tener un abuelo que se dedica a contar a todo el mundo los defectos –a menudo inexistentes– de su nieta "preferida"; Meg la menor, muy poco inclinada a tomar en consideración la ética, ni tampoco preocupada por todo el daño que siembra a su paso, en tanto los triunfos que no tiene, los inventa; y Babe, muy bonita, pero ya sin duda una débil mental. Las anormalidades, las anomalías de esta familia empiezan ya con la madre que se suicida al ser abandonada por su marido, y al elegir la muerte, cuelga a su lado el cadáver de su gato. En esta obra, aunque nunca se menciona el país, o la ciudad donde sucede la acción, son no obstante muy claras las huellas, las características de los Estados Unidos menos una: cuando Lenny se entera de la muerte de un caballo, de repente la pieza gira hacia Inglaterra, donde la posesión de un caballo en las clases superiores es muy natural. En cambio, la gran cantidad de problemas psicológicos subyacentes, nos lleva derechamente hacia los Estados Unidos, donde la vida de las mayorías están permanentemente relacionadas con el psicoanálisis, tal vez no tanto por la moda como por la necesidad.

En la puesta en escena de ese magnífico director universitario como es Héctor Mendoza –que rara vez pone su trabajo directivo al servicio del teatro comercial– todo el reparto dio lo mejor de su capacidad, siendo dos de las figuras centrales: Julieta Egurrola y Margarita Sanz, las actrices universitarias que siempre intervienen en las creaciones escénicas de Héctor Mendoza. En el presente reparto semi-universitario, hasta Christian Bach, como la hermana casada, Babe Botrelle, perdió su acostumbrada rigidez televisiva, para dar vida a una protagonista convincente. A su vez, Margarita Sanz, que a menudo irrita por su sobreactuación en el papel de Meg, logró una admirable interpretación, y se mostró especialmente bella, compitiendo en este renglón con Christian Bach, y hasta ganando la partida. En cuanto a Julieta Egurrola, en el papel de Lenny, fue la excelente actriz de siempre, con mucha comprensión para el carácter del personaje nada fácil de la siempre fracasada Lenny, sacrificando su usual belleza para la mejor naturalidad de la protagonista. Cerró el cuarteto femenino Margarita Isabel, como una prima de las tres hermanas, tan antipática e interesada en la herencia del abuelo, como suelen serlo en la vida real los parientes lejanos, y hasta cercanos.

En cuanto a la circunstancia de haber montado el espectáculo en el teatro Polyforum Siqueiros de circular escenario, se me ocurre que tales escenarios sólo sirven para experimentaciones con obras de un género muy especial. Para una obra como Crímenes del corazón, ajena a todo experimento, espectáculo tradicional más que nada, la circularidad del foro sólo molesta. Desde cualquier asiento que ocupe el espectador, alguna de las piezas de una escenografía inexistente, de un mobiliario reducido a su mínima expresión, impide una buena visualidad, y no lo puede salvar ni un director como Mendoza acostumbrado a los experimentos y a los foros circulares. Ello no impidió que ya desde sus primeras funciones, el espectáculo entusiasmó al público que desde el primer domingo llenó la sala del Polyforum hasta los topes.