FICHA TÉCNICA



Título obra Otelo

Autoría William Shakespeare

Dirección Marta Luna

Elenco Ramino Sotelo, Ángeles Marín, Rafael Cortés

Escenografía Ernesto Bautista

Vestuario Lucile Donay

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Otelo ¿un zoológico shakesperiano?” en El Día, 15 febrero 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Otelo ¿un zoológico shakesperiano?

Malkah Rabell

Durante la primera media hora de la representación, no logré comprender la finalidad que perseguía la directora Marta Luna al someter todo su conjunto de actores a tantos brincos, retorcimientos y amaneramientos plásticos. ¿Trataba de crear un ballet? ¿Se esforzaba por imitar a Guillermina Bravo en su montaje de Fuente Ovejuna, que más recordaba una danza que una tragedia? Al cabo de los primeros diez minutos, comprendí que tratábase de un bestiario. ¿Los personajes de Shakespeare en un zoológico? Me tardé más de media hora para dilucidar, por fin, el objetivo de la dirección: cada protagonista representa simbólicamente algún animal en esta faz de la Tierra de Dios; cada personaje lleva en sí-mismo las características de algún ser irracional: Yago, las de la serpiente; Casio, las de un palomo; algunos parecen Desdémona, las de un antílope, de un cabrito. A quien no le pude encontrarle semejanza alguna con sus hermanos de inferior categoría, fue a Otelo. ¿Águila? ¿Toro? Sin duda en una puesta en escena tradicional Otelo puede adquirir el vuelo de un águila, o la nobleza de un toro bravo. Depende de la naturaleza del actor...Pues bien, la idea es ingeniosa, hasta original. Sobre todo como de jóvenes actores se trata, les resulta más fácil rehuir comparaciones con los grandes intérpretes que suelen actuar en los papeles estelares de Shakespeare. Mas, ¿se ha preguntado la joven directora Marta Luna todas las heridas que tal recurso puede imprimir al texto original? ¿Se ha interrogado cuánto desgarramiento sufrirá la dramaticidad de esta hermosísima tragedia? Lamentablemente así sucedió. El gran Shakespeare llevado al plan de un bestiario, se achicó, se encogió, y nos dejó no sólo fríos, sino a menudo furiosos.

Desde el punto de vista plástico, la representación tenía sus momentos de belleza, y Yago, que en lugar de un alma; lleva una serpiente venenosa y maligna intrigante de alma más retorcida en el repertorio del teatro occidental, papel que gran número de actores han logrado elevar a las alturas de una brillante interpretación Yago se arrastra por los suelos como un maligno gusano, con actitudes más cercanas a la del bailarín que de un intérprete dramático. Dentro de tal aceptación de ese personaje shakesperiano, Ramiro Sotelo demostró mucha agilidad y técnica corporal y tanto él, como todo el conjunto de actores de la compañía Titular del Teatro de la Universidad Veracruzana, que actualmente ocupan el escenario de la sala Reforma, se mostró muy dueño de su voz y de su dicción. Mas, la escena que mayormente molestó por la introducción de elementos animales, fue la de la muerte de Desdémona. Cada vez que la joven y agraciada actriz, Ángeles Marín, levantaba sus "patitas" zoológicas, para suplicar piedad a su marido-verdugo, esta trágica escena, tan bella y tan desgarradora, se tornaba casi ridícula. En cuanto a Otelo, interpretado por otro joven actor, Rafael Cortés, por fortuna éste no tenía ni patas, ni alas, ni cola, que mover. Y pudimos sin restricción, gozar de los parlamentos shakespearianos, que Rafael Cortés nos ofrecía con pasión y temperamento.

Tampoco el vestuario, que mezclaba lo moderno, lo actual, con elementos históricos, de Lucile Donay, convencía, aunque la escenografía, que usaba grandes espejos de fondo, imprimía mayor amplitud al breve foro del teatro Reforma presentaba ciertos elementos poéticos. De ese joven escenógrafo jalapeño, Ernesto Bautista, Hemos visto escenografías mucho más sugestivas. Quizá la gran falla de este experimento fallido, fue esa sensación de falta de línea recta, de limpidez en los medios empleados, recurriendo a elementos demasiado barrocos y retorcidos. El arte más digno es el que con simplicidad y limpieza nos llega al corazón y a la imaginación, al intelecto y al sentimiento.

No obstante, pese a toda esta transformación de Otelo en tragedia de zoológico, los actores nos dieron la agradable sorpresa de no destrozar ni echar a perder nada en el original. Pese a su juventud, ese conjunto casi –o sin casi– desconocido entre nosotros, se mostró maduro para interpretar tan difícil drama. Y tengo la impresión de que si fuera representada la obra con todo su original fuerza, con todas sus condiciones trágicas, estos sectores de provincia que nos visitan se hubieran mostrado a la altura del texto shakespeariano, y no hubiéramos tenido que recurrir a recuerdos pasados ni a nombres ilustres para equilibrar la balanza del arte de estos actores que empezamos a conocer.