FICHA TÉCNICA



Título obra Venga toda la gente

Autoría Mario Castellacci

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Jaimer Garza, Enrique del Olmo, Patricio Castillo, Ana María Bianchini

Iluminación Manolo Sánchez Navarro

Coreografía Tony Ventura

Música Pavlichelli, de Matheis y Bernardinelli

Espacios teatrales Teatro San Rafael

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Venga toda la gente: ¿pastorela o comedia del arte?” en El Día, 2 enero 1984, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Venga toda la gente: ¿pastorela o comedia del arte?

Malkah Rabell

Hace muchos, muchos años que no veo semejante mezcolanza de elementos dispares en la misma obra, como en esta comedia musical: Venga toda la gente. Además, elementos antagónicos: inteligencia y estupidez; filosofía e ingenuidad; historia y contemporaneidad; ateísmo y religiosidad; fe y discriminación de libre pensador; Y si fuera poco, he aquí que se nos presentan el diablo y los ángeles; la muerte y las santos, y los monjes, y los anacoretas, y una monja que se semi-desnuda. Una auténtica pastorela donde sólo falta la Virgen, San José y el niño Jesús. Más, también hay toda una serie de personajes de la Comedia del Arte, con sus Arlequines. Pierrots y Pantalones. Y uno no puede dejar de preguntarse: ¿qué hace Arlequín y Pierrot al lado de San Francisco de Asís? Porque es la historia del Pobrecito de Asís que intentó darle a los animales un alma inmortal con iguales derechos religiosos que sus hermanos la gente de "razón". Lamentablemente, esta comedia musical italiana de Mario Castellacci, no tiene historia. En realidad no hay obra, tan sólo números musicales, como en una revista; números musicales ilustrados, que se entrecruzan tan caóticamente que terminan por cansar y hasta aburrir. Tan caóticamente que perdemos el hilo de los acontecimientos escénicos. Y estos resultan tan pobres que se hace difícil hablar de ellos.

Sin duda la figura de San Francisco es muy sugestiva y se presta para hacer con ella a un protagonista muy tierno, de un drama tierno. Por desgracia el protagonista de esta comedia ni siquiera tiene papel dramático. No hace más que cantar, y pocos espectadores tienen interés en oír a Jaime Garza interpretar una interminable serie de canciones. ¿Cantaba él? ¿Cantaba un play-back? Creo que el joven actor entonaba sus números musicales por sí mismo, con la ayuda de un micrófono, acondicionado entre la ropa, que triplicaba la potencialidad de sus cuerdas vocales. El único que en el escenario daba la impresión de poner toda la potencialidad de su voz al servicio de su personaje, fue Enrique del Olmo en una escena dramática de condenado a muerte que transmite toda su tragedia ante el hacha del verdugo. El único papel en la comedia que "habla" fue el del padre de San Francisco, interpretado por Patricio Castillo, quien mantuvo en vilo al interés del público durante toda la representación, con su personaje que lamenta su mala suerte de tener un hijo santo, cuando él hubiera preferido tener un vástago normal, con amor a la existencia "humana" y a los entretenimientos y placeres juveniles. Excelente actor Patricio Castillo logró una estupenda caracterización en ese padre que considera la riqueza como el más maravilloso don de Dios y ha de batallar con un hijo que nada pide, que nada desea, y es feliz.

Música de tres compositores, Pavlicelli, de Matheis y Bernardinelli, indudablemente italiano, con nombres tan típicamente de su país que se antojan falsificados, la comedia desborda alegría, aunque a veces cae en la monotonía por repetir el mismo ritmo y la misma tonada. Creo que no usan play-backs, sino micrófonos personales para cada actor, como se suele hacer en nuestros días. Desde luego, la música de fondo –lo que hoy se llama la "pista"– y algunos coros eran grabados. Pero lo más alegre y llamativo de la representación fue la coreografía de Tony Ventura que reprodujo en nuestro país y en el teatro San Rafael, la joven bailarina, Ana María Bianchini. Redondeó el espectáculo la iluminación de Manolo Sánchez Navarro. Y bajo la dirección de Manolo Fábregas, toda la función tuvo esa disciplina, ese ritmo perfecto, esa manera de darle unidad artística hasta a un libreto que se distingue por su falta de unidad, que son las marcas de las producciones de este hombre de Teatro por los cuatro costados.