FICHA TÉCNICA



Título obra El sistema Fabrizzi

Autoría Albert Husson

Notas de autoría Maruxa Vilalta / traducción

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Carlos Monden, Graciela Doring, Eduardo MacGregor, Magda Donato Ramón G. Larrea, Andrea Palma, Ricardo Adalid, Jaime Cortés, Alonso Almazán, Micaela Castejón Jesús Colín

Escenografía Julio Prieto

Notas de escenografía Carlos Perdomo / realización

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El sistema Fabrizzi”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 16 enero 1966, pp. 4 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El sistema Fabrizzi

Mara Reyes

Teatro del Granero. Autor, Albert Husson. Traducción y dirección, Maruxa Vilalta. Diseño Escenográfico, Julio Prieto. Realización de la escenografía, Arq. Carlos Perdomo. Reparto: Carlos Monden, Graciela Doring, Eduardo MacGregor, Magda Donato Ramón G. Larrea, Andrea Palma, Ricardo Adalid, Jaime Cortés, Alonso Almazán, Micaela Castejón y Jesús Colín.

Se abre el año teatral con la escenificación de la comedia de Albert Husson: El sistema Fabrizzi, traducida y dirigida excelentemente por la infatigable Maruxa Vilalta.

Se trata de una comedia de buen humor, en la que el autor maneja finamente la sátira hacia uno de los pilares de nuestra sociedad: las finanzas, y su deshumanizado engranaje, el cual pone al descubierto al imaginar un sistema financiero vuelto al revés. Uno de los aciertos mayores de Husson, fue la creación del personaje de Antonio Fabrizzi, trazado, en los dos primeros actos, con una suprema lealtad a sí mismo y que merecía que el autor se hubiera esforzado más en encontrar un final para su comedia más consecuente con la manera de actuar de su personaje. La anécdota, ingeniosa, es tratada por el autor con verdadera maestría en esos dos primeros actos. Es una lástima que toda la seguridad que muestra Antonio Fabrizzi, se vea desvirtuada en el tercer acto de la comedia; se halle sin el respaldo de una motivación, que lejos de desteñir su trazo y de hacerlo aparecer como un irresponsable, justificara su conducta. Si las finanzas de Fabrizzi crean un “sistema”, había que haberle dado consistencia a ese sistema. Si se buscaba “el milagro”, entonces el autor debía, sin miedo, haber conducido la acción hacia el auténtico milagro de “la multiplicación de los panes” y no dejar al aire la solución, basada exclusivamente en el azar. Pero fuera del final, que traiciona a la comedia, la obra tiene la virtud de crear una atmósfera en la que campea la frescura de un hombre no corrompido, que se enfrenta a los leones y acaba por domarlos. La situación amorosa, fuera de romper la acción principal, la renueva, la completa, sirve, en una palabra, tanto a la estructura formal, como para la comprensión más plena de ese extraño filántropo que es Fabrizzi.

El diálogo, hábilmente manejado por Husson, es singularmente aprovechado por Maruxa Vilalta. Su capacidad como directora de escena se evidencia en mil y un detalles, como por ejemplo, esa curiosa imitación que hace Fabrizzi, en ciertos momentos, de algunos de sus interlocutores. O esos cambios de voz, de matiz y de intención, que hacen todos los actores, para señalar transiciones que de otro modo serían imperceptibles. Maruxa da agilidad a la acción, ritmo a las escenas y carácter aun a los personajes transitorios. Demuestra, ahora más que nunca, que la dirección escénica es una actividad que merece ser frecuentada por ella con más asiduidad.

La caracterización que realiza Carlos Monden es insuperable. Su personaje vive, gracias a que Monden sabe mantener el equilibrio y el enigma de su personalidad, sin develar nunca su misterio y sin traicionar jamás su sinceridad. Lo más difícil del papel que tocó desempeñar a [p. 6] Graciela Doring, era la transformación que sufre su personaje al contacto de ese hombre singular que es Fabrizzi; transformación que esta actriz supo llevar tan súbita o paulatinamente como la acción se lo reclamaba, y sin que llegara nunca a ser infundada.

No cabe duda que el ejercicio de un actor dentro del teatro clásico, es para él la mejor cátedra. Eduardo MacGregor, después de haber actuado casi exclusivamente en obras clásicas españolas, retornó al teatro moderno con aplomo y una seguridad, que ponen de manifiesto la madurez de su estilo interpretativo y de su técnica histriónica.

Completan el reparto: Magda Donato, en un papel breve pero jugoso; Andrea Palma, atinada, pero la misma e invariable Andrea Palma; Ramón G. Larrea, en un papel difícil –Monseñor Ottavia– que le viene un poco grande, especialmente, debe cuidarse de no adelantar sus reacciones; Jaime Cortés, que desempeña el inspector de Policía; Ricardo Adalid, en un correcto banquero; Micaela Castejón, en un papel episódico y Jesús Colín.

De magnifico buen gusto es el mobiliario que sirve por sí solo de escenografía. Esta realización es un triunfo más que Maruxa Vilaltase apunta en su carrera.