FICHA TÉCNICA



Título obra Las moscas

Autoría Jean Paul Sartre

Dirección Marilú S. Surió

Elenco Rolando de Castro, Minerva Peña, Trinidad Delgado, Alberto Rojas, Luis Barragán, Alfonso Alvarado, Julián Guajardo

Notas Marilú S. Surió puede ser Mariluz S. Surió

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Las moscas”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 21 noviembre 1965, pp. 4 y 5.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

imagen facsimilar

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Las moscas

Mara Reyes

[Nota incompleta desde su publicación original. N. del E.]

subrayado, la directora viste a sus personajes lo mismo con pantalones, suéteres y chaquetas contemporáneas, que con túnicas o mallas; lo mismo les pinta la cara para dar la impresión de máscaras, que les deja casi sin afeites.

Nada mejor para la interpretación de esa obra de Sartre, quien hace hablar a los personajes de la antigüedad griega de la cortina metálica, de los comercios o de los turistas que parece que nunca han sido vistos por los montañeses. Los anacronismos pues, son usados por la directora, lo mismo que por el autor, para señalar que la anécdota no está circunscrita a ningún tiempo y que el problema del hombre y su libertad, del Ser y su destino, existe desde que el hombre es hombre.

La directora, sin traicionar ni un momento al autor, va llevando al espectador hacia la tesis de Sartre, que podría quedar enunciada con uno de los parlamentos de Júpiter: “Una vez que ha estallado la libertad en el alma de un hombre, los dioses no pueden nada más contra ese hombre. Pues es un asunto de hombres, y a los otros hombres –sólo a ellos– les corresponde dejarlo correr o estrangularlo”, Palabras que cobran una resonancia épica, cuando Orestes, frente a frente con Júpiter, lo increpa diciéndole: eres “el rey de las piedras y de las estrellas, el rey de las olas del mar. Pero no eres el rey de los hombres”. Para terminar declarando la afirmación existencialista: “Soy un hombre, Júpiter, y cada hombre debe inventar su camino”.

Mariluz S. Surió ha encaminado toda la escenificación de esta obra magistral de la primera etapa del pensamiento sartreano, a proyectar ese mensaje. Y lo ha proyectado contundentemente: artísticamente.

Dos actores llevan sobre sus hombros el mayor peso de la obra: Rolando de Castro –en el papel de Orestes– y Minerva Peña, en el de Electra y, puede decirse sin rodeos, que ambos están excelentes. Rolando de Castro se coloca con esta obra en la primera fila de nuestros jóvenes actores. Pasa por cada uno de los momentos del personaje, desde la debilidad de quien se siente desarraigado a todo, hasta la fortaleza de quien se ha adueñado del secreto vital de la existencia, encontrando siempre el matiz adecuado y con una progresión vivencial siempre intensa. Minerva Peña posee una fluidez en el actuar que llama la atención, [p. 5] consigue también llegar al espectador y ser “creída”.

Secundan a estos dos jóvenes actores, Trinidad Delgado (en Clitemnestra). Alberto Rojas (Júpiter), Luis Barragán (Egisto). Alfonso Alvarado (Sacerdote), quienes realizan sus respectivos papeles con toda eficacia. A Julián Guajardo, aún le falta madurar un poco para estar a tono con sus compañeros, pero es indudable que con su empeño –que se pone tan de manifiesto– pronto lo conseguirá.

La escenografía no es de una gran riqueza imaginativa, simplemente es discreta y si no es determinante de la atmósfera creada por la autora, tampoco la entorpece. Podría decirse de ella que es funcional, lo que es una cualidad.