FICHA TÉCNICA



Título obra A caza del amor

Autoría Pablo Salinas

Dirección Xavier Rojas

Elenco Rosa María Moreno, María Wagner, Ema Arvizu, Carlos Bracho, Jorge Ponce de León, Crox Alvarado

Escenografía Carlos Perdomo

Espacios teatrales Teatro El Granero

Eventos Homenaje de la Asociación Nacional de Periodistas a Xavier Rojas

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. A caza del amor”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 14 noviembre 1965, pp. 4 y ?.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

A caza del amor

Mara Reyes

Teatro del Granero. Autor, Pablo Salinas. Dirección, Xavier Rojas. Escenografía, Arq. Carlos Perdomo. Reparto: Rosa María Moreno, María Wagner, Ema Arvizu, Carlos Bracho, Jorge Ponce de León y Crox Alvarado.

El estreno de A caza del amor de Pablo Salinas fue aprovechado por la Asociación Nacional de Periodistas para rendir un homenaje a Xavier Rojas por su meritoria labor como director teatral y con motivo de su muy próximo viaje a Europa que le obligará a estar ausente por varios meses de nuestros escenarios.

La obra seleccionada en esta ocasión por Xavier Rojas es de un joven dramaturgo mexicano que tiene ya en su haber un currículum vítae muy elocuente: en 1956, recibió el premio del mejor autor en el Festival de teatro del INBA con su obra El cordón de San Benito; en 1957, presentó su comedia Sueños de papel; en 1958, obtuvo Mención Honorífica en el Festival del INBA con Los hombrecillos de gris; en 1961, ganó el Premio Especial de Escritores en el Festival Cinematográfico de Moscú, por su guión de la película experimental Volantín y en 1964 estrenó otra pieza teatral: Entre ratas.

Debo confesar que A caza del amor es la primera de sus obras que conozco y a decir verdad, dado su currículum, esperaba yo mucho más de la comedia.

La anécdota, ingeniosa y con un final eficaz, habría sido excelente para una comedia en un acto, pero alargarla a la dimensión de tres actos, dio por resultado un diálogo reiterativo, plagado de lugares comunes, y de escenas de relleno, como por ejemplo el diálogo en el que Ernesto le cuenta a Sofía un sueño suyo que no cumple ninguna función dentro de la anécdota. Este estiramiento innecesario da a la obra un movimiento lento y pesado que el autor trató de animar añadiendo uno que otro chiste que no salva a la comedia de su mediocridad.

El asunto, superficial como es, tiene sin embargo ciertos hallazgos, como por ejemplo, el trazo del personaje de Sofía. Trazo que bien podría aprovechar Salinas para una obra de mayores ambiciones. El personaje de Elisa es un buen esquema, menos conseguido que el de Sofía, pero también aprovechable, ya que se trata de un esquema al que sólo falta afirmar en sus perfiles. Por ejemplo, hubiera sido necesario justificar más su decisión final, que se revela no como una consecuencia de su dinámica interior, sino a todas luces, de una necesidad del autor de dar una solución –por contradictoria que fuera– al conflicto planteado en la comedia. La tercera figura femenina es Ana, un personaje más artificial, más tipificado, cuyo éxito está fincado en el efectismo y no en la línea caracterológica. Los demás personajes sirven a la anécdota pero carecen de personalidad propia, son personajes catalizadores.

Excelente es la actuación de Rosa María Moreno en el papel de Sofía. Tratándose de un personaje bien trazado, la actriz tuvo el material necesario para hacer un trabajo muy superior al nivel general de la comedia. Es evidente que en la consumación de este trabajo intervino no sólo su gracia y sus dotes de actriz, sino también la cuidadosa dirección de Xavier Rojas; elementos que al conjugarse dieron por resultado la personificación de una figura femenina verazmente estructurada.

María Wagner en el papel de Elisa está convincente y Ema Arvizu, tal como el personaje se lo reclamaba, efectista. En los otros papeles, está bien Carlos Bracho, en un papel menor a sus posibilidades y Jorge Ponce de León. El personaje de Ernesto lo encarna Crox Alvarado, de quien no se puede decir que es mal actor, simplemente porque no es actor.

Correctísima la solución escenográfica del Arq. Carlos Perdomo. Debido a lo inapropiada que es la obra para teatro círculo, Xavier Rojas se encontró en el dilema [p. 4] de tener que, o bien mover a sus personajes sin ninguna justificación, o bien, dejar a la obra en un estatismo que le hubiera acabado de dar la puntilla. Así pues prefirió lo primero, lo que originó que en muchas ocasiones los personajes se levanten y cambien de sitio en la mesa del restaurante nada más “porque sí”. Pero en fin, todo [el] pecado de Rojas consistió en tratar de ponerle ruedas a la tortuga.