FICHA TÉCNICA



Título obra Informe para una academia

Notas de autoría Franz Kafka / autor de la narración homónima

Dirección Rafael Pimentel

Elenco Felio Eliel

Espacios teatrales Sala teatral del Museo de los Constituyentes.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Kafka: Informe para una academia ” en El Día, 26 diciembre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Kafka: Informe para una academia

Malkah Rabell

Cuento de Franz Kafka: Informe para una academia, que hemos visto hace más o menos dos décadas, dramatizado por Alejandro Jodorowsky, con Narciso Busquets en la figura del simio, vuelve actualmente al escenario, en una nueva versión debida a Felio Eliel con el mismo actor en el papel protagónico. La nueva versión impuso ciertos rasgos políticos a este monólogo, aunque Kafka es bien sabido nunca fue un escritor político. Creo que el escritor checo en toda su obra no se proponía, por lo menos conscientemente, decir nada en especial. Fue su tremenda sensibilidad de artista y de hombre –y probablemente de enfermo tuberculoso– la que captó no sólo las fibras secretas de su propia época, sino de la nuestra. Tuvo una especie de sentido misterioso, como antenas, que respondían a unas verdades de las cuales en su tiempo aún nadie se daba cuenta. Probablemente el propio escritor no sospechaba la hondura de sus escritos. Sus reflexiones y sus descripciones fluían instintivamente, sin darse él cuenta de sus consecuencias. Fue mucho más tarde, después de su muerte, acaecida en 1924, cuando cumplía los 40 años, en la época nuestra, cuando se inició la interpretación de su obra, tan propensa a la profecía. Fue la época contemporánea que impuso el adjetivo: "kafkiano" a determinadas manifestaciones de nuestra cultura. Y aunque el estilo de Kafka a menudo está dado a lo grotesco y caricaturesco, lo que hizo decir a ciertos ensayistas de distintas nacionalidades –principalmente los franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari– que Kafka es un escritor cómico, en realidad bajo la máscara de extrañas fantasías, la escritura kafkiana no deja de ser trágica.

Este simio, que nos presenta Felio Eliel, bajo la dirección de Rafael Pimentel, tiene mucho menos de político (aunque en el teatro, por igual que en la vida, todo es política) que de humana dramaticidad. Prehistoria que llega hasta nosotros con la voz de la selva africana; cuando el mono desnudo, como llama al HOMBRE Desmond Morris, lanza su grito a través de los milenios. Ese mono kafkiano –que nos presentaron en el Museo de los Constituyentes en su reducida pero cuán agradable salita teatral– ¿que trató de decirnos con el relato de su vida de simio empeñado en hacerse hombre? No porque buscaba una compleja y filosófica libertad: "No, yo no quería libertades. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más. Aunque la salida fuera sólo un engaño". Por igual que ese pobre simio encerrado en una jaula "sin salida", también nosotros que llevamos las mismas raíces, los mismos genes que nuestro ancestro común perdido en la prehistoria, no tenemos "salida" fuera de aceptar y adaptarnos a ese culto mundo moderno, cruel e inhumano, a ese "culto" mundo despiadado, donde hemos de presentar un espectáculo igual que el simio ante el público del music-hall. Un simio que adquiere lo único que hasta el presente ningún mono logró adquirir: la voz, el lenguaje.

En esa obra corta, que en la presentación de Felio Eliel dura 30 minutos tan sólo, Kafka nos emociona con una intensidad que nunca encontré en otras de sus obras. Y el intérprete logra mantenernos en suspenso, Imitando los gestos y las actitudes de un simio recién salido de su selva natal, que poco a poco adquiere los rasgos semi-humanos. Un simio a quien el cazador blanco logró sacar de la selva donde vivía libre para encerrarlo en una jaula, por igual que lo hacía con los hombres de piel oscura. Un simio que cuenta su odisea ante sus "colegas" los académicos con una especie de desgarradora ironía. La nueva versión agrega a otro personaje, al domador, lo que da al espectáculo cierto dinamismo dramático. Bajo la dirección de Rafael Pimentel –excelente mimo a sus horas– la técnica corporal, las actitudes ya simiescas, ya semi-humanas del actor que interpretaba ya a uno, ya a otro, ya al nuevo hombre, ya al antiguo simio que lucha contra sus ataduras biológicas, convencían y mantenían el interés de todo el público. Y este estupendo actor que siempre es Felio Eliel, aunque luchando contra el recuerdo de Narciso Busquets, creó una nueva y compleja figura en su carrera artística.