FICHA TÉCNICA



Notas Manifiesto de la autora sobre su propuesta de teatro relativista

Referencia Marcela del Río, “Manifiesto. Por un teatro relativista”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 7 noviembre 1965, p. 3.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Manifiesto por un teatro relativista

Marcela del Río

Es innegable que el teatro tiene una relación mágica con la realidad, pero se ha tomado hasta ahora dicha realidad como unívoca y fija a un fondo estático y permanente. Es preciso romper de una vez por todas con esa idea restrictiva y crear un teatro que establezca vínculos con una realidad dinámica.

Si observamos el número de combinaciones que ocurren entre los estímulos y respuestas que recibe un individuo, veremos que sería imposible establecer dos realidades idénticas para dos individuos. Es más, un mismo individuo vive en el curso de su vida una serie de realidades disímbolas y multifacéticas.

Así como un dibujo nos dará una impresión diferente según el fondo sobre el que se halle la figura, así la realidad objetiva es vivida según la percibamos y según coincida con nuestra dinámica interior. Un individuo al que se ofrece un vaso de agua –como aquel al que se le brinda afecto– dará diversas respuestas, condicionadas por una parte por su estado físico y anímico y por otra, por el afecto o disgusto que sienta por la persona que le ha ofrecido el agua. Su aceptación o rechazo del agua –o del afecto– se matizará, de manera diferente según vaya dirigido hacia A, hacia B o hacia C. Y a su vez, los individuos A, B o C, no le ofrecerán el agua –o afecto– con pareja emotividad ni recibirán la respuesta en la misma forma.

Cada acción es relativa a las circunstancias que la rodean o que la provocan. Y si un individuo no podría obtener una vivencia igual de una realidad, en dos épocas diferentes de su vida (o con días, horas o minutos de diferencia), ¿cómo aceptar que el teatro pretenda fijar una realidad como si ésta fuera idéntica para todos los que intervienen en una acción? ¿Cómo pretender que tal realidad signifique lo mismo para cada personaje? Inclusive ¿cómo esperar del espectador pareja impresionabilidad? Es tanto como hacer del teatro una máquina fabricante de tornillos iguales y del espectador un robot, sin actividad pensativa, sin sensibilidad emotiva.

Cada individuo vive de diversa manera los estímulos que recibe, lo que equivale a plantear el problema del teatro como una relación mágica no con una realidad vigente para todos, sino con un cúmulo de realidades, puesto que puede suponerse que hay tantas realidades objetivas como individuos, universos y momentos haya y también la realidad objetiva es cambiante, dinámica y relativa a las [circunstancias y al momento. Y estas] realidades son las que hacen obrar a los individuos, las que condicionan su conducta, sus emociones, sus afectos y su adaptación o inadaptación al medio exterior.

La obra teatral se ha empleado como el medio estético para obtener una radiografía del ser humano, de sus sociedades, de sus individuos, de sus ideas, de sus conflictos, deseos, angustias y problemáticas. Y está bien hacer del teatro un instrumento radioscópico emocional, siempre y cuando no se diagnostiquen sus placas como cuadros clínicos crónicos o como verdades absolutas y universales.

El teatro debe tener también la audacia de los científicos. Debe lanzar sus hipótesis al macrocosmos y al microcosmos, debe proyectar al hombre hacia todos los planos, hacia todos los niveles. Debe preguntarse cómo reacciona el hombre a todas y cada una de las realidades ajenas –objetivas o subjetivas, que no por ser subjetivas son menos vigentes para cada individuo–, y no conformarse con presentar el choque entre su “yo” y la “realidad exterior”, como si esta realidad fuera sólo una, sino consciente de que vive rodeado de tantas realidades como hombres habitan el mundo.

Propongo un teatro que comprenda la realidad, y la realidad es frágil e inestable, su fijeza es la misma que la que puede tener el humo. Entonces ¿cómo hacer un teatro estático?

El “teatro del absurdo” ha querido señalar lo absurdo de la realidad, pero en mi concepto lo absurdo de la realidad es sólo una apariencia, en la que no debemos detenernos, sino avanzar al fondo de ella para desentrañarla.

Propongo un teatro en el que sean palpables las diferentes significaciones que cada ser tiene para otros seres. Así como un hombre no ama del mismo modo a cada mujer que se le presenta en su vida, así, cada mujer no ve en él al mismo hombre, aunque todas lo hayan conocido con el mismo nombre. Aquél representará y significará para cada una de ellas diferentes cosas. Si una lo conoció tierno, otra lo recordará brutal, una tercera lo habrá idealizado al punto de ver en él todas las perfecciones, por el contrario de una cuarta que habrá visto en él todos los defectos. El teatro debe poder plantear todas las diferentes identificaciones de un ser consigo mismo; todas sus infinitas representaciones y significaciones; todas sus relaciones e interdependencias con los otros hombres, con las cosas, con la sociedad en la cual se mueve con el Universo o con la naturaleza.

[El teatro debe ser una puerta abierta al infinito (inserción manuscrita de la autora N del E).]