FICHA TÉCNICA



Título obra Nunca en domingo

Notas de autoría Jules Dassin / autor del guión homónimo; Jules Dassin / adaptación teatral

Elenco César Bono, Alfredo Sevilla, Sasha Montenegro

Escenografía David Antón

Coreografía Martin Allen

Música Mames Hadkidakis

Notas de Música Joe Dorian / letra

Espacios teatrales Foro Televiteatro 2

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve Nunca en domingo ” en El Día, 14 diciembre 1983, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve Nunca en domingo

Malkah Rabell

Hubo unos quince o veinte años, cuando la película de Jules Dassin, creada en 1959: Nunca en domingo, llegó a México y fue el gran éxito de la cinematografía internacional. Lo más gracioso de ese triunfo fue la seriedad con la cual el público tomó ese tema de las prostitutas transformadas en lideresas, y hasta en pretendidas revolucionarias. Sobre todo fue considerada revolucionaria una de ellas, Ilya, interpretada por la esposa del cineasta, Melina Mercury, la que siendo la estrella del filme, descubrió la hermandad de ambas actividades para crear un papel triunfal. Creo que en aquella época fui la única en escribir con bastante desprecio tanto de la película como de su mensaje: Si quieres ser feliz, elige la profesión de hetaira. Sobre todo lo que más me molestaba fue el rol de lideresa política que le adjudicaban a la estrella de la cinta, desde luego la más despampanante, inteligente, brillante y amada de todo el grupo de sus compañeras de oficio. Fuera de ese punto de vista tan falso y estúpido: la felicidad de la prostitución, la película estaba muy bien realizada por ese cineasta nervioso y potente que era Jules Dassin, con mucha preocupación por mantenerse dentro de los límites de las características griegas, con actores de esta nacionalidad. con música igualmente griega, siendo que la cinta fue filmada en la misma Grecia.

No deja de ser una sorpresa que el antiguo éxito cinematográfico suba al escenario en forma de una comedia musical, con un libreto igualmente de Jules Dassin y con música de Mames Hadjidakis y letra de Joe Dorian. No sé si yo me volví menos exigente con el paso de los años, pero esa comedia musical en el Foro del Televiteatro No. 2, me divirtió mucho más que Nunca en domingo en la pantalla. Tal vez porque en el presente caso todo el mundo parece tomárselo menos en serio. Todo es pura fantasía que puede suceder en Grecia o en China. Se canta y se baila desde el principio hasta el final, con un ritmo endiablado, con un conjunto de bailarines que dirigidos por la coreografía de Martin Allen resultan estupendos. Todo el mundo canta, desde luego con micrófonos en la mano, además de todos los micrófonos distribuidos por el escenario y la sala, lo que a veces vuelve la música excesivamente estridente y le hubiésemos agradecido mucho a los responsables de bajar de tono.

No entiendo muy bien si la dirección de la obra estuvo en manos de Julissa, ya que se anuncia en el programa de mano: Directora de los Televiteatros, Julissa de Llano. Se me hace un poco incomprensible si esa dirección de "teatros" se refiere al plan artístico o administrativo. Mas, sea quien fuera el director "escénico", realmente el espectáculo es de un ritmo, de un tempo, de una disciplina y alegría permanente, con su movimiento escenográfico y su actuación, dignos de admiración y de aplausos.

Y cuando hablamos de la actuación, surgen de inmediato dos nombres: César Bono y Alfredo Sevilla. A los dos ya los he visto en muchas interpretaciones, pero nunca llegaron a la altura que consiguieron en estos dos papeles: el del norteamericano, estudiante de filosofía que llega la tierra de los máximos filósofos de la antigüedad para realizar su tesis, y queda convencido que la felicidad no reside en la sabiduría; y el del alegre estibador, Yergo. En el primer personaje, me atrevo a decir que César Bono está mejor que Jules Dassin quien interpretó el mismo papel en la película. Bono es más joven, más agradable, más simpático y lleno de un temperamento más apropiado para el protagonista. Y sobre todo resulta más naturalmente cómico que el actor director norteamericano. Y al lado de él, ocupando todo el primer plano del escenario como actor y como personaje, se halla Alfredo Sevilla que se nos revela misteriosamente como bailarín y como cantante. ¡Estupendo!

El papel central de Ilya, como era de esperarse, lo desempeña Sasha Montenegro. Será porque el personaje siempre me resultó de lo más antipático y falto de naturalidad, no logré admirarla. Aunque es buena bailarina, canta (con micrófono todos parecen cantantes de ópera), su belleza física tiene fama, pero me parece que tendría que perder algunos kilos.

Otro de los aspectos interesantes del espectáculo fue la escenografía constantemente cambiante, debida a David Antón, que fue movida con una rapidez y una habilidad admirable.

En resumen, un espectáculo divertido, bien realizado, bien actuado, con excelente coreografía, con buena música, una preciosa escenografía de gran calidad técnica, que daba la oportunidad a un público muy popular –pese a la carestía de las entradas–, de asistir a una representación que en ninguno de los teatros donde ese mismo público suele asistir habitualmente, ha tenido la posibilidad de encontrar igual calidad.