FICHA TÉCNICA



Título obra Fuenteovejuna

Autoría Félix Lope de Vega y Carpio

Dirección Luis Basurto, Guillermina Bravo, Luis Rivero, Miguel Sabido

Elenco Tere Valenzuela, Rosenda Monteros

Espacios teatrales Teatro Hidalgo

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La tragedia de Fuente Ovejuna en el teatro Hidalgo” en El Día, 30 noviembre 1983, p. 26




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La tragedia Fuente Ovejuna en el teatro Hidalgo

Malkah Rabell

En más de una oportunidad la tragedia de Lope de Vega, Fuente Ovejuna, sirvió de clarín para rebeliones nacionales o internacionales. En sus cuatro cientos años de vida, o casi –se imprimió por vez primera en 1619, y no se sabe con precisión en qué año fue escrita–, más de una vez el público salía de la sala, en los más diversos países, al son de la Marsellesa o de la Internacional, dirigiéndose, a veces corriendo, hacia el frente o hacia las barricadas.

Mas, para conservar ese tono incisivo y rebelde, se necesita conservarle a la obra su fuerte soplo dramático. Lo que falló por completo a la puesta en escena que anuncia a cuatro directores: Luis Basurto, Guillermina Bravo, Luis Rivero y Miguel Sabido, y que de repente adquirió un carácter de comedia. Hasta me atrevería a decir que de comedia musical, en la cual no abundaban las canciones individuales, sino los conjuntos corales con Tere Valenzuela de cantante solista. Pero, eran tantos los brincos, las maromas, los saltos, las correrías por la escena que terminaban por marear hasta al espectador de mejor voluntad, y no sólo al crítico. La técnica corporal es buena de tanto en tanto, pero no permanentemente. Las mejores puestas en escena son las que menos se notan. Aquí la dirección resultó excesiva. Parecía que cada actor tenía impuesto un movimiento determinado cada vez que abría la boca y cada vez que desplazaba el volumen de su cuerpo: que se arrodillaba, que se levantaba, que ponía el brazo en el hombro del compañero, y así infinitamente. Por tanto arrodillarse, moverse, levantarse las faldas y ponerse enérgicamente la mano sobre el sexo (lo que dudo que una campesina española de la Edad media alguna vez haría) no sólo se perdía gran parte de los versos, sino –sobre todo– el carácter dramático, el tono de tragedia de la obra. Ni siquiera las escenas de tortura las lograban imprimir. Y a todo lo largo de los dos actos teníamos la extraña sensación de estar en plena comedia, en plena alegría cómica, con músicos en el escenario, numerosos corales y permanente coreografía.

Todo el mundo conoce la tragedia Fuente Ovejuna ¿Quién alguna vez no leyó, no vio en el foro o presenció en la pantalla chica o grande la totalidad o algún fragmento de la obra de Lope de Vega? Emitir la expresión: "¿Quién mató al comendador? –¡Fuente Ovejuna señor!", es afirmar hasta nuestros días, un hecho y una actitud de solidaridad, de colectividad de un pueblo o de un grupo humano dispuesto a morir todos por uno: "¿Y quién es Fuente Ovejuna? –Todos por una, señor". Frase histórica que se volvió política. Que probablemente tenía también en su época un sentido político, cuando los reyes trataban de imponer su poderío sobre los grandes señores rebeldes, aún imbuidos de su prepotencia medieval, y el rey –los reyes– en su búsqueda de monarquía absoluta, encontraron en los campesinos, y también en el pauperrismo urbano, a sus mejores aliados. Por lo mismo, por ese conocimiento del drama, no vale la pena de repetir su argumento.

Mas, no se puede menos que subrayar la característica de drama sin protagonistas, sin figuras centrales, sin estrellas, sin héroes individuales y sin papeles de importancia. Es una obra colectiva, donde el verdadero protagonista, la verdadera figura central, es el pueblo, es decir escénicamente el coro, la multitud, todo el reparto, entre quienes se diluyen los numerosos personajes. En cierto modo es una obra muy adecuada para actores jóvenes, tal como la vimos en el foro del teatro Hidalgo, con sus ex alumnos de la Escuela de Actuación del INBA, entre quienes ya van apareciendo los hijos de padres actores. Pero, ni éstos se hicieron notar con exceso, ni siquiera Rosenda Monteros en el papel de Laurencia, la labradora violada, hija del Alcalde de Fuenteovejuna, se destacó con mayores virtudes, y su famoso discurso: "¡Que dagas no vi en mi pecho – Que desatino enorme... casi pasó sin pena ni gloria.

A menudo se burlan algunos críticos y gente de teatro de las transformaciones modernistas que introducen determinados directores –sobre todo jóvenes y universitarios–, en los textos clásicos. La tradicional representación de la tragedia de Lope de Vega nos demuestra que la modernización no siempre es inútil o ridícula.