FICHA TÉCNICA



Título obra La ciudad revolucionaria

Notas de autoría Grupo Theatre du Solei, autores de 1789, 1793

Dirección Sergio García

Elenco Javier Sema

Grupos y compañías Grupo de la Escuela de Teatro de la Universidad Autónoma de Nuevo León

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La ciudad revolucionaria” en El Día, 2 noviembre 1983, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La ciudad revolucionaria

Malkah Rabell

No a todo el mundo la representación: del grupo de la Escuela de Teatro de la Universidad Autónoma de Nuevo León, bajo la dirección de Sergio García, le puede parecer obra dramática. Para muchos, esa "versión libre" de la obra del Theatre du Soleil se antoja más bien un panfleto. En cuanto a mí, panfleto o no, La ciudad revolucionaria me resultó un espectáculo extremadamente interesante, que me mantuvo en tensión desde el principio hasta el final. No es nada fácil ofrecer con ocho jóvenes actores, un reflejo del año 1789 en Francia, un panorama del año de la revolución francesa, desde la huida a Varennes de Luis XVI con su familia, de donde los san culottes los regresaron triunfalmente, hasta la "Declaración de los Derechos Humanos" en Santo Domingo, donde los grandes señores, dueños de esclavos, deciden que esos derechos son para los "humanos" en tanto los negros no lo son.

Desde luego, cada uno de esos ocho actores, que hacían cada uno múltiples figuras dramáticas, en realidad representaban un símbolo de las multitudes. Pero no podían algunos de los espectadores dejar de imaginarse el mismo espectáculo con grandes masas de actores. No podían algunos dejar de imaginar ese mismo texto, esas mismas imágenes, en el cine, en la pantalla, en forma realista.

Para analizar y reproducir rápidamente el sentido de esa obra, sería muy útil tener a mano el libreto. Lamentablemente no lo tengo, y no todo permanece en mi memoria de ese año 1789 tan lleno de acontecimientos. Es más bien la impresión general que conservo. Como no puedo recordar todo el conjunto, voy a reproducir la sinopsis que presenta el programa de mano: "Partiendo de la huida de Luis XVI y de María Antonieta hacia Varennes ante la inestabilidad de su gobierno, la obra describe en forma retrospectiva a través de una serie de escenas festivas, el desequilibrio social, la miseria, y la corrupción administrativa que habría de llevar al pueblo francés a la revolución.

"Por la semejanza de los procesos socio políticos de nuestro país con el fenómeno de la Revolución Francesa, el grupo seleccionó los textos de las obras 1789 y 1793 del grupo Du Soleil de Brasil [sic], con el propósito de llevar a través de un teatro de humor popular la conciencia del público hacia una realidad actual".

En realidad ni veo muy bien en qué consiste la semejanza con los "procesos sociopolíticos de nuestro país", ni tampoco veo la "serie de escenas festivas". La palabra "festivo" se me hace muy fuera de lugar en esa gran tragedia de una revolución que un pueblo inició para buscar la libertad y sólo encontró la muerte en la guillotina para miles de sus compatriotas. Como dijo Madame Rolland cuando subió a ese monstruoso instrumento inventado por el Dr. Guillotin: "¡Oh, libertad, libertad, cuántos crímenes sin nombre se cometen en el tuyo!". NO, no es posible presentar el año 1789, en tono festivo, aunque hubo un momento dado cuando el director lanzó, o trató de lanzar, a todo su grupo en esa vía. Pero no lo continuó. La tragedia tragó a la intitil [sic] comedia. Y por fortuna que fue así. Porque no hubiéramos podido soportar el tono de diversión para ese año 1789, que trastornó no sólo a Francia, sino al mundo entero.

Lo que sí fue muy claro, fue ese triunfo de la burguesía que significó 1789. Los que luchaban era el pueblo, los trabajadores y los campesinos, pero quienes triunfaban eran los representantes del Tercer Estado. Quienes caían eran los nobles, pero su sangre aprovechaba sobre todo a la burguesía, a la gran burguesía. Pero también esa burguesía triunfante perdía miles de sus cabezas al pie de la guillotina.

La actuación de todo ese grupo juvenil llamaba la atención por su perfecto desenvolvimiento en el escenario. Quizá el que más estupendo nos pareció, en sus diversas figuras, fue Javier Sema, ya rey, ya saltimbanqui; ya Mago Cagliostro, ya diputado, y sobre todo Marat.

En realidad, todo el conjunto de esos ocho actores jóvenes resultaron estupendos, sin las virtudes de los grandes actores trágicos, pero con este encanto y clara dicción de intérpretes que aman su oficio y se entregan a éste con toda su pasión y con todos sus conocimientos. A través de esas ocho presencias, volvíamos a escuchar las razones de la toma de la Bastilla; las voces de las tricoteuses; la voz potente del gran orador de la nobleza, Mirabeau; y los claros razonamientos del inteligente ministro de finanzas, Necker, famoso tanto por su propia personalidad, como por el hecho de haber sido el padre de Madame Stael, la introductora del romanticismo en Francia.

Y todo ese perfecto desenvolvimiento en el escenario, se debió a una excelente dirección, llena de ritmo, de audacias, de movimiento a menudo alegre, (a pesar de todo) y a menudo melancólico, de ese joven director de Monterrey, Sergio García.