FICHA TÉCNICA



Título obra A ninguna de las tres

Autoría Fernando Calderón

Dirección Germán Castillo

Elenco Ángeles Castro Gurría, Olivia Obregón, Belinda Slomansky, Virginia Valdivieso, César Arias, Germán Castillo

Escenografía Germán Castillo

Espacios teatrales Teatro Legaria

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. A ninguna de las tres montaje de Germán Castillo” en El Día, 31 octubre 1983, p. 22




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

A ninguna de las tres, montaje de Germán Castillo

Malkah Rabell

Para su espectáculo de la UNAM, Germán Castillo eligió para el teatro Legaria, en lugar de alguna comedia ligera de autor contemporáneo español o de otro idioma, una comedia de caracteres del autor mexicano del siglo pasado, Fernando Calderón, de quien dijo Menéndez y Pelayo: "No sólo hay hermosos versos en sus obras, sino interés, buen gusto, arranque de pasión, sentimientos nobles y caballerosos que realmente poseía y que sin esfuerzo trasladaba a sus personajes".

Y así, con la puesta en escena de Ninguna de las Tres, Germán Castillo en lugar de hacer reír con la risa fácil y ya muy conocida de un Alfonso Paso o de un Alfonso Anaya, buscó a un poeta nacional del pasado que igualmente sabe alegrar a un público poco acostumbrado al arte escénico, el cual a la vez que ríe, se adentra en la literatura mexicana y aprende a conocer a uno de los dramaturgos de la Escuela Romántica más favorecido cuya influencia mucho más inmediata que en la poesía fue en el teatro.

La vocación por el teatro empezó a sentirla Calderón muy temprano. Su primera comedia titulada, Reinaldo y Elvira, se presentó en Guadalajara en 1827; algunas otras fueron estrenadas de 1827 a 1836. Pero la mayoría de éstas no llegaron hacia nosotros, y las únicas que conocemos y en las que se cimienta el prestigio dramático de Calderón son dos dramas caballerescos: El Torneo (1939) y Hernán o la vuelta del cruzado, que hace unos años fue presentada en el Foro Isabelino bajo la dirección de Héctor Azar. También se conocen de Calderón un drama histórico, Ana Bolena (1842), y una comedia: A ninguna de las tres, que actualmente ha montado Germán Castillo en el Teatro Legaria con jóvenes actores.

Según dice Carlos González Peña en su Historia de la Literatura Mexicana: "Fuera de A ninguna de las tres que es una linda comedia de asunto y de ambiente mexicanos, dentro del estilo a la sazón en boga de Bretón de los Herreros, las demás obras dramáticas de Fernando Calderón son de asuntos extranjeros".

Al enfrentar ese ambiente y esos personajes mexicanos, el autor logró una crítica bastante aguda de su época, cuando entre la alta sociedad abundan las opiniones despreciativas de todo lo que a México se refiere, y con una mueca para todo lo propio, alababan lo digno de alabanza, como lo digno de desprecio, en otras latitudes, especialmente en Francia, cuya cultura, elegancia y "savoir vivre" estaban de moda, y nos recuerdan a no pocos personajes similares de nuestros propios días, quienes a todo lo nuestro consideran "provincia", digno de aldeanos. En A ninguna de las tres, el autor enfrenta a Don Antonio, hombre digno, inteligente y patriota, que no soporta las estupideces que un jovenzuelo, Don Carlos, lanza a diestra y siniestra, siempre dispuesto a sacar a relucir las maravillas que vio en Francia, donde probablemente pasó 24 horas, o tal vez ni esto. A las tres hijas, para quienes su padre, Don Timoteo, miembro rico de la burguesía mexicana, busca un marido igualmente de buena familia como Don Juan, éste las rechaza. Después de un tiempo determinado de reflexión, Don Juan declara que ninguna de las tres ha conquistado su amor.

Efectivamente, las tres jovencitas, son como símbolos de aquellos tiempos. Clara, Leonor y María, presentan ciertas características muy propias de su época cuando estaba de moda leer a Goethe, y llorar con una insoportable sentimentaloide, una inaguantable wertheriana. Su hermana Leonor, no es menos insoportable, aunque dentro de otros rasgos. Es una jovencita que se cree irresistible, y trata de conquistar cualquier hombre que se le pare enfrente. En cuanto a la tercera hija de Don Timoteo, parece haber heredado rasgos de Las Mujeres sabias (Les Femmes Savantes) de Moliere y no deja de hablar de las lecturas científicas y filosóficas que se pasa leyendo y comentando durante la mayor parte de su vida. En esos tres papeles, Ángeles Castro Gurría, Olivia Obregón y Belinda Slomansky, resultan demasiado sobreactuadas y faltas de oficio, aunque las tres son bonitas y usan con gracia esas especies de trajes de baño del siglo pasado, cuyos preciosos diseños se debieron al propio director, Germán Castillo.

No hay nada más desagradable (por lo menos para mí) que una mujer haciendo papel de hombre y disfrazada de tal. Virginia Valdivieso, en papeles femeninos conquistó hace poco los aplausos de la crítica, y si no me equivoco tuvo un premio. Pero en el presente, caso su Don Carlos. con su traje de marinerito, resulta de los más ridículo. Del conjunto, fueron los más simpáticos los dos hombres maduros: Don Timoteo, interpretado por César Arias, y Don Antonio, actuado por Germán Castillo. A este último se debió no sólo la dirección sino también la muy sugestiva escenografía. En resumen, un espectáculo gracioso, divertido y didáctico, ya que nos permitió obtener un reflejo de la primera mitad del siglo XIX en México, tal como lo vivió Fernando Calderón, y tal como nos lo reprodujo Germán Castillo.