FICHA TÉCNICA



Título obra Tiempo de pan y vino

Dirección Bruno Bert

Elenco Susana Frank, Carmen Torres, Sonia Páramos, Sonia Buffi, Federico Nieto, José Enrique Gorlero, Aline Menase, Enrique Celis, Pablo Aguilera

Grupos y compañías Grupo teatral Ítaca

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Grupo teatra Ítaca: Tiempo de pan y vino” en El Día, 19 octubre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Grupo teatral Ítaca:Tiempo de pan y vino

Malkah Rabell

El teatro en la calle, el teatro bajo el cielo, tiene una vieja tradición: desde los merolicos medievales, hasta los revolucionarios de los Partidos Políticos entre las dos guerras mundiales. En Francia, en la época del Frente Popular, se hizo muy de moda el "coro hablado", sobre todo constituido por jóvenes comunistas, grupos que aparecían en las más diversas manifestaciones tanto de su partido como de otros. En Alemania, cuando ya la lucha anti-hitlerista cobraba sus víctimas en las calles de Berlín, los grupos de Cultura Proletaria llevaban sus conjuntos a los rincones urbanos más diversos para presentar obras colectivamente elaboradas con tendencias netamente partidarias. Esos grupos resultaban apoyados por el Partido Comunista alemán y rechazados por el socialista que los consideraban faltos de valores artísticos. También en México existía un movimiento de "Trashumante" que llevaba sus espectáculos por la ciudad y los representaba en las calles, jardines y plazas públicas bajo el auspicio de Bellas Artes.

El presente Grupo teatral Ítaca que tiene su sede en San Bartolo Ameyalco, se ha formado recientemente y pertenece a lo que actualmente se da en llamar "Corriente del Tercer Teatro". Su primera actividad es un espectáculo para la calle, bajo el título Tiempo de pan y vino. Mas, las ambiciones del mismo conjunto que también labora bajo las alas del INBA, van mucho más lejos, y se propone la "consolidación de procedimientos técnicos y teatrales contemporáneos" así como "establecer una relación directa con las comunidades y el pueblo de México".

Debo admitir que los espectáculos callejeros nunca fueron de mi agrado. En primer término porque me gusta asistir a una representación cómodamente sentada en una butaca, sin preocuparme por la lluvia, el sol o el viento. Luego porque los espectáculos callejeros impiden a la mayoría de la audiencia ver, oír y comprender con todos los sentidos.

Pero, ¡Oh, milagro! Tiempo de pan y vino divirtió, me interesó y me entretuvo, pese a mis piernas cansadas, pese al sol que me quemaba los ojos, y pese a los empujones de mis vecinos. Se trataba de un juego popular, al estilo medieval, que llamaba la atención por su ingenio, por su colorido y por su alegría pese a la muerte, esa altísima dama subida en zancos y armada de una guadaña, que termina olvidándose de su macabra misión y reuniéndose a la alegría general. El Grupo teatral Ítaca lo llama: "Representación de arte juglaresco para plazas y calles" Y toda la función tiene en verdad un marcado sabor juglaresco, con su música de instrumentos especiales, y sus trajes medievales de mucha riqueza visual, copiados de los cuadros de grandes artistas de la época, como lo subraya el programa de mano: "Con el espectáculo Tiempo de pan y vino, se intenta recuperar el espíritu del teatro juglaresco, con su sentido lúdico y los elementos que lo hacen atractivo hasta nuestros días".

Más que teatro, creo que Tiempo de pan y vino, es un juego popular en el cual se habla muy poco. El único en alzar la voz para increpar al pueblo y amenazado con todos los castigos divinos y humanos, es el juez, que ha de gritar mucho para hacerse oír de toda la multitud que rodea el lugar de la representación. El juez es casi el único en hablar. El resto del conjunto son figuras que usan técnicas corporal más que vocal. Al juez lo acompaña el verdugo, personaje constante en esa visión del medioevo. Pero el pueblo lo desarma, le quita su inmenso látigo y le arranca su misteriosa capucha que lo hace cobardemente anónimo ante sus víctimas. La multitud hace prisioneros al verdugo y al juez. Ahora los espantados son esos dos prisioneros, ambos amenazados no sólo de muerte sino de torturas. La gente del pueblo pasa de inmediato de las palabras a los hechos, y empieza a serruchar al verdugo, si no me equivoco tortura más bien oriental.

No tarda en llegar Doña Carnal, con su séquito, que arrastra en su baile a todos los presentes. Más, tampoco tarda en aparecer la muerte, figura diabólica, montada en sus zancos que parecen patas de infierno, cubiertos de pelos. Todos ellos, la muerte, la vida, el amor, personajes medulares del medioevo, terminan por bailar una loca zarabanda. Tiempo de pan y vino busca en el lenguaje visual y de la sencillez narrativa sus mejores efectos, a través de la activa participación del actor, de la música y del vestuario". Nada más cierto que estas sencillas palabras que en el programa de mano trata de explicar el sentido del espectáculo que bajo la dirección de Bruno Bert presenta a un grupo de jóvenes actores: Susana Frank, Carmen Torres, Sonia Páramos, Sonia Buffi, Federico Nieto, José Enrique Gorlero, Aline Menasse, Enrique Celis y Pablo Aguilera, quienes con una pasión, con una disciplina y con una voluntad de aprendizaje admirable se entrega a su labor artística.