FICHA TÉCNICA



Título obra Los de arriba

Autoría Jorge E. Patiño

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Joaquín Cordero, Juan Allende, Gregorio Casals, Bárbara Córcega, Martha de Castro

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Vuelve el ‘teatro del absurdo’ con Los de arriba” en El Día, 10 octubre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Vuelve el "teatro del absurdo" con Los de arriba

Malkah Rabell

¿Sueño o realidad? ¿Obra del Absurdo o de la vida real? ¿Búsqueda de verdades eternas o de política actualizada? Durante las dos décadas, del 1950 al 1970, más o menos, cuando reinaban los Beckett y los Ionesco en la escena universal, siempre teníamos la impresión ante el montaje de una pieza del Absurdo, que ya la habíamos visto, sin saber dónde ni cuándo. Sólo la realidad, sólo la vida cambia constantemente y nos puede proporcionar nuevos materiales dramáticos. El teatro del "Absurdo", como todo el arte abstracto, por falta de nuevos elementos imaginativos, no puede menos que recurrir a lo repetitivo y a lo pedido en préstamo a otros autores, a otros artistas. Los de arriba me recuerda la única novela de Ionesco de la cual él mismo hizo una obra de teatro y cuyo título no puedo rememorar, pero cuyo tema enfrenta una revolución en las calles en tanto el protagonista la observa desde la ventana de su casa. También aquí, en Los de arriba –obra en dos actos de Jorge E. Patiño, dramaturgo mexicano nacido en el D. F. en 1941– dos personas, marido y mujer, se hallan encerrados en su casa en espera de un "salvoconducto" que les permitiría huir, emprender el viaje de retorno hacia sus propias vidas. Mientras tanto en las calles, en la urbe destrozada, el pueblo, los "condenados de la tierra", hambrientos, en esa ciudad carente de alimentos y donde la gente duerme en los lugares más inverosímiles y a falta de trabajo y de otras ocupaciones se entremata, esa pareja de "Los de arriba" que fueron ayer, empieza a delirar de miedo y angustia, pero creyendo siempre que aún son los amos del mundo, del país, y que todo lo que sucede en su derredor, es tan solo pasajero. Tema que muy bien podría ser realista. Pero que Jorge E. Patiño prefirió rodear de una atmósfera más bien irreal, en un mundo que se antoja onírico.

Es en el segundo acto cuando la pieza se torna de mayor fuerza. Tal vez porque el autor deja de lado las abstracciones, los "absurdos", y cada vez recurre a la realidad. Es cierto que en el teatro del Absurdo siempre se buscaba "verdades eternas" (la muerte, la enfermedad, la tristeza) en tanto en Los de arriba, en este segundo acto cada vez más se recurre a una verdad actual, de un futuro no lejano, según lo dice el programa de mano. El autor ha encontrado un detalle que le permite jugar con los personajes, que han ido aumentando. Ya son tres los refugiados, y vienen a reunírseles dos enviados del mundo de afuera, a quienes los que ayer no más estuvieron "arriba" toman por cómplices, a quienes se puede comprar con una botella de vino y con algunos halagos. El salvoconducto existe en efecto, pero sólo es válido para una sola persona. Semejante situación da lugar a la más cruel lucha entre los tres prisioneros de "Arriba". Se desnudan sus más bajos instintos en busca de la sobrevivencia. El miedo, la cobardía y la absoluta incomprensión de ese mundo que de repente se les revela, son elementos que sirven de juego a sus carceleros.

En el papel central, el de Abel, uno de tantos que ayer no más estuvieron arriba, aparece Joaquín Cordero, y logra dar vida a un personaje absolutamente inconsciente de la realidad a la cual ha de enfrentarse. Joaquín Cordero es un actor de muchas tablas y aunque no logre crear un verdadero carácter, en cambio conoce todos los secretos de su oficio y tiene en tensión al público a todo lo largo de la representación. Quizá mucho más interesante resulta el trabajo de Juan Allende, como uno de los que vienen desde afuera. También Gregorio Casals en otro personaje de las filas rebeldes, personaje a quien podríamos llamar el "Comisario", pero que el autor llama "El vigilante", domina perfectamente esa extraña figura. Pero quien más me llamó la atención fue Bárbara Córcega, que puso al servicio de la jovencita perdida en la tormenta de esa ciudad destrozada, un temperamento dramático que aún no le detecté en otros papeles. Imagino que muchas facetas de ese rol, con su neurosis, su miedo, su desgarramiento y su llanto enloquecido, que la ponen en el primer plano durante parte del segundo acto, se lo debe a la ayuda del director, Rafael López Miarnau, quien siempre se ha mostrado excelente director de actores. También Martha de Castro, a quien veo por primera vez, demuestra mucho temperamento y ductilidad en ese complejo personaje, la esposa, Emma, que cambia constantemente de rostro, ya mujer que desde su época cuando estuvo "Arriba" conserva las tonterías y manías de la gran Sociedad, ya mujer víctima tanto de su cónyuge como del mundillo que la transformó en objeto de lujo.

En cuanto a la dirección de Rafael López Miarnau, logra imponer un ritmo ascendente desde el principio hasta la última escena cuando llega al clímax. También ha dado a todos sus intérpretes las máximas posibilidades de mostrarse naturales y entregados a sus papeles.