FICHA TÉCNICA



Título obra Los ángeles de Charles

Autoría Andrés Calderón

Dirección Jorge Ortiz de Pinedo

Elenco Jorge Ortiz de Pinedo, Carlos Monden, Óscar Servin

Espacios teatrales Teatro Venustiano Carranza

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Unos ángeles” en El Día, 3 octubre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Unos ángeles desabridos

Malkah Rabell

Los ángeles de Charles, comedia de Andrés Calderón (?), que se presenta actualmente en el teatro Venustiano Carranza, nada tiene de común con los famosos y extremadamente populares Ángeles de Charly de la televisión. Ninguna anécdota policial, ninguna intriga misteriosa interviene en su existencia. Son ángeles de verdad, llegándose del más allá, pero de un más allá que se parece mucho a cualquier historia marciana. Llegaron a este globo terráqueo nuestro especialmente para darle 24 horas de felicidad a un ser terrestre llamado Charles, o mejor dicho Carlos. Por qué ese señor mereció semejante milagro –porque un encuentro con seres divinos es un milagro, ¿verdad?, no lo sé–, y se me hace bastante sospechoso en cuanto a una fe verdadera, y hasta el espectador más ingenuo lo encuentra bastante estúpido. Y como respuesta la sala, ese día de entre semana cuando asistí al espectáculo, se encontraba casi vacía. El público sabe muy bien lo que desea y a lo que va cuando gasta sus 350 pesos por la entrada. Desea reírse. Y esos angelitos tan decentes, tan desabridos, hacían reír un poco. Tenían, es cierto, la ventaja de hablar un castellano muy correcto (tal como lo exige la nueva política) y la de haber suprimido toda clase de groserías y de pornografía. Hasta el protagonista, Charles, de tanto en tanto ofrecía una lección de gramática y de léxico español.

En cuanto a mí, me vi desprovista de materiales para mi próximo artículo, y al revisar la cartelera de "Proteo", me encontré que casi todo lo que se presentaba en los teatros de la ciudad ya lo había visto, empecé a buscar en la otra cartelera, la que se pretende de menor categoría, la llamada "Cartelera Teatral", donde me atrajeron tres nombres: Jorge Ortiz de Pinedo, Carlos Monden y Óscar Servín, reunidos en la misma obra: Los ángeles de Charles; tres excelentes intérpretes. Mas esos tres actores, como todo comediante por más talentoso que fuera, para lucirse, necesitan material adecuado. Lo que no es el caso en esta comedia, sin sal ni pimienta. Creo que la mitad de la representación lo constituían las morcillas de Jorge Ortiz de Pinedo, las únicas que hacían reír a parte del auditorio.

Tres intérpretes, Ortíz de Pinedo, Carlos Monden y Óscar Servin, tres actores de una calidad merecedora de figurar en alguna de las mejores representaciones, sobre todo el primero, quien, con la misma innata facilidad puede presentar un papel de comedia como de otro drama, o en el mismo personaje puede pasar de un estado de ánimo a otro. Lo he visto en la Compañía Nacional de Bellas Artes, haciendo el papel estelar en la comedia clásica de Juan Ruiz de Alarcón: La verdad sospechosa, carácter de mitómano que creó con virtuosismo. Y ya entonces tuvo a su lado a Oscar Servín, que hacía el personaje del escudero Camino con no menor excelencia. En cuanto a Carlos Monden, recuerdo haberlo visto, hará una década, o más, en la interpretación del dramático personaje del sabio alemán, Oppenheimer, acusado de traición a su nueva patria, los Estados Unidos, y sometido a juicio. Creo la obra llevaba como título: El proceso de Oppenheimer y se presentaba en el teatro Granero bajo la dirección de Xavier Rojas. El todavía muy joven actor, Carlos Monden, ya en aquella época llamó la atención de la crítica.

¿Que podían hacer esos tres magníficos actores en una comedia que no tiene ni pies ni cabeza, como esa historia de los ángeles? Alguien en la sala le encontró la virtud de tener un ritmo muy conveniente. Pero si el ritmo era el propio de Jorge Ortiz de Pinedo, que también figura como el director general del espectáculo. Ese endiablado ritmo que demostró en el papel de Antonio, el amigo inseparable de Charles cuyas deudas paga, pero a quien los ángeles no toman en consideración, se transmitía a todo el espectáculo y lo sostenía. Caso extraño, pero nada raro al lado de esos tres intérpretes, actuaban tres actrices sin la menor capacidad interpretativa. Y lo mismo podemos observar en la mayoría de los espectáculos vaudevilescos que se ofrecen en la ciudad de México. En este género hay figuras masculinas de calidad, en cambio son rarísimas las figuras femeninas de igual valor.

En resumidas cuentas, un representación no sirve cuando el texto, la palabra escrita de la obra, no da para mucho, y ni los "monstruos sagrados" pueden salvarla.