FICHA TÉCNICA



Título obra Las hermanitas de Acámbaro

Notas de autoría Alfonso Anaya / idea original; Margo Su / adaptación teatral

Dirección Nancy Cárdenas

Notas de dirección Héctor Kiev / asistente

Elenco Lucha Villa, Ninón Sevilla, María Victoria

Escenografía Kleomenes C. Stamatiades

Coreografía Ricardo Luna

Música Eduardo Magallanes

Espacios teatrales Teatro Lírico

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Las hermanitas de Acámbaro” en El Día, 28 septiembre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Las hermanitas de Acámbaro

Malkah Rabell

El espectáculo que actualmente se presenta en el teatro Lírico, podría muy bien llamarse Las profesionales del amor o El lenguaje del colchón. Esta obra adaptada por Margo Su, sobre la idea de Alfonso Anaya cuyas tendencias frívolas son bien conocidas, tampoco tiene su género correctamente sugerido. Se anuncia como comedia musical y en realidad es un vaudeville con canciones y bailes, como fueron los primeros vaudevilles del siglo pasado. Y tercer error, este me atañe sólo a mí, es que me sentaron en la fila 17, en un teatro tan incómodo como por lo general lo son todas las salas ya envejecidas. Lo que tuvo como resultado que se me perdieran las dos terceras partes de la comedia musical. No veía casi nada detrás del tremendo peinado de la espectadora ante mí en la fila 16. Tampoco oía mucho de los parlamentos por la mala acústica. Lo que parece fue una ventaja, porque así no oí la mayoría de expresiones algo subidas de tono y de color. ¿Y cómo pudo ser de otra manera si el argumento nos introduce en un prostíbulo elegante, imitación parisina? Lugar donde una de las hermanitas de Acámbaro, Bella Eugenia –es decir Lucha Villa– ha encontrado refugio cuando su familia desapareció durante un terremoto. Sitio donde una madre de convenio viene a vender unas bebidas dulces hechas por las hermanas. Y ¡oh! sorpresa, la madre María y la "profesional del Amor" Bella Eugenia se reconocen como hermanas. Desde luego semejante situación se presta a mucha comicidad. Y probablemente si hubiese oído con claridad los parlamentos me hubieran divertido... o terminado por enojar definitivamente...

Pues bien, sin oír ni ver casi nada, hube de hacer funcionar mi imaginación. Francamente de las tres figuras protagónicas, es decir de las tres cantantes: Lucha Villa, Ninón Sevilla y María Victoria, esta última fue la única en demostrar cierta habilidad escénica, y mucha simpatía. Lástima que precisamente a ella se le oía menos, por la finura de su voz acostumbrada a manejarla en la televisión, donde los micrófonos triplican las posibilidades vocales. En cambio Lucha Villa posee un vozarrón que se oye hasta la última fila.

Lamentablemente no es actriz. Y aún menos actriz es Ninón Sevilla, que en lugar de cómica parecía ridícula. Para el canto, las tres usaban micrófono de mano, y se captaba con toda claridad la letra de sus canciones. En general la música de Eduardo Magallanes era muy agradable y se pegaba mucho al oído. También la coreografía de Ricardo Luna no era nada mala y correspondía a cualquier género frívolo. Dentro de las virtudes de la representación es menester mencionar la escenografía de Kleomenes C. Stamatiades. Es un excelente escenógrafo y supo darle un color y una luminosidad muy alegre a esa Casa de mala... perdón, de buena vida.

Lo que no dejaba de llamar la atención es que la dirección escénica pertenecía a Nancy Cárdenas, y al lado de un nombre tan conocido como el suyo, figuraba una persona anónima, como Héctor Kiev. ¿Desde cuándo la conocida directora necesita ayudantes? ¿Y desde cuándo Nancy Cárdenas se dedica á semejante género teatral. Mas, es necesario tomar en consideración que la actual vida y economía de ésta, es de tantas dificultades: que la gente de teatro ya no puede permanecer muy inmovilizada en determinadas posturas y clasificaciones. Tomemos más bien en consideración que las virtudes –aunque no excesivas– de la representación se deben a la directora, y el verdadero juez es el público, el cual llenaba la sala bastante amplia de El Lírico y compensó el final del espectáculo con una verdadera ovación.