FICHA TÉCNICA



Título obra La diabólica pareja de la calle de la Horca

Notas de autoría Jame Malcolm Rymer, Thomas Peckett Prest / autores atribuidos de The string of pearls: a romance; George Dibdin Pitt / adaptación teatral

Dirección Carlos Téllez

Elenco Carlos Ancira, Magda Guzmán, Abraham Stavans, Gustavo Vasconcelos, René Campero, Edith González

Escenografía Ariel Bianco

Espacios teatrales Teatro Julio Prieto

Notas La autora menciona que el autor de la novela es George Dibdin Pitt y el autor de la obra , puesta por ella en duda es C.G Bond.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. La diabólica pareja de la calle de la Horca” en El Día, 21 septiembre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

La diabólica pareja de la calle de la Horca

Malkah Rabell

Hace ya mucho, mucho tiempo que no tuve la oportunidad de ver semejante grand guignol. Mejor dicho nunca vi alguna obra tan truculenta y "granguiñolesca" como este Diabólico Barbero de la calle de la Horca, al lado de quien las Vampiras Morales parecen niñas de pecho. Desde luego basada en una novela de Georges Dibdin Pitt: The string of Pearls, escrita en 1847, tiene el típico tono de una literatura muy especial que se imponía en Inglaterra de aquella época. Además, creo que esta historia de una pareja de asesinos truculentos, barbero él y posadera ella, que emplean la carne humana para taquitos a la británica, no deja de ser un caso verídico. Y para explicar las razones sociales de semejantes crímenes, el programa de mano ofrece una imagen del Londres en aquel tiempo de la revolución industrial, cuando en las fábricas trabajaban mujeres y niños en un porcentaje de dos tercios, por un salario de 3 peniques y medio, en unas condiciones de viviendas con 15 y 20 personas por cuarto, cuando en las casas de asistencia los "pensionistas" estaban obligados a trabajos forzados a cambio de albergue y comida consistente en los desperdicios enviados de los hospitales. Creo que los gustos por la truculencia no han cambiado y esta obra de C. G. Bond (?) despierta igual entusiasmo del público que llenaba la sala del teatro Julio Prieto el domingo en la tarde cuando presencié el espectáculo. Mas, si se trata de pintarnos un panorama del Londres de la primera mitad del siglo XIX, hubiese preferido –toda la vida– asistir a una obra realista basada en la autenticidad social de esos días, en lugar de semejante melodramón... Pero, ¿también lo hubiera preferido el público?

Bajo la dirección de Carlos Téllez –nombre para mí completamente desconocido– asistimos a un montaje nada fácil, con su numeroso reparto y su multiplicidad de escenas. Lo que no impidió una perfecta disciplina tanto en los rápidos cambios de escenografía, como en la actuación del conjunto. La mudanza de telones de fondo y bambalinas, de un escenógrafo igualmente para mí desconocido, Ariel Bianco, se efectuaba con absoluto orden, y las iluminaciones resultaban perfectas. Tampoco los actores, en su mayoría, me eran conocidos, fuera de Carlos Ancira, Magda Guzmán, Abraham Stavans y Gustavo Vasconcelos. ¿Serán intérpretes de la televisión? René Campero, un actor muy joven, es excelente en el papel de Tobías, el narrador callejero que termina por caer víctima de la truculenta pareja, el diabólico barbero y la no menos diabólica posadera: Carlos Ancira y Magda Guzmán, ambos estupendos, que lograban escapar de lo tremebundo, que podía caer en el ridículo con mucha facilidad, por la puerta del sentido del humor. Carlos Ancira es un intérprete cuyos valores siempre han sido reconocidos, pero Magda Guzmán me parece demasiado marginada, cuando es una actriz de múltiples facetas, en todas perfectas, con mucha naturalidad y un temperamento sin exageraciones. Hay actores a quienes se les hace la fama de ser "comerciales", fama de la cual ya no pueden escapar.

Otra figura femenina que desconozco es Edith González, como la heroína de ese episodio "romántico" que se me hace excesivamente parecido a la comedia molieresca: La escuela de mujeres. Edith González como Jahanna es muy hermosa, en realidad se ve rara vez un rostro tan perfecto, pero aún inmadura como intérprete. En el antipático personaje del juez Turpin, Abraham Stavans hace todo lo posible para mantenerlo dentro de los marcos de la credibilidad, aunque no deje de ser una especie de monstruo, y el público se alegra cuando por fin lo matan. Desde luego, Stavans nos resulta mucho más agradable cuando interpreta a un personaje cómico, para los cuales tiene un don muy especial. En cuanto a Gustavo Vasconcelos, hace diversos personajes, todos de carácter.

Las obras truculentas no son de mi agrado y por lo general las rehúyo, pero es un género que tiene derecho a existir como cualquier otro. Y el entusiasmo del auditorio hace este derecho más sólido. De todos modos, dentro de ese género "granguiñolesco" me parece que la representación se desliza sin tropiezos.