FICHA TÉCNICA



Título obra Humboldt y Bolívar

Autoría Claus Hammel

Dirección Rubén Yáñez

Elenco Pepe Vázquez, Pedro Gurrola, María Azombuya, Stella Texeira, Arturo Fleites, Dardo Delgado

Escenografía Gabriel Pascal, Rubén Yáñez, Tolita Figueroa

Grupos y compañías Teatro El Galpón

Espacios teatrales Foro Sor Juana Inés de la Cruz

Eventos 34 años del grupo El Galpón

Notas Montaje que conmemora 34 años del grupo El Galpón.

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Humboldt y Bolívar en el Galpón” en El Día, 12 septiembre 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Humboldt y Bolívar en el Galpón

Malkah Rabell

Obra extraña, que mezcla una infinidad de elementos dispares, y hasta entreteje géneros diversos; que nos enfrenta a un Simón Bolívar en su época juvenil, que a decir verdad desconocemos bastante: figura que en lugar de enseñarnos quien es Bolívar –algo didácticamente–, más bien exige el mayor conocimiento de la personalidad del Libertador para comprender al dramaturgo. Idea que no deja de ser extraña, al presentarnos a un Simón Bolívar colocado en las orillas del Sena, en medio de los famosos clochards de París, y a una de éstos nos lo ofrece como símbolo de la revolución francesa. Pero todo ello lo empezamos a comprender y a colocar en sus determinados meollos, cuando nos enteramos que el dramaturgo no es un latinoamericano, sino un alemán: Claus Hammel. Bien sabido es que el barroquismo, el amontonamiento de elementos expresionistas llevado hasta el extremismo, es uno de los rasgos más peculiares del carácter creativo alemán. Bástenos recordar a vez a Marat Sade y tal vez La cacatúa verde.

Pues bien, henos aquí frente a un Bolívar jovenzuelo prepotente, mimado por la fortuna que le ha quitado a sus padres pero que le dejó una herencia de millonario por las mujeres, por los amigos y por la suerte, que le hace creer en sus derechos divinos de juzgar a todo el mundo, empezando por ese alemán humanista y anti-político que ha visitado todo América de Sur y Centro, y a quien todo París festeja: Alejandro Humboldt, que le parece al joven "indiano" un personaje que sabe mucho de plantas y de minerales, pero que nada entiende al ser humano. A lo que el maduro científico europeo contesta, que siendo estudioso de la naturaleza, también le interesa el hombre que hace parte de la misma. Más tarde, Humboldt admite que nunca hubiese supuesto que ese jovenzuelo insolente fuera con el tiempo un héroe y una personalidad que despertará el interés del mundo entero.

Y caso extraño, en esa obra dedicada a Humboldt y a Bolívar, es otro personaje que destaca y casi aplasta a todas las figuras humanas que lo rodean: es Napoleón, en ese año 1804 cuando se hizo coronar emperador. Y aunque Claus Hammel emplea toda su capacidad de grotesco, y hasta de caricaturista para diseñar a ese antiguo enemigo de su país, no puede con él. Bonaparte o Napoleón desbarata a sus dos enemigos: a Claus Hammel, su "creador", y a su intérprete Humboldt Ribeira [Nombre errado en el origina, N. del E.], quien en una desatada sobre-actuación nos recuerda al personaje del dictazuelo uruguayo en Prohibido Gardel. Mas, pese a todas las burlas, pese a todos los gruesos rasgos de una farsa, en lugar de un drama, y pese a todas las falsedades, el espectro de aquel hombre de genio, Bonaparte, se yergue y aplasta a sus adversarios como si fuera en un campo de batalla. En realidad la obra es tan barroca, tan falta de unidad, que si cambiáramos de orden en los actos. y el segundo hubiera figurado en primer término, y viceversa, la pieza nada hubiese perdido de su contenido, ni de su comprensibilidad.

Por fortuna, esta obra que transforma a cada rato el drama en bufonada, en farsa gruesa, con esa desagradable escena de Napoleón sentado en una bacinica en tanto juega al ajedrez con su jefe del servicio secreto, Salem quien es mejor ajedrecista que el "Amo" de Europa, pues, por fortuna, la salva la dirección que logra algunas escenas brillantes en ese pequeño teatro Universitario: Sor Juana Inés de la Cruz. La que especialmente se me quedó grabada es la de Humboldt ante el Vesubio, que entra en ebullición, que despierta de su sueño de gigante y empieza a mugir sordamente. El conjunto artístico acostado en el suelo, al golpear con las manos el piso del escenario, logra crear unos ruidos misteriosos y terribles, que a su vez crean una atmósfera de terror, que ninguna grabación hubiera logrado. Todas las escenas cuando el emperador habla y actúa rodeado de simples trajes que bajan del techo, de los cuales los cuerpos humanos están ausentes, son muy sugestivos. En general, con muy pocos elementos, con una gran economía de medios, el director Rubén Yáñez, logra crear magníficas escenas colectivas, escenas de masas, a las cuales ayuda indudablemente la interesantísima escenografía que ocupa el difícil escenario a todo lo alto en lugar de lo ancho. Escenografía de formas geométricas y de material metálico, que recuerda puentes abstractos. Hermosa escenografía realizada colectivamente entre Gabriel Pascal, Rubén Yañez y Tolita Figueroa.

En cuanto a los intérpretes, el que más llamó la atención fue Pepe Vásquez en el papel de Alejandro Humboldt: figura atractiva, bella cabeza y excelente actuación. Actor que acaba de agregarse al conjunto de El Galpón. En el papel del joven Bolívar, se presenta Pedro Gurrola, adquisición mexicana, que aún no logra del todo frenar su temperamento y necesita un poco más de mano directiva para controlar sus ímpetus. Pero tiene una dicción clarísima y mucha simpatía juvenil. De los que ya conocemos, María Azombuya como la vagabunda de "Sous les ponts de París", y Stella Texeira, como Josefina, ambas excelentes. En el reparto masculino, quienes más dieron brillo a sus personajes, fueron, Arturo Fleites como el maestro de Bolívar a quien introdujo en las ideas de Rousseau, y en el papel episódico. del mendigo cojo, antiguo soldado napoleónico, Dardo Delgado.

La noche del estreno, El Galpón cumplía sus 34 años de existencia teatral, sus 34 años de existencia colectiva. ¡Enhorabuena!