FICHA TÉCNICA



Título obra Juego mágico

Autoría Juan Ibáñez

Dirección Juan Ibáñez

Elenco Alfonso Calva Urizar, Raúl Calva Urizar (Los Kaluriz)

Escenografía Juan Ibáñez

Espacios teatrales Teatro de los Insurgentes

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Un juego mágico para chicos y grandes” en El Día, 22 agosto 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Un juego mágico para chicos y grandes

Malkah Rabell

Un hermoso espectáculo, supuestamente para niños, pero que, tal vez, divierte más a los papás y a las mamás y en general a todos los adultos que toman como pretexto el acompañar a los pequeños para pasar unas horas agradables en el teatro Insurgentes los sábados y los domingos en matiné donde se representa la obra original de Juan Ibáñez: Juego mágico.

Siempre he pensado, y a veces he tenido la oportunidad de confirmarlo, que a los menores les gusta más una obra de teatro con tema, con argumento, es decir una historia. De la cual carece Juego mágico, y el público infantil, al cabo de una hora, y hasta menos, empieza a cansarse de tanta música operística. Lo que les divierte mucho más y los mantiene quietos en sus asientos es más bien el juego de los payasos y de los mimos, sobre todo de los primeros, Alfonso y Raúl Calva Urizar, "Los Kaluriz", quienes además de cómicos son una estupenda pareja de acróbatas, y tienen toda la simpatía de actores que andan con el rostro al desnudo. Nada de narices rojas, nada de películas grotescas: unos actores que aúnan acrobacia con risa clownesca en forma juvenil y simpática.

El director del espectáculo a la vez que escenógrafo, Juan Ibáñez, ha tratado de imponer los números acrobáticos mientras las voces operísticas entonan fragmentos de una serie de operas, como Aída, Traviata, Carmen, Elixir de Amor, Sansón y Dalila, Cuentos de Hoffman, Madama Butterfly y Bodas de Fígaro entre muchas otras; fragmentos lo suficientemente populares corno para ser de inmediato reconocidos por el auditorio adulto. En cuanto a los menores, toda su atención iba dirigida a los mimos y payasos, a quienes los acostumbró probablemente sus numerosas visitas a los circos, y aplaudían a sus simpáticos preferidos, aunque los tenores, los barítonos, las sopranos y las mezzosopranos desgranaban las arias de Puccini y los coros de Offenbach, todos excelentes cantantes, la mayoría aún muy jóvenes. No sabemos si la fuerza de esas voces residía en play-backs, o eran productos en "vivo", con alguno que otro micrófono escondido entre la ropa. Todos esos "trucos" modernistas, del arte actual, estaban de tal modo hábilmente escamoteados, que toda la parte cantada se antoja natural, como suelen todavía ser las óperas, aunque la música de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes pertenecía a cintas grabadas. Probablemente lo que más entusiasmaba al auditorio adulto eran las partes operísticas, y tanto los mantenía en tensión que dejaban a sus vástagos en plena libertad de correr de un lado para otro de la gran sala del teatro Insurgentes.

Rara vez nos podemos enfrentar a un espectáculo infantil –o por lo menos que se anuncia como tal– realizado con tanta perfección, y que cuente con artistas de primera categoría, como este Juego mágico. En la mayoría de los casos se considera que los niños son mucho menos exigentes que los adultos y se los puede contentar con muy poco. En el presente caso, cantantes, bailarines, payasos, mimos, acróbatas y actores, todos eran excelentes en sus respectivas especialidades. Tal como reza su título: Juego mágico, tratábase de un juego, aunque no todos estemos de acuerdo que toda la vida sea un juego, como lo pretende el guión del espectáculo. Mas, nos dejamos vencer por ese entrenamiento en el cual participa todo el conjunto; un maravilloso conjunto que actúa, baila, canta y ejecuta juegos acrobáticos y mímicos, en tanto el escenario rodante se va transformando ya en una isla, ya en un abarco que navega, ya en una plaza de toros donde Carmen canta y el torero lucha contra la bestia de terribles cuernos. Juego mágico que también se empeña en enseñar a los pequeños los pormenores de un teatro: un telón, un escenario, luces y tantos otros elementos, que a menudo hasta los adultos ignoran.

Si tienen ustedes hijos pequeños o hijos adolescentes, acompáñelos al teatro Insurgentes las mañanas del sábado o del domingo, y todos ustedes se van a divertir sin necesidad de avergonzarse ante el reproche que le harán los tontos de "tener alma de niño". Es un espectáculo que, como dicen los anuncios, es para chicos de cinco a ochenta años.