FICHA TÉCNICA



Título obra Yankee

Notas de Título Bill / título original

Autoría Sabina Berman

Dirección Abraham Oceransky

Elenco Horacio Salinas, Rocío Flores, Fausto Rocha

Escenografía Abraham Oceransky

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Una nueva versión de Bill (Yankee)” en El Día, 15 agosto 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Una nueva versión de Bill (Yankee)

Malkah Rabell

Hace unos años, creo que dos, Sabina Berman obtuvo un premio nacional por su obra conocida bajo el título de Bill. Desde luego los premios nada significaban, y puesta en escena por el joven director José Caballero en el teatro Granero, fue un fracaso. Actualmente la misma obra, titulada Yankee, volvió a ser montada en el nuevo foro Shakespeare, dirigida por el conocido hombre de teatro, Abraham Oceransky, y es sobre todo, la dirección que llama la atención de un público especializado. Más, al asistir a la representación, quien conoce el drama se da cuenta que Oceransky, como suele hacer con la mayoría de sus montajes, le fue agregando tantas escenas nuevas, que se ha transformado en una nueva versión.

Muy, muy joven, hasta excesivamente joven, ya que fue a los 23 años que escribió su obra, Sabina trató de crear con su Yankee un drama muy ambicioso, el de un psicópata de quien ignoramos hasta el final la verdadera personalidad y el auténtico pasado. ¿Fue o no fue soldado en Vietnam?. ¿Asistió, como lo dice a escenas de torturas ya en México ya en Vietnam?. ¿Es realmente un maestro de inglés que trabajó como office boy en la embajada americana? ¿Tiene algo que ver con la CIA, como pretende el escritor mexicano, Alberto, a cuya casa llegó Bill en calidad de albañil?. La mitomanía cambia constantemente de terrenos en el protagonista y le da diversas máscaras. También la dramaturga se va por las ramas, y en cada escena trata de poner el punto central en distintos personajes, los que por fortuna no son más que tres. Todo ello impide crear un drama fuerte, de una sola unidad y de tensión progresiva. Sabina Berman es una psicóloga profesional, creo que psicoanalista. Las enfermedades mentales son un campo conocido para ella, y construye la personalidad de Bill con mucha exactitud. También hay en la obra algunos elementos interesantes, pero mal aprovechados. Hay una especie de desequilibrio en todos los elementos dramáticos, y la obra resulta monótona, lenta y aburrida. La autora quiere subrayar demasiadas nociones, y el conflicto se diluye, se vuelve caótico. Algunas escenas al final empiezan a adquirir interés, pero ya es demasiado tarde. Y cuando empezamos a despertar de la modorra, se apaga la luz última.

¿El director ha logrado salvar algo del original?. Lo dudo. Cuando una obra carece de vida dramática, ni el mejor director puede salvarla. Es cierto que Oceransky ha logrado imponer al conjunto una mayor sinceridad. La escena cuando Bill habla de la Taylor y de Burton cuando estuvieron viviendo en Vallarta, transforma el episodio en una escena de muñecas, y resulta mucho más divertido que en el original donde estaba como tirada de los pelos. También introduce varias escenas oníricas de recuerdos guerreros que probablemente torturan al protagonista, aunque en realidad nunca estuvo en la guerra oriental. Estas escenas agregan cierto interés plástico y se pude decir que le imprimen una pizca de pimienta y sal. Pero, de ninguna manera le quitan su monotonía, su lentitud y sobre todo esa caótica falta de unidad que tiene el argumento, con su falta de acción y su ausencia de conflicto central.

Los actores, todos muy jóvenes, no tienen la capacidad interpretativa como para imponer mayor ímpetu al espectáculo. Horacio Salinas, en el papel de Bill, se ve que ha sido dirigido con mucho cuidado, y el propio actor ha puesto mucho esfuerzo en realizar ese papel que de por sí es muy interesante, y en manos de un gran actor puede –tal vez– crear uno de esos personajes inolvidables. Horacio Salinas ha sido muy disciplinado en su desempeño y físicamente es muy apropiado para el tipo de "Yankee". Según parece sabe inglés y casi la mitad de su actuación lo hace en ese idioma, lo que a menudo cansa al auditorio que no domina el idioma del vecino país. En cambio en el papel de Rosa, la esposa del escritor mexicano, Alberto, demasiado ocupado por su propia obra como para prestarle más atención a la mujer y a su hijo, Rocío Flores carece por completo de temperamento, y cuando no usa la palabra, se olvida de que se halla en un escenario donde el actor ha de actuar siempre, aunque sea en silencio y en los rincones. Como el marido, el novelista, Fausto Rocha, demuestra bastante capacidad, pero el papel es episódico y permanece poco en el escenario. En cuanto a la escenografía, que pertenece a Oceransky, que siempre ha demostrado mucha imaginación en este terreno, esta vez me pareció bastante pobre y poco funcional.