FICHA TÉCNICA



Título obra Gaspar

Notas de autoría Jacobo Wasserman / autor de la novela Kaspar Hauser; Peter Handke / adaptación teatral

Dirección José Caballero

Elenco María Jiménez, Edgar Liñán, Virginia Valdivieso, Daniel Weinstock

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Handke y Gaspar” en El Día, 1 agosto 1983, p. 24




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Handke y Gaspar

Malkah Rabell

En la Casa de la Paz, en la calle Cozumel, que hace poco fue reabierta, la Universidad Autónoma Metropolitana presenta cada lunes una obra extraña: Gaspar. Se trata del famoso Kaspar Hauser protagonista de la novela de igual título de Jacobo Wasserman, historia de un niño que fue encerrado en un sótano desde su nacimiento, lejos de todo ser viviente y que nunca aprendió a hablar ni a caminar. Un niño que creció en la soledad más absoluta, como un pequeño animal y fue descubierto cuando ya era adolescente, demostrando mucho talento para el aprendizaje de la vida "civilizada".

El dramaturgo austriaco, Peter Handke, relativamente joven, ya que nació en 1942, se apodera del mismo protagonista y rechaza todo el material dramático que semejante historia puede contener –y que ha servido de guión para una película de gran éxito–, y creó una obra teatral con un solo elemento: el habla, el aprendizaje torturante del lenguaje humano que hace el joven recuperado de las tinieblas. El propio autor dice: "La obra Gaspar no muestra lo que Realmente pasa o Realmente pasó con Gaspar Hauser. Muestra lo que Puede pasar con cualquiera. Muestra cómo mediante el habla es posible hacer hablar a cualquiera.La obra también podría llamarse: Tortura verbal".

Y trátase auténticamente de una tortura, no sólo del héroe del drama, sino de todo el público, que tan sólo en el primer acto ha de aguantar una hora y media de una especie de lección de gramática que voces invisibles enseñan al pobre alumno y que éste machaca y machaca, hasta la locura de él y de nosotros sentados en la sala. La mejor manera de comprender lo que este suplicio de 90 minutos significa para el oyente es reproducir unos párrafos publicados en el programa de mano y firmado: "Los apuntadores en Gaspar". "Cada objeto que percibes es tanto más simple cuanto más simple sea la frase con la que puedes describirlo. Tal objeto es un objeto en orden acerca del cual después de una frase corta y simple no queda ninguna pregunta que hacer; un objeto en orden es aquel que se aclara del todo mediante una frase corta y simple; está en orden aquel objeto sobre el cual no haya que contar antes una historia. Un objeto en orden ni siquiera requiere una frase; para un objeto en orden basta la palabra que lo nombre. Las historias no empiezan sino con un objeto en desorden. Tú mismo estás en orden cuando ya no necesitas contar historias acerca de ti: estás en orden cuando tu historia ya no se distingue de cualquier otra historia: cuando ninguna afirmación acerca de ti provoca una negación. No tendrías ya que poderte esconder atrás de frase alguna. La frase acerca de tu agujeta y la frase acerca de ti deben ser iguales excepto por una palabra; a fin de cuentas deben ser iguales palabra a palabra".

¡Lector! ¿Has comprendido? ¡Pues yo no! Tanto "orden" ha puesto mis ideas en completo desorden. No he comprendido nada, ni tampoco quiero esforzarme en comprender. Durante más de veinte años he tratado de explicar toda clase de vanguardismo: Beckett, Ionesco, Gombrowicz, Crommelynck, y Dios sabe cuántos más. Me estuve ahogando en hermetismos necesarios o gratuitos. No quiero más explicar nada, ni quiero comprender nada. ¡Se acabó! ¡Y gracias a Dios las vanguardias ya no están de moda!

El único papel de la obra: Gaspar queda representado cada lunes por otro actor de los cuatro: María Jiménez, Édgar Liñan, Virginia Valdivieso y Daniel Weinstock. El lunes 25 me tocó María Jiménez, y no puedo entender para qué se necesita a una mujer en un papel masculino, cuando hay hombres en la compañía. El joven director José Caballero, tiene una especial inclinación por los expresionistas alemanes. Creo haberle visto ya varias obras de este género. Tal vez lo hace bien. Pero no me interesa escuchar una lección de gramática que levemente me recuerda las teorías ionesquianas, y algunas obras de Ionesco como La cantante calva y La lección donde se queja de la incomprensión que el lenguaje resulta para el ser humano, y que el autor rumano-francés considera una tragedia. Peter Handke parece llevar a cabo uno de sus experimentos para "irritar a los estúpidos burgueses", o como llama su primera obra: Insultos al público. Si pretende irritar, hay que aplaudirlo, lo logra estupendamente.