FICHA TÉCNICA



Título obra El coleccionista

Notas de autoría John Fowles / autor de la novela homónima

Dirección Fernando Larrañaga

Elenco Fernando Larrañaga, Rebeca Jones

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. El coleccionista en su versión teatral” en El Día, 18 julio 1983, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

El coleccionista en su versión teatral

Malkah Rabell

Con el mismo título se conoce una película que según parece tuvo mucho éxito. Como no la vi –en general no suelo ir mucho al cine–, no puedo opinar acerca de ella. En cambio, la versión teatral de la novela del inglés John Fowles, estrenada en México hace unos días por Fernando Larrañaga en el muy incómodo teatrito El Galeón, se nos hizo un poco repetitiva. Su valor oral, en que debe basarse una obra de teatro, no es excesivamente rico, y su núcleo consiste en la historia de un trastornado mental que ha secuestrado a una bella muchacha, no se sabe muy bien por cuáles razones, simplemente porque fue fácil secuestrarla, como es fácil cazar una mariposa y encerrarla en una caja especial clavada por un alfiler en el torso. La misma obra se conoce también como La mariposa desnuda, y los cinéfilos la llaman asimismo El coleccionista de mariposas.

[Párrafo incompleto en el original. N. del e.] pos políticos. La única importancia que Miranda tiene para Clegg es la de ser el objeto de sus sueños, ni siquiera eróticos. Las dos horas de duración del único acto, durante el cual se repiten constantemente las pruebas de liberación que inventa la presa encerrada en un sótano de un viejo edificio histórico, y la facilidad que el secuestrador demuestra para desbaratarlas (soy loco pero no tonto), terminan por pensar, y hasta aburrir al espectador.

Existe también en este texto teatral, en este argumento, algo equivocado. La representación se inicia con dos voces masculinas invisibles: un hombre impide la entrada al viejo edificio histórico a otro que trata de visitarlo por su valor de antigüedad. Enojado, el desconocido jura volver. Durante todo el espectáculo esperamos la vuelta de ese misterioso personaje a quien imaginamos como el salvador de Miranda. Nada de ello sucede. El desconocido nunca vuelve. Por lo tanto, ¿para qué esa misteriosa voz de una presencia invisible, que tal vez involuntariamente desnaturaliza nuestra curiosidad y nuestra espera?

Es hecho bien sabido que una obra teatral basada en la única interpretación de dos actores, exige de éstos una calidad excepcional para sostener con sus esfuerzos todo el peso de la representación. Lo que aquí no responde a las necesidades. Fernando Larrañaga es un excelente actor cuando tiene la oportunidad de actuar entre un conjunto más o menos nutrido de intérpretes, como fue el caso de Los culpables, donde el papel de Larrañaga fue estupendamente interpretado. En el caso de Ciegg, se le exige al personaje un esfuerzo dramático permanente, que le queda excesivo al protagonista, quien se repite y a veces decae. Y el papel puede deslizarse en la monotonía, como lo hace cuando Clegg se pone a llorar. Aún menos apropiada para sostener con su esfuerzo único al personaje femenino, en Rebeca Jones, joven actriz que hace un gran esfuerzo y demuestra capacidad. Pero no es suficiente para sostener un espectáculo, con numerosas escenas de fuertes colores dramáticos, y que además ha sido visto por numerosos espectadores en la pantalla con mayores posibilidades.

Tampoco en su actividad de director, Larrañaga ha podido sostenerse a la altura de sus exigencias artísticas. No sé si el protagonista tiene experiencia en esta última labor. Desde luego, se puede pretender que una pieza de dos personajes, de una sola área de acción y de pocos cambios dramáticos no exige mucha dirección, y un actor es suficientemente idóneo en los quehaceres escénicos para darse abasto. ¡Nada más equivocado! Es precisamente una obra al parecer sencilla que mayores conocimientos directivos exige para no caer en la monotonía. Lo que es el caso en este El coleccionista.