FICHA TÉCNICA



Título obra Los tres mosqueteros

Notas de autoría Alejandro Dumas / autor de la novela homónima; Javier Díaz Dueñas / adaptación teatral

Dirección Javier Díaz Dueñas

Elenco Javier Díaz Dueñas, Alfredo García Márquez, Connie de la Mora, Enrique del Olmo, Rocío Yáñez

Música Javier Díaz Dueñas

Espacios teatrales Teatro Ferrocarrilero

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Los tres mosqueteros: espectáculo mexicano” en El Día, 11 julio 1983, p. 22.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Los tres mosqueteros: espectáculo mexicano

Malkah Rabell

¿Comedia musical, opereta u ópera cómica? Pueden bautizarla de cualquier manera, con cualquiera de estos nombres. ¡Qué importa! Lo principal, lo importante es que trátese de un espectáculo muy gracioso, divertido, simpático. Casi tan divertido como nos parecía la famosa novela de Dumas padre en nuestra infancia, o adolescencia. Ahora estos tres mosqueteros y cuatro amigos, porque no debe olvidarse que cuatro son esos aventureros del amor y de las conquistas audaces y siempre nobles, pues ahora, Arthos, Porthos, Aramis, y sobre todo d'Artagnan el joven y pobre gascón oriundo de Gascoñia, provincia francesa donde abundaban los hidalgos desprovistos de fortuna y a veces hasta del diario sustento, esos cuatro héroes de Dumas suben al escenario en una versión teatral de Javier Díaz Dueñas, quien también es el autor de la música, de la dirección y de la interpretación del joven gascón. ¡Muchas virtudes para un solo creador! Y aunque en semejantes casos uno se siente inclinado a la negación, esta vez no nos queda otra que aplaudir.

La versión de Javier Díaz Dueñas, despliega en el enorme foro del teatro Ferrocarrilero de Tlateloco, a más de 30 actores en diversos personajes, además de cantantes, bailarines y bailarinas. En realidad todo cantan y todos bailan. Hasta Richelieu alza su majestuosa túnica cardenalicia y da pasos de baile nada comunes, que desde luego quitan toda seriedad al personaje, históricamente tan importante, quien, si para Dumas fue un intrigante inteligente, para Alfredo García Márquez, el intérprete, probablemente según la prepotente voluntad del director –resulta más bien un personaje cómico–. Enrique del Olmo, como Athos, deja escuchar esa hermosa voz que le oímos en Cristo Superestrella como figura protagónica. Connie de la Mora en el papel de la Sra. Constanza (que si no mal recuerdo, en la novela es posadera) aquí resulta dama de la reina, que canta y baila además de ser atractiva y nada mala intérprete. El mismo Javier Díaz Dueñas tiene una espléndida voz que pone al servicio de un d'Artagnan muy cómico y muy juvenil (lo que nos hace sospechar que un día de estos el mismo autor nos presentará a un d'Artagnan 20 años después). El único personaje famoso de la novela que falta en la versión teatral, es la sin par Milady. Aunque anunciada en el programa de mano como interpretada por Rocío Yáñez, no la pude encontrar en ninguna parte de las numerosas escenas, ni entre las filas del reparto. Actriz para mi desconocida como lo es la mayoría de los 30 actores. Parece que tanta y tan intensa es nuestra vida teatral actualmente que se hace necesario buscar nuevos refuerzos en áreas de la televisión, del cine o de escuelas de actuación.

Lo más agradable de este espectáculo es sin duda su carencia de play-backs. Música fácil de captar y de recordar, los actores cantan de verdad y no se contentan con mover los labios. Desde luego hay micrófonos colgados y distribuidos por todo el inmenso foro que ayuda a las voces a obtener mayor potencia y ser escuchadas con toda facilidad hasta la última fila. Tal vez hasta escondan los cantantes sus micrófonos en la ropa. Mas, lo importante y lo auténtico para merecer el nombre de género musical, es que los actores no dejan de cantar de viva voz cada noche, y no se contentan, muy descansadamente, con las cintas grabadas en un principio de los ensayos.

Quizá lo más importante de este espectáculo musical, fuera su mexicanidad técnica y económica. Aunque la versión, se basa en una obra francesa de la época romántica (lo que por su fama es una atracción para el público), la música, el guión, el texto teatral, la dirección, la interpretación, casi todo se debe a un esfuerzo mexicano. Y en estos tiempos cuando el país tanta necesidad tiene de divisas, dejar el dinero en el país, en lugar de enviarlo a los Estados Unidos por alguna comedia de Broadway, es una gran victoria, dentro del campo productivo teatral.

Además, lograr esta gracia en todos las áreas artísticas de la representación, es una victoria no menor. Lástima que el teatro del Ferrocarrilero se halla muy alejado del centro de acción artística, el público aún lo conoce poco y se resiste a desplazarse hasta allá. Ojalá en el presente caso el entusiasmo del auditorio sea más fuerte que su resistencia y la temporada pueda prolongarse por largo espacio.