FICHA TÉCNICA



Título obra Traición

Autoría Harold Pinter

Dirección Marta Luna

Elenco Jorge Humberto Robles, Ofelia Medina, Héctor Beacon

Escenografía Alejandro Luna

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Traición; un espectáculo controvertido” en El Día, 15 junio 1983, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Traición; un espectáculo controvertido

Malkah Rabell

La obra Traición, de Harold Pinter, el dramaturgo inglés de mayor discrepancia en su país y en otros de los últimos 20 años, vuelve, como suelen hacer de costumbre sus obras, a dividir la sala. Traición que se presenta en el teatro Reforma, enfrentó la noche del estreno, a partidarios ardientes con los no menos ardientes y convencidos enemigos, entusiasmados unos, y aburridos los demás. A primera vista el siempre hermético Pinter parecía ofrecer una obra bastante simple: la historia de un triangulo amoroso. Sin embargo, los papeles de esos tres personajes en el presente drama cambian. El clásico triángulo por lo general ha sido considerado como formado por marido, esposa y la mejor amiga de ésta. Harold Pinter, el contradictorio dramaturgo, cambia esa figura geométrica de la manera más tradicionalmente inglesa: esposa, marido y el mejor amigo de éste. Es decir, el marido deja de ser el infiel, que engaña a la tierna y hogareña esposa con la mejor amiga de ésta, para dejar ese papel a la esposa, que engaña a su cónyuge con su mejor amigo. El marido lo sabe y muy británicamente conserva la calma y la tolerancia. Más aún, los dos hombres tienen mayor simpatía el uno para al otro, que para la tercera en discordia, la mujer. Una simpatía que se antoja discretamente homoxesual. Y desde luego, como suele suceder en las mejores familias burguesas que se respetan, el amante, Jerry, conserva todo su amor y toda su respetabilidad hacia su esposa legítima y sus hijos.

El sencillo lenguaje que emplea el siempre complicado Pinter, a fuerzas de ser sencillo, extraordinariamente simple, se vuelve complicado. Lo banal se transforma en algo secreto y melancólico. La melancolía de la vida cotidiana donde cada quien busca su modo de hallar la alegría de vivir, aunque tenga por ello que traicionar amigos, parientes y conocidos. ¡Y esta "traición" entre tres, donde cada uno cree engañar al otro y todos saben la verdad, esa "traición" lo es? Quizá la traición lo sea más de lo que parece a simple vista. La esposa cuando ya por fin, admite ante el amante el haber confesado al marido su "engaño", falsifica la fecha de su confesión, lo que cambia toda la relación entre los tres personajes. En resumen: ¿quién traiciona a quién?

La talentosa directora Marta Luna, que desde hace un año, más o menos, falta de los escenarios capitalinos, ella cuya pasmosa actividad dejaba siempre admirados al público, amigos y extraños, ha vuelto con esta obra tan inglesa y cuyo anglicismo subrayó con su ritmo lento y un poco flemático. Este ritmo nos recordaba a Los exiliados, debido igualmente a la dirección de Marta Luna. La especial lentitud y a veces repetición de los diálogos, que siempre contaban con dos participantes, sin jamás recurrir al trío, tenía una especial sugestión. Pinter se imponía con esa secreta fuerza dramática, sin que supiéramos por qué.

De los tres protagonistas del drama, fue excelente sobre todo Ofelia Medina, como Emma, la esposa que traiciona al marido con el amante, y a éste con éste con el marido a quien confiesa su amor extraconyugal quizá celos a la "simpatía" que une a los dos hombres. Ofelia Medina parece lograr bajo la dirección de Marta Luna, una personalidad muy peculiar, más introvertida que en sus demás papeles. Como Robert, el marido Jorge Humberto Robles, actor que no recuerdo en sus otras actuaciones, pero que en Traición logra una perfecta asimilación con su personaje, con su calma, su drama interno y su comprensión hacia el amigo estaba espléndido. Quizá el más frío resultaba Héctor Beacon, en el papel de Jerry. En cambio, aunque actor muy joven, imponía la edad de un hombre maduro en las primeras escenas, "rejuveneciendo" a medida que la obra retrocedía en el tiempo. También lo ayudaba su físico muy anglosajón.

La escenografía de Alejandro Luna en las cuales la obra está dividida. Aunque algunos elementos del montaje molestaban, como este sofá que daba la espalda al público impedía ver con claridad el juego de los actores.

En resumen una representación que conquista al público (o parte de éste) tanto por la obra como por la dirección y la actuación.