FICHA TÉCNICA



Título obra El círculo de tiza caucasiano

Autoría Bertolt Brecht

Notas de autoría Ludwik Margules / adaptación

Dirección Ludwik Margules

Escenografía Alejandro Luna Ledesma

Vestuario Flora Goldberg

Grupos y compañías Grupo Experimental de Teatro de la Escuela Nacional de Arquitectura

Espacios teatrales Auditorio de Arquitectura de la UNAM

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. El círculo de tiza”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 5 septiembre 1965, p. 4.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

El círculo de tiza

Mara Reyes

Auditorio de Arquitectura de la Universidad. Autor: Bertolt Brecht. Adaptación y dirección: Ludwik Margules. Escenografía: Alejandro Luna Ledesma. Diseño de vestuario: Flora Goldberg. Reparto: Grupo Experimental de Teatro de la Escuela Nacional de Arquitectura.

No es posible pasar por alto las contradicciones y fenómenos curiosos que se suceden en los escenarios de nuestro abigarrado ambiente metropolitano. Mientras algunos teatros profesionales caen en la estereotipia, en la superficialidad, debido a su cada vez más evidente devaneo con la taquilla, otros (teatros profesionales) sacrifican todo, llevados por un afán nobilísimo de dar a conocer las obras de altos vuelos de nuestros tiempos (tal es el caso del Teatro Club de Rafael López Miarnau y Emma Teresa Armendáriz y del Teatro de Vanguardia de Alexandro Jodorowsky) y otros teatros procuran tenernos al tanto de los éxitos comerciales de Londres, Nueva York o París, con fastuosas producciones, como las de Manolo Fábregas. Por otro lado están los teatros del Seguro Social, que toman de aquí y de allá las obras del repertorio universal y rara vez mexicano y la presencia en nuestra capital de compañías extranjeras invitadas por el INBA.

¿Pero dónde se gestan los nuevos elementos que han de proveer a los teatros profesionales de actores, directores, escenógrafos, etc.? En los teatros que más que experimentales podrían llamarse “de estudio”. En los grupos estudiantiles que se presentan en el Teatro de la Universidad (antes Arcos Caracol), en el auditorio de Arquitectura de la Universidad, en la Sala Villaurrutia, de la Escuela de Arte Teatral del INBA, especialmente.

El término de experimental se ha venido confundiendo desde hace tiempo tomándose como sinónimo de “estudiantil” o de “no profesional”. Sin embargo, no todos los teatros de estudiantes son experimentales, y sí puede haber teatros profesionales de carácter netamente experimental (como el teatro que realizan Alexandro Jodorowsky y Juan José Gurrola y que son profesionales y a la vez experimentales), o sea que podría decirse de los grupos experimentales que “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.

Y hago hincapié en esto para subrayar el hecho de que la dirección escénica de Ludwik Margules de la obra de Bertolt Brecht El círculo de tiza caucasiano sí constituye un experimento, no por ser estudiantil, sino porque hasta la fecha en México no se había logrado encontrar la forma teatral idónea para representar las obras de este autor, sin que se estableciera un choque, en lugar de un acuerdo con el público de la idiosincrasia del nuestro.

Ni La excepción y la regla ni Madre valor (cada una dentro de las proporciones en las que se presentaron) logró la integración entre representación-público, tan afanosamente deseada por Brecht. (No vi El alma buena de Sezuan que se puso en la Casa del Lago). Dejo fuera Terror y miserias del Tercer Reich que escenificó espléndidamente el grupo Teatro Club, debido a que fue una representación enclavada más dentro del teatro ilusionista que de la concepción antilusionista de Brecht.

Por eso llama la atención la dirección de Ludwik Margules, porque él (sirviéndose de estudiantes de arquitectura), ha logrado dos de las metas de la teoría brechtiana: la del “distanciamiento” entre el público y el héroe (no el actor, entiéndase) y la de la sorpresa. Margules deja al descubierto los valores estéticos de la obra y consigue que el público tome una posición respecto de la acción que representa, una acción que va en contra de toda la tradición mexicana de la “madre abnegada”.

Muchos son los aciertos técnicos, como el de la iluminación y el de subrayar el símbolo “círculo” haciendo que la mayoría de las escenas de la obra sean representadas por medio de movimientos circulares (los personajes mientras dicen sus parlamentos, van caminando en círculo) y otros, que dan a la escenificación un carácter verdaderamente experimental de gran calidad.