FICHA TÉCNICA



Título obra Eurídice

Autoría Rafael Degar, Eduardo Borbolla, Rafael Pimentel

Dirección Rafael Degar, Eduardo Borbolla, Rafael Pimente

Elenco Rafael Degar, Eduardo Borbolla, Rafael Pimentel, Carolina Padilla

Escenografía Arturo Nava

Espacios teatrales Teatro Legaria

Referencia Malkah Rabell, “Se alza el telón. Eurídice: pantomima surrealista” en El Día, 18 mayo 1983, p. 24.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

Referencia Electrónica

El Día

Columna Se alza el telón

Eurídice: pantomima surrealista

Malkah Rabell

Lo anuncian como "Imágenes de una crónica inconclusa", título sugestivo que no deja de ofrecer sus realidades, ya que ese espectáculo es muy distinto a la pantomina convencional. Más bien se antoja llamarlo: "drama sin palabras, basado en imágenes surrealistas". Surrealismo que aparece sobre todo en la escenografía, muy hermosa, debida a Arturo Nava, con sus detalles oníricos, con sus puertas que se siguen una a la otra, y sus ventanas que se abren sobre lejanías misteriosas.

Esta pantomima de nuevo tono, no ofrece las mismas posibilidades de lucimiento para el mimo que la pantomima convencional. En cambio, aquí las imágenes expresan cierto drama, cierta acción, cierto argumento, debido todo ello a una colaboración, a una dirección y dramatización colectiva de tres mimos ya bien conocidos en el arte de la actuación sin palabras: Rafael Degar, Eduardo Borbolla y Rafael Pimentel. Los dos primeros hicieron parte de un excelente trío, llamado Tres, y Rafael Pimentel se dio a conocer y supo entusiasmar más de una vez con sus espectáculos que aunaban pantomima, palabra, música, danza, comicidad y tema, presentados como espectáculos. Reunidos Pimentel, Degar y Borbolla, esta vez tratan de crear algo completamente nuevo.

Desde luego el público mayoritario aun desconoce los secretos de este trabajo experimental: un drama sin palabras, y que sin embargo resulta fácil de entender, ajeno a todo extravagante hermetismo: Historia de tres científicos. que tratan de crear la vida de la materia inmóvil. Historia que nos recuerda un poco la de Frankenstein. Pero el ser que entregan al soplo de la vida esos tres experimentadores, el ser que despierta del sueño de la materia, nada tiene de un "Golem" frankensteiniano. Es una mujer hermosa y joven, Eurídice, de la cual, como dice Rafael Degar: "Estamos enamorados como Orfeo. La hemos buscado por un camino por demás accidentado. La hemos asido con el rigor ofuscado de la imaginación. Hemos luchado por ella y lamentablemente la hemos visto surgir como una gestalt, implacable en la suma de sus partes".

La "Eurídice" creada por los tres mimos, sacada de las tinieblas de la nada, es una joven indefensa y lastimera, que aprende apenas a caminar, atada a un aparato especial. Y cuando aprende a dar sus primeros pasos, queda atada a otro aparato que la hace respirar, ligada a esa cadena como a un cordón umbilical en el vientre de su madre, del cual vanamente tratan de liberarse. Y no obstante su precaria existencia, ya desea libertad, ya desea el amor, que ella entrega a uno de sus tres creadores. Y quien sabe por qué misteriosas fuerzas termina por liberarse de esa cadena que la ata a una vida que no deseó, que no eligió. Se libera y desaparece. ¿Qué sucederá con esta figura a medio viviente? ¡La crónica queda inconclusa!

De por sí el teatro es una creación colectiva, pero donde, como en una orquesta, cada uno toca un determinado instrumento. En esta obra, los tres mimos han trabajado en torno de un instrumento único, en torno de un personaje. Han tomado a una joven actriz, creo que principiante, Carolina Padilla, a la que llamaron Eurídice, como la clásica amante de Orfeo, y han tratado de desarraigarla por completo de la pantomima tradicional. Han entregado un gran amor y un esfuerzo disciplinado a su labor colectiva, aunque, me imagino, que cada uno de esos tres protagonistas ha sido creado por su propia imaginación, por lo menos en parte. Ese invento de la pierna coja de Degar, sostenida por una mano enguantada de cuero negro, ha sido un detalle especialmente llamativo. Mas, lo que mejor lograron en su esfuerzo colectivo, fue la creación de "Eurídice", de ese extraño personaje, que permitió a una joven principiante transformarse en una intérprete dramática muy digna, en una casi bailarina, que pudo imponerse como el centro del espectáculo, tal como lo exige el título.

Lástima que este interesante espectáculo experimental, bajo los auspicios de la UNAM, no pudo llamar la atención de un más amplio auditorio. El teatro Legaria, que pertenece al Seguro Social, es bello y funcional. Pero su alejamiento del centro y de todo lugar de actividades artísticas, impide acudir a un público habituado a las funciones teatrales en mayor número. Esperemos que el próximo paso de Eurídice al teatro Santa Catarina atraerá a un auditorio más amplio.